“Del arte de comer con deshonra en el polígono del espanto”
Con el cuerpo molido de fatiga y el alma hambrienta de consuelo, emprendimos aventura hacia un paraje que ni Dante en sus círculos osó describir: el polígono de Cabanillas del Campo, hediondo y más sucio que confesionario de usurero. Allí, entre naves de metal y rótulos deslucidos, se alzaba el templo del desencanto: Las Tinajas —aunque más bien parecían cubos de basura mal disimulados.
A la entrada, ni Cristo ni camarero, sólo una barra desierta como honestidad en corte real. Tuvimos que importunar como acreedor a moroso hasta que, por caridad más que por cortesía, se nos indicó que el salón reposaba en las alturas. Subimos, pues, las escaleras como mártires al patíbulo, y al franquear la puerta, hallamos un páramo gélido más propio de invernadero de focas que de recinto para humanos. Los pocos comensales, cuatro almas en pena desperdigadas, tiritaban como vírgenes en el infierno.
Con estómago vacío y esperanza menguada, dimos inicio al sacrificio. De primero, una paella que más bien era osario: almejas sin carne, pollo con más hueso que honra tiene un cortesano, y arroz que lloraba su falta de gracia. Mi compañero, temerario y sin temor a la muerte, pidió un plato de polvo de ajo con champiñón de lata, probablemente cosechado cuando Franco aún jugaba al escondite.
Mas no contentos con este ultraje, abordamos los segundos. Pedí salmón a la mantequilla, aunque sólo vino el salmón, y tan seco que podía usarse de esponja abrasiva. Lo acompañaban cinco tristes patatas congeladas, colocadas como si las hubiese arrojado un niño ciego, y una ensalada tan mustia que parecía haber sido recolectada por monjes cistercienses en época de peste. El tomate, que en el mundo suele ser noble, en este plato lloraba vinagre desde su pulpa: ya avinagrado de cuna.
Del postre... ¡ay, del postre! Un contesa de esas que hacen patria en los congeladores del infierno, dura como la moral del clero y tan industrial que parecía haber sido fabricada por el mismo demonio en la cadena de montaje. Las natillas, por su parte, revivieron a mi abuela de su descanso eterno, sólo para que pudiera maldecir al cocinero con justicia celestial.
Y así, concluyó nuestro suplicio. Lo mejor de la cena fue, sin duda, la huida. Salimos por donde entramos, mas no como hombres saciados, sino como supervivientes de una guerra sin honor.
Veredicto final: Restaurante Las Tinajas: donde el hambre no se sacia, el paladar se suicida y el alma suplica por el olvido. No es comer... es una penitencia sin...
Read morePésimo poca cantidad mal cocinado poca variedad etc solo tienen tres primeros y tres segundos de primero pedir judías verdes venían deshechas echas un pegote de segundo pedía atún un trozo pequeño que cabía en la palma de la mano mal cocinado y requemado sí el sitio es barato pero no merece la pena 8.50 € primero segundo y café sin postre pero es preferible que te cobren 11 € y te pongan de comer en condiciones nada recomendable no es un sitio al...
Read moreHe comido de menú y la verdad el o la cocinera no se nota que ponga el alma en su trabajo ( así vale y ya esta) La comida un poco escasa De segundo dos muslitos de pollo con salsa ( eso sí para rellenar muchas patatas fritas) y de primero berenjenas fritas con miel (pero que vamos ha volcado el bote de miel a quien caiga y vale) el trozo que berenjena que no estaba debajo del bote mala...
Read more