Es innegable que el alma se inunda de una profunda gratitud hacia aquellos seres excepcionales que, despojados de cualquier interés egoísta, tienden una mano solidaria a quien transita por la necesidad. Para nosotros, los viajeros ávidos de asombro, el descubrimiento de enclaves mágicos como Pandora inflama nuestras expectativas. Sin embargo, cuando el destino nos obsequia con una joya aún más singular, un remanso de encanto anidado en la proximidad de ese edén terrenal – y me refiero al Hotel San Felipe –, este se erige como el santuario predilecto para quienes buscan La quietud reparadora en la abrazo de la naturaleza y la reconfortante calidez humana que Sandra, su dueña, junto a su familia, generosamente ofrecen a sus huéspedes. Ya sea para completar un proceso de sanación personal o, simplemente, para aquellos espíritus viajeros que anhelan atesorar lugares maravillosos en su bitácora de experiencias, estoy convencido de que este hogar desinteresado constituye el complemento ideal para cada travesía. Un universo de gracias por las valiosas lecciones compartidas. ¡Un fuerte abrazo desde...
Read moreCumple con las expectativas, la señora Sandra es muy quería y cocina delicioso....
Read moreExcelente servicio, calidad humana y ayuda. Es un servicio 100%...
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