Sitio estupendo al lado del canal de Castilla en una antigua fábrica de harina. De la comida lamentablemente no podemos decir lo mismo.
Fuimos en familia. Ya desde el principio empezamos regular: A pesar de tener reserva y estar nuestra mesa preparada desde hacía rato (llegamos unos 10 minutos mas tarde de la hora que acordamos en la reserva), nos hicieron esperar en barra unos 10-15 minutos por tener el comedor lleno y estar desbordados por la situación.
Pedimos tres entrantes para compartir y un principal cada uno. El tiempo de espera desmesurado, además de servir los entrantes uno a uno, con un tiempo de espera de unos 15 minutos entre plato y plato... inaceptable. Además, la comida llegó fría a la mesa. El calamar tuvieron que llevárselo de vuelta para calentarlo, la morcilla llegó fría (se reseca si no la comes recién frita y no es agradable, justo lo que nos pasó) y las croquetas a pesar de estar la bechamel buena, tenían tacos de jamón grandes difíciles de masticar.
Con los principales, mas de lo mismo: Pluma ibérica incomestible y seca, un filete de lomo alto que, aunque la carne era buena, estaba muy pasada, como si estuviese cocida (a pesar de haberme preguntado que como la quería y responderle que al punto). Luego nos dijeron que la carne la cocinan 'a baja temperatura', de ahí el tener la sensación de que estaba como cocida. En mi opinión, cuando en carta anuncian un filete de lomo alto de vaca, no me espero el filete cocido, sino sellado y a la plancha/parrilla. Además, si te preguntan por el punto de la carne, así se sobreentiende. Habrá a quien le guste la carne cocinada a baja temperatura, pero no es lo habitual y en mi opinión deberían especificar e informar del estilo de cocción, o bien en carta o bien cuando el metre toma nota de la comida, pues de haberlo sabido habría cambiado mi elección. Luego también pedimos unos ravioli de espinacas que si que estaban aceptables.
Para colmo, pedimos los cafés para tomarlos en la terraza a orillas del canal, a sugerencia del camarero. Tras 15 minutos esperando y los cafés sin venir, nos levantamos renegados para ir a la barra, pagar la cuenta e irnos (cuando llegamos a la barra justo estaban preparando los cafés y al final los tomamos allí de pié)
Tengo que decir que el servicio de mesa EXCELENTE, serviciales, amables a más no poder, y en todo momento pendientes de que no faltase nada... Pero claro, poco pueden hacer si el problema viene desde cocina y sobre todo de gerencia, ya que se ve que no están preparados para servir tal número de comensales a la vez y les supera la situación, y eso que el local tenía unas 10 mesas, no más.
Al irnos, expusimos al personal todo lo que estoy contando aquí. Con personal me refiero a los que nos habían servido la mesa, que, sin tener culpa absolutamente de nada y haber desarrollado su labora de una forma impecable, estaban allí disculpándose y pasando la situación como podían y aceptando una culpa que en absoluto era suya, pues la gerente del lugar estaba por allí, pero escondida y ni se paró con nosotros ni nos dirigió siquiera la palabra, a sabiendas de que estábamos mostrando nuestro malestar con la experiencia que habíamos tenido. Terminaron invitándonos al café, al darse cuenta de cómo nos había ido. Al menos un detalle.
En resumen: ideal para ir a tomar algo, ya sea un café, un vino o una caña en su terraza o en su zona "chill-out", pues es muy agradable. Para comer, dudo muchísimo que volvamos. O cambia la dirección/gerencia del lugar a mejor, o lamentablemente no le auguro un...
Read moreMi marido y yo queríamos hacer una pequeña escapada para pasar un fin de semana de descanso y buena comida fuera de la ciudad y unos amigos nos recomendaron esta joya de hotel en el medio del campo palentino. Un acierto total!!! La habitación era espectacular, dormimos en el más grande de tres dúplex que tienen (son solo 10 habitaciones en total) con zona de estar, bañera redonda enorme en el medio de la habitación, cama también enorme y super cómoda, todo muy moderno y limpísimo, pero con vigas de madera antiguas y una luz preciosa por los ventanales que crean un ambiente muy romántico y hacen perfecto el vínculo entre lo nuevo y lo antiguo. Los dueños Katrin y Fernando nos hicieron una pequeña visita guiada por la parte de museo del establecimiento, que hasta los años 70 se usaba como fábrica de harinas al lado de una esclusa en el Canal de Castilla. Me pareció muy interesante la historia del lugar y nuestros anfitriones se volcaron personalmente en cada momento en que nuestra estancia fuera una experiencia 10. Por la tarde hicimos una pequeña excursión en barco pedal, dimos un paseo por el pueblecito y a lo largo del canal y después nos tomamos el “sundowner“ en la zona exterior del Chill-out del hotel, que se encuentra justo al lado del canal con unas vistas preciosas a la esclusa, al jardín y a los árboles que rodean la Fábrica y hacen que este sitio sea un pequeño paraíso en el medio del campo. A mediodía habíamos comido una exquisita trucha palentina sobre cama de verduras y unas riquísimas patatas cocidas y para la cena elegimos un menú de degustación fabuloso del que destacaron el tiradito de corvina, las habas y la panna cotta, todo acompañado de unos vinos recomendados por los dueños de la casa y que no dejaron de sorprender gratamente. Y después de tanto relax y buena comida el descanso - ya he comentado la cama cómoda, pero además con el increíble silencio del lugar sólo puedo decir que no he dormido tan profundamente en mucho tiempo! Total, el alojamiento, el restaurante y el servicio nos han proporcionado una experiencia redonda e inolvidable que vamos a...
Read moreAntigua fábrica de harina reformada con gusto (sin terminar), enclavada en un hermoso paraje junto al canal de Castilla. Tiene dos agradables terrazas unidas por una compuerta del canal que hece de puente. El interior es muy agradable, decorado con maquinaria antigua propia de la fábrica. Después de la primera impresión, y otras criticas consultadas, la expectativa era alta, pero siento tener que decir que la comida ha sido una decepción. Menú del dia del padre. 39€ coctel poco conseguido con ron y alguna otra bebida alcohólica, canela en rama y puding de manzana sobre el hielo que quedaba desintegrado, aunque de sabor suave. Bebible. Trufa de morcilla, ligera, rica. Carpaccio de pulpo, hecho de pulpo cocido fileteado muy fino. Rico y escueto, pero no carpaccio. Canelón de rabo de toro, flojo, soso. Bacalao con alioli de ajo negro, sabroso, bastante rico, y bastante pequeño. Postre casero y rico, brownie con helado de mandarina. La atención ha sido atenta y amable, pero la espera entre platos muy larga, han cambiado el orden del pescado y la carne, me han servido una copa de vino y en el resto de mesas, con el mismo menú, la han dejado. Hemos tenido que reclamar tres o cuatro veces una ensalada de lehuga. El niño, de cinco años, ha elegido un filete con patatas, pequeño pero rico, se ha quedado con hambre y ha pedido después escalopines, de la carta ambos. Tambien se han olvidado del detalle que anuncian con el menú, que es lo de menos, pero va acorde con todo el servicio. Regular, de buen trato, pero comida demasiado larga para un menú especial ya preparado, bien presentada, pero floja y de raciones cortas. Mejorable. Puede que estuvieran algo desbordados... Seríamos unas 25 personas en el comedor. Volveremos a probar mas adelante, quizá, pero no llevaremos a nadie de momento.
La carta es corta y con precios medio altos, que para las raciones y elaboración que hemos visto parece caro; entrantes a partir de 15€, solomillo 29€... creo recordar. Las terrazas, sin barandillas, son peligrosas...
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