RUGE: La arrogancia servida en plato frío
Venir a RUGE es como apuntarse voluntariamente a una clase magistral de cómo arruinar una experiencia gastronómica desde todos los ángulos posibles. Es un restaurante que se construye sobre el humo del marketing, la estética del entorno natural (que no les pertenece) y una promesa vacía de excelencia. En realidad, lo que ofrecen es una decepción de lujo, bien envuelta, y servida con retraso.
Reservamos con ilusión. Y nos encontramos con una espera interminable, descoordinación absoluta y un personal completamente superado. Una hora sin ver una bebida. Pedimos pan: tardó lo indecible, y para rematar la jugada, lo cobraron a precio de delicatesen de aeropuerto internacional. Si uno cobra precios de alta gama, que al menos aspire a ser funcional, ya no digo excelente.
La cocina… qué decir. Comida mediocre disfrazada de sofisticación. Productos mal tratados, platos servidos sin orden, técnicas mal ejecutadas y combinaciones sin gracia ni sentido. El arroz era tan malo que me hizo dudar de mis papilas gustativas. ¿Y la carne? Una estafa con patatas: literalmente. Más de un kilo de patata para “adorno” y una pieza de carne impuesta, sin posibilidad de elección. En serio, ¿quién toma estas decisiones? ¿En qué momento pensaron que eso era aceptable?
Y lo peor, lo verdaderamente imperdonable: la actitud. En vez de reconocer errores o simplemente escuchar, te miran con suficiencia. El chef se molestó porque me atreví a decirle que el arroz era malo. No me gritó, no insultó… pero su desprecio se podía cortar con cuchillo. Y el equipo de sala, cuando se les expone una crítica razonada, se lo toma como una ofensa personal. Nadie gestiona nada. Nadie mejora nada. Aquí, el cliente está para pagar y callar. Y si no, mala suerte.
Nuestras abuelas creían en el poder de una buena mesa. Un plato honesto, un trato amable, una experiencia con alma. RUGE no ofrece nada de eso. Solo postureo, desorganización y altivez.
RUGE no es un restaurante, es un recordatorio de que el envoltorio nunca justifica el contenido. Un sitio donde todo está diseñado para impresionar, pero donde nadie se toma la molestia de hacerlo bien. Me parece una pena. Y una estafa.
No volveremos. Y tú, que estás leyendo esto: si decides ir, que sea bajo tu propio riesgo. O mejor aún, no vayas. Tu tiempo y tu...
Read moreHay lugares que uno visita por la comida y otros, como Ruge Restaurante, que uno recuerda por lo que podría haber sido. Enclavado en un paraje natural absolutamente espectacular, rodeado de árboles, pájaros y un silencio sereno, este restaurante tiene todos los ingredientes para ofrecer una experiencia inolvidable. Y lo consigue. Pero no por las razones adecuadas.
Desde el principio, el servicio nos dejó claro que aquí las normas las pone el absurdo. ¿Querías ver la carta en la terraza? Ingenuo. Las cartas no salen al exterior, como si fueran Gremlins bajo la lluvia. El pan, solicitado al inicio de la cena, llegó con tanta calma que ya habíamos cenado. Aun así, lo intentaron cobrar, quizás como concepto artístico: “el pan que no llega”.
Mención especial para el platillo de frutos secos: cuatro almendras y media, un cacahuete tímido y una nuez solitaria en un cuenco de tamaño olímpico. Pedimos otra ración por pura curiosidad científica. Aún la estamos esperando. Quizás se cultivan allí mismo.
La comida es un ejercicio de fe. Las croquetas, lo admitimos, estaban muy buenas. A 25 euros la ración de ocho, nos dio para degustarlas… y valorarlas como si fueran joyas de Fabergé. La ensaladilla rusa, en cambio, tenía la personalidad de una piedra pómez: patata dura, sabor insípido y textura dudosa. Pero eso sí, a 19 euros la cucharada compartida. La “marinera” —una galleta con ensaladilla y una anchoa encima— merecería una exposición de arte contemporáneo. Cinco euros la pieza. Conceptual.
El chef, recién estrenado en el cargo y entusiasta del contacto humano, salió a saludarnos. Le agradecimos el gesto, y, con educación, le comentamos que la ensaladilla no nos había convencido. Su respuesta fue tan reveladora como definitiva: “Es mi receta”. Claro. Lo que faltaba era nuestro paladar.
Ruge es un restaurante que ha apostado todo al escenario y ha olvidado que también hay que cocinar. Y servir. Y cuidar al cliente. Tiene el tipo de entorno que haría magia con un menú humilde pero honesto. En cambio, se ha enfundado el disfraz de alta cocina sin tener aún ni el guion ni los actores.
En resumen, si lo que buscas es un paseo por la naturaleza, este es tu sitio. Si esperas comer bien, mejor sigue caminando. Puede que encuentres un chiringuito con menos...
Read moreResumiendo. Una auténticas estafa. El pescado del día, cocinado de más, o sea seco, y a 110 euros el kg. La carne, incluyen el peso en el hueso y lo magnifican. O sea pides un kg y te traen 500 gr. 360 euros en definitiva por dos godellos, un pescado seco, medio kg de carne, sin postres y una ensalada de tomate para compartir. La ensalada con 8 trozitos de tomate de lo más vulgar, y la marinera con mahonesa de bote. Por otro lado, prefiero no mencionar el trato. Chulesco, prepotente y degradante. Llevan poco abiertos y sin duda se hundirán. No es lugar para un sitio con pretensiones, ni las pretensiones coinciden con lo ofrecido
Estimo debo aclarar mis comentarios respecto al personal
Asesorado por la encargada profesional en vinos, procedo a elegir un blanco de Godello. Le felicito por la sugerencia haciendo hincapié en que me gusta lo seco que resulta. Me corrige aseverando que cualesquiera entendidos en vinos jamás considerarían al Godello un seco sino semiseco. Independiente de lo erróneo de su criterio, entiendo que no se le ha de llevar la contraria a un cliente satisfecho
Pensando que platos compartir para cuatro, pregunto acerca del peso de los cortes de carne. Me indica la encargada de tomar nota, que disponen de diversos tamaños. Cuando indico mi opción por una pieza en torno a un kilo, me indica que sus clientes no piden piezas inferiores al kilo novecientos. De nuevo menospreciándome como comensal
Cuando al final la comida, el chef se dirige a la mesa a preguntar si todo ha estado de nuestro agrado, comienzo llamando la atención sobre lo sequisimo del pescado. Sin ofrecer disculpa alguna, lo primero que hace es indicar que “ya ha oído de mí”. Interpelo al efecto. Tras una controvertida dialéctica, sin respuesta por su parte, me pregunta: “a usted que le pasa”, aludiendo figuradamente a mi estado mental
Lo arriba expuesto explica haya calificado de chulesco y prepotente el comportamiento del personal, y degradante para el comensal. Y no ya solo por el referido contenido sino por la altivez a la hora de...
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