Te levantas un sábado con ganas de hacer 110 kilómetros por angostas carreteras para ir a comer a uno de los más bonitos y pequeños pueblos de Madrid, La Hiruela, ejemplo de arquitectura llamada “negra” por estar compuesta de lajas de pizarra de ese color. Su paisaje y su arquitectura, por si misma, es justificante suficiente para llegar hasta allí. ||Para comer se había reservado mesa en el único restaurante que queda en el pueblo y que regenta Ignacio Merino quien, a la vez, es el propio alcalde de ese municipio de no más de 50 habitantes censados. Su restaurante CASA ALDABA… y bien podían poner una en cada mesa para poder llamar y ser atendido.||Al entrar te sorprende un pequeño y coqueto comedor, bien colocado en un espacio encajado entre lo que fue un antiguo pajar y grandes bloques de piedra de la zona. Ambienta una chimenea acristalada con un hogar encendido que da calidez y sosiego al comensal y al comedor, lástima que la chimenea se apagase a la media hora y nadie fuere capaz de volver a encenderla, por lo que se terminó la comida con los abrigos puestos y con frío. ||No están mal vestidas la meses, si no tenemos en cuenta los bajo platos que son como bandejas de cristal de microondas y no tienen función alguna pues no te van a cambiar el plato ni el cubierto en toda la comanda.||Pedimos una cerveza y la carta de vinos. Había un gran contraste, de la cerveza solo te ofrecen dos variedades; y la carta de vinos, extensa y densa para el sitio, ya te advierten que no todo lo que aparece en la ella lo tienen. Pues, si no lo tienes, quítalo. La carta de vinos está confeccionada a mano en un mamotreto de difícil manejo y, al pie de cada página, advierte que no se incluye en el precio el IVA. Bueno, está bien advertirlo, pero sería mejor que figurase el precio con el IVA incluido, al fin de cuentas uno va a comer y no a hacer números. ||La primera pifia llega con el descorche del vino, no, no pedimos un sommelier, no hace falta, pero si tratar el vino, el producto, como se merece. Se pidió un Pago de Cirsus Vendimia 2016 (crianza), que en el mercado está a unos 8 euros y en la carta estaba a unos 12, más IVA, claro. No está mal el precio de carta. Pero no se puede venir con el vino como si fuere un coctel en agitación y, una vez abierta la botella no ofrecerla a catar y dejarla en la mesa, una vez abierta, con el corcho puesto. La camarera no debía ser muy ducha en las artes del descorche. Pedimos tres copas que limpiamos nosotros con las servilletas, estaban salpicadas de gotas secas de agua. Que habíamos perdido toda esperanza con la camarera, a la que se le notaba muy mucho que no era su mundo la hostelería.||Te ofrecen una carta con menú a 25 euros por persona, bebida aparte, y los menús son “por persona”, que no vale eso de hacer trampa y un menú para dos. Éramos cuatro y optamos por tres entrantes para compartir y dos segundos para compartir dos a dos. ||El primer entrante fueron alcachofas en flor con olivada. Pero, ¿cómo es posible que siendo cuatro comensales se pongan tres alcachofas? Y, además, siendo ese producto, en origen, amargo y que hace amargar cualquier bebida que tomes con él, acompañarlo con una olivada también amarga; olivada que venía en un pequeño cuenco o cocha cerámica dentro del propio plato que contenía las alcachofas. Hombre, si ponéis cuatro y lo avisáis y cobráis un poco más, sería un buen detalle; excelente si no lo cobráis. Pero claro, sorteamos quién no comía alcachofa, aunque una mente caritativa las dividió y todos las probamos. Bien, solo bien, sobrando la olivada. Tampoco vinieron unos cubiertos con el plato para servirnos y tuvimos que emplear los propios de uno para servir a los restantes comensales. En fin, había confianza. ||El segundo, huevo a baja temperatura con boletus y hojaldre. Difícil de explicar lo que se nos sirvió: efectivamente había un huevo, más escalfado que hecho de otra forma, de yema amarillita clara que dejaba ver su procedencia del mercado, cuatro tozos del tallo de boletus de conserva, pues es impensable encontrar boletus frescos en estas fechas; tres trocitos de un hojaldre duro, que eran como los cuernitos de un pequeño croissant , y una verdura verde, que bien podrían ser tirabeques, pero no lo definimos con exactitud. Esto para cuatro. Y tampoco vinieron unos cubiertos con el plato para servirnos y vuelta a utilizar los propios para servir a los compañeros. El plato de sabor no estaba mal, pero muy vulgar en su presentación y en sus productos.||El tercero, caparrones guisados. Los caparrones son unas judías rojas muy de la zona de La Rioja, donde las preparan con parte del marrano de una forma excelente y también, en algunos sitios con verdura. A nosotros nos pusieron un cucharon en un plato con una especie de guiso, que más sabía a lentejas que a otra cosa, y unas diez o doce de estas judías, todo ello coronado con unas migas de morcilla colocadas encima, como una cucharada sopera, que no aportaba al plato nada. Pero lo peor vino al probar y ver que estaba frío, y no decimos templado, no, frío. En un sitio como ese, donde ya teníamos los abrigos puestos por el apagón de la chimenea, no se puede servir esa especie de guisote en un plato tan frío que hizo que la comanda se enfriase. Lo dices y no parece gustar mucho. Lo devuelven templado.||Por fin nos cambian platos y cubiertos. Y dos comensales se piden lomo de bacalao fresco con verduras, a los otros dos, el propietario y fuera de carta, nos ofrece chuletón de vaca vieja de la zona. Es de agradecer que no lo vendiera como buey. Veamos cómo fue.||El bacalao fresco pasable pero muy escaso, era medio lomo, con un poco de verduras salteadas, y un “puñado” de canónigos, que debieron pasar por allí y fueron agarrados al vuelo. Todo comestible, sin ser malo ni excelente.||La carne, para los otros dos comensales, se pidió “al punto”. Y si, lo reconozco, que pedir una carne “al punto” es una putada, pues existe todo un tratado de que es eso. Hacer la carne pasada y seca, es solo cuestión de tiempo de parrilla; dejarla cruda es cuestión de menos tiempo; y hacerla “al punto” es cuestión de saber, y aquí, no sabían. Tu producto es carne de vaca vieja, bien oreada y con fuerza en sus fibras, para dejarla como se pidió debía de venir tostada por fuera y roja/rosa por dentro, pero sin sangrar. El “punto” no es de cruda. A nosotros nos llegó poco hecha fuera y cruda por dentro. Además, no se nos presentó el hueso del chuletón, aunque si el término del mismo que no debieron poder quitarlo; y la carne no vino fileteada sino trinchada. Se acompañó de unas patatas gratinadas y otro mogollón de canónigos. Que pensamos que las bolsas de semejante producto debían de estar en oferta en el mercado de la zona. Por la carne cobraron 36 euros, no los merecía.||De postre tienen cuatro en la carta, dos de ellas “especiales”, una tarta de queso y un tartín de manzana, que los venden como caseros y no dudamos de que así sea. Pero ¿me quieren explicar que puñetas hacía una especie crema pastelera o nata diluida debajo del tartín y de la tarta de queso? La tarta de queso no dice nada, incluso pensamos estaba hecha con requesón, aunque esto no podemos aventurarlo; y el tartín, si hubiere hecho sobre la marcha, como en muchos otros sitios que te lo pregunta al tomar la comanda si lo quieres o no, no nos hubiere producido la sensación de tomar un trozo de tarta del día anterior.||Ante el colmo de despropósitos, especialmente con el servicio, decidimos ahogar las penas en dos carajillos de coñac. Y vino el remate. ¿Qué es lo peor que puede pasarte en un restaurante? Que te vayas sin haberte servido lo que has pedido. Después de pedir los carajillos tres veces y esperar 40 minutos, pedimos la cuenta, 130 euros, y nos marchamos sin los carajillos. La excusa es que hay momentos que se le junta todo. La realidad, doblan mesas y los carajillos sonaron a sobremesa.||Querido Ignacio, así no. No puedes trabajar por la inercia de que se llenan los fines de semana porque no hay otro sitio. Ya han cerrado dos en tu zona, tú serás el tercero si no cambias. Cocina sin tantas pretensiones, no inventes, solo inventan los genios y no los sois, y mira a tu alrededor, que han hecho los demás para llegar a cerrar y que estás tú copiando de ellos. Entre tú y Cristina, la cocinera, debéis de poner algo de orden en esa carta y forma de presentarla.||Nos fuimos de la zona tristes y desilusionados, recordando aquellos bares de antaño, cuando se llegaba a esos pueblos negros por pistas y caminos de tierra, y donde, en la absoluta penumbra con un mantel blanco de papel como único lujo, te servían unas patatas fritas con huevos y chorizo que te hacían tocar la...
Read moreTe levantas un sábado con ganas de hacer 110 kilómetros por angostas carreteras para ir a comer a uno de los más bonitos y pequeños pueblos de Madrid, La Hiruela, ejemplo de arquitectura llamada “negra” por estar compuesta de lajas de pizarra de ese color. Su paisaje y su arquitectura, por si misma, es justificante suficiente para llegar hasta allí. ||Para comer se había reservado mesa en el único restaurante que queda en el pueblo y que regenta Ignacio Merino quien, a la vez, es el propio alcalde de ese municipio de no más de 50 habitantes censados. Su restaurante CASA ALDABA… y bien podían poner una en cada mesa para poder llamar y ser atendido.||Al entrar te sorprende un pequeño y coqueto comedor, bien colocado en un espacio encajado entre lo que fue un antiguo pajar y grandes bloques de piedra de la zona. Ambienta una chimenea acristalada con un hogar encendido que da calidez y sosiego al comensal y al comedor, lástima que la chimenea se apagase a la media hora y nadie fuere capaz de volver a encenderla, por lo que se terminó la comida con los abrigos puestos y con frío. ||No están mal vestidas la meses, si no tenemos en cuenta los bajo platos que son como bandejas de cristal de microondas y no tienen función alguna pues no te van a cambiar el plato ni el cubierto en toda la comanda.||Pedimos una cerveza y la carta de vinos. Había un gran contraste, de la cerveza solo te ofrecen dos variedades; y la carta de vinos, extensa y densa para el sitio, ya te advierten que no todo lo que aparece en la ella lo tienen. Pues, si no lo tienes, quítalo. La carta de vinos está confeccionada a mano en un mamotreto de difícil manejo y, al pie de cada página, advierte que no se incluye en el precio el IVA. Bueno, está bien advertirlo, pero sería mejor que figurase el precio con el IVA incluido, al fin de cuentas uno va a comer y no a hacer números. ||La primera pifia llega con el descorche del vino, no, no pedimos un sommelier, no hace falta, pero si tratar el vino, el producto, como se merece. Se pidió un Pago de Cirsus Vendimia 2016 (crianza), que en el mercado está a unos 8 euros y en la carta estaba a unos 12, más IVA, claro. No está mal el precio de carta. Pero no se puede venir con el vino como si fuere un coctel en agitación y, una vez abierta la botella no ofrecerla a catar y dejarla en la mesa, una vez abierta, con el corcho puesto. La camarera no debía ser muy ducha en las artes del descorche. Pedimos tres copas que limpiamos nosotros con las servilletas, estaban salpicadas de gotas secas de agua. Que habíamos perdido toda esperanza con la camarera, a la que se le notaba muy mucho que no era su mundo la hostelería.||Te ofrecen una carta con menú a 25 euros por persona, bebida aparte, y los menús son “por persona”, que no vale eso de hacer trampa y un menú para dos. Éramos cuatro y optamos por tres entrantes para compartir y dos segundos para compartir dos a dos. ||El primer entrante fueron alcachofas en flor con olivada. Pero, ¿cómo es posible que siendo cuatro comensales se pongan tres alcachofas? Y, además, siendo ese producto, en origen, amargo y que hace amargar cualquier bebida que tomes con él, acompañarlo con una olivada también amarga; olivada que venía en un pequeño cuenco o cocha cerámica dentro del propio plato que contenía las alcachofas. Hombre, si ponéis cuatro y lo avisáis y cobráis un poco más, sería un buen detalle; excelente si no lo cobráis. Pero claro, sorteamos quién no comía alcachofa, aunque una mente caritativa las dividió y todos las probamos. Bien, solo bien, sobrando la olivada. Tampoco vinieron unos cubiertos con el plato para servirnos y tuvimos que emplear los propios de uno para servir a los restantes comensales. En fin, había confianza. ||El segundo, huevo a baja temperatura con boletus y hojaldre. Difícil de explicar lo que se nos sirvió: efectivamente había un huevo, más escalfado que hecho de otra forma, de yema amarillita clara que dejaba ver su procedencia del mercado, cuatro tozos del tallo de boletus de conserva, pues es impensable encontrar boletus frescos en estas fechas; tres trocitos de un hojaldre duro, que eran como los cuernitos de un pequeño croissant , y una verdura verde, que bien podrían ser tirabeques, pero no lo definimos con exactitud. Esto para cuatro. Y tampoco vinieron unos cubiertos con el plato para servirnos y vuelta a utilizar los propios para servir a los compañeros. El plato de sabor no estaba mal, pero muy vulgar en su presentación y en sus productos.||El tercero, caparrones guisados. Los caparrones son unas judías rojas muy de la zona de La Rioja, donde las preparan con parte del marrano de una forma excelente y también, en algunos sitios con verdura. A nosotros nos pusieron un cucharon en un plato con una especie de guiso, que más sabía a lentejas que a otra cosa, y unas diez o doce de estas judías, todo ello coronado con unas migas de morcilla colocadas encima, como una cucharada sopera, que no aportaba al plato nada. Pero lo peor vino al probar y ver que estaba frío, y no decimos templado, no, frío. En un sitio como ese, donde ya teníamos los abrigos puestos por el apagón de la chimenea, no se puede servir esa especie de guisote en un plato tan frío que hizo que la comanda se enfriase. Lo dices y no parece gustar mucho. Lo devuelven templado.||Por fin nos cambian platos y cubiertos. Y dos comensales se piden lomo de bacalao fresco con verduras, a los otros dos, el propietario y fuera de carta, nos ofrece chuletón de vaca vieja de la zona. Es de agradecer que no lo vendiera como buey. Veamos cómo fue.||El bacalao fresco pasable pero muy escaso, era medio lomo, con un poco de verduras salteadas, y un “puñado” de canónigos, que debieron pasar por allí y fueron agarrados al vuelo. Todo comestible, sin ser malo ni excelente.||La carne, para los otros dos comensales, se pidió “al punto”. Y si, lo reconozco, que pedir una carne “al punto” es una putada, pues existe todo un tratado de que es eso. Hacer la carne pasada y seca, es solo cuestión de tiempo de parrilla; dejarla cruda es cuestión de menos tiempo; y hacerla “al punto” es cuestión de saber, y aquí, no sabían. Tu producto es carne de vaca vieja, bien oreada y con fuerza en sus fibras, para dejarla como se pidió debía de venir tostada por fuera y roja/rosa por dentro, pero sin sangrar. El “punto” no es de cruda. A nosotros nos llegó poco hecha fuera y cruda por dentro. Además, no se nos presentó el hueso del chuletón, aunque si el término del mismo que no debieron poder quitarlo; y la carne no vino fileteada sino trinchada. Se acompañó de unas patatas gratinadas y otro mogollón de canónigos. Que pensamos que las bolsas de semejante producto debían de estar en oferta en el mercado de la zona. Por la carne cobraron 36 euros, no los merecía.||De postre tienen cuatro en la carta, dos de ellas “especiales”, una tarta de queso y un tartín de manzana, que los venden como caseros y no dudamos de que así sea. Pero ¿me quieren explicar que puñetas hacía una especie crema pastelera o nata diluida debajo del tartín y de la tarta de queso? La tarta de queso no dice nada, incluso pensamos estaba hecha con requesón, aunque esto no podemos aventurarlo; y el tartín, si hubiere hecho sobre la marcha, como en muchos otros sitios que te lo pregunta al tomar la comanda si lo quieres o no, no nos hubiere producido la sensación de tomar un trozo de tarta del día anterior.||Ante el colmo de despropósitos, especialmente con el servicio, decidimos ahogar las penas en dos carajillos de coñac. Y vino el remate. ¿Qué es lo peor que puede pasarte en un restaurante? Que te vayas sin haberte servido lo que has pedido. Después de pedir los carajillos tres veces y esperar 40 minutos, pedimos la cuenta, 130 euros, y nos marchamos sin los carajillos. La excusa es que hay momentos que se le junta todo. La realidad, doblan mesas y los carajillos sonaron a sobremesa.||Querido Ignacio, así no. No puedes trabajar por la inercia de que se llenan los fines de semana porque no hay otro sitio. Ya han cerrado dos en tu zona, tú serás el tercero si no cambias. Cocina sin tantas pretensiones, no inventes, solo inventan los genios y no los sois, y mira a tu alrededor, que han hecho los demás para llegar a cerrar y que estás tú copiando de ellos. Entre tú y Cristina, la cocinera, debéis de poner algo de orden en esa carta y forma de presentarla.||Nos fuimos de la zona tristes y desilusionados, recordando aquellos bares de antaño, cuando se llegaba a esos pueblos negros por pistas y caminos de tierra, y donde, en la absoluta penumbra con un mantel blanco de papel como único lujo, te servían unas patatas fritas con huevos y chorizo que te hacían tocar la...
Read moreBuscábamos un sitio en la sierra de Madrid donde pasar un fin de semana en pareja.|Vimos el alojamiento de Casa Aldaba, las fotos del apartamento nos gustaron y al leer un poco sobre el pueblo de Hiruela, pues no nos lo pensamos...||Al llegar al pueblo , nos encantó, Precioso!! de los que no se ven todos los días. |Esperamos un rato a que llegara Ignacio, el dueño de Casa Aldaba, un hombre serio, que se enorgullece de su pueblo, al que se le nota que ha conseguido lo que tiene con mucho esfuerzo. |Fue muy educado y aparentemente frío pero muy correcto,amable y respetuoso, nos dio una explicación sobre el pueblo y sobre el apartamento , muy bien la verdad.|Nuestra sorpresa fue cuando abrimos la puerta!! que bonito!!!!! Rústico pero de verdad, piedra y madera, un sofá cama comodísimo, la cocina oculta en un mueble con búhos, con todo lo necesario para cocinar, todo pensado y colocado al milimetro, cafetera, microondas, una nevera, dos fuegos, fregadero... una mesa de madera pequeñita con sillas precisas ,todo a juego hasta las cortinas, todo menos el mueble de la TV que era del Ikea jejeje. La habitación súper bonita, con un balcón con vista a la montaña , con sus mesillas, lámparas y un armario precioso de madera.| El baño genial , amplio limpio con un espejo enorme , con todo lo necesario, secador ,toallas , jabón y con un plato de ducha con mampara de cristal de 2metros.| La verdad que nos sorprendió muchísimo la casa, no solo por lo bonita que es , si no también por la paz y tranquilidad que desprende... ||Ah!!! y la, chimenea!!!! tiene tocones de madera abajo en el patio para poder cogerlos, recomiendo coger palos pequeños o piñas para encenderla , así no le gastáis las pastillas de encendido como hicimos nosotros jejejej. |El sábado la encendimos y tuvimos que apagar la calefacción del calorcito que hacía (tenemos que volver otra vez en pleno invierno) y por último conexión wifi, que nos vino genial la verdad.|Sobre el pueblo, pues sacado de un cuento, pequeñito, sin ruido de coches (hay que aparcarlo en la entrada), con sus calles llenas de árboles frutales , sus casas de piedra con ese olor característico... lleno de rutas para pasear, increíble!!! Nada que envidiar a Cantabria o a los picos de europa etc.||Cómo anecdota contaré que nosotros nos despistamos y acabamos en una carretera a 20km del pueblo (a menos distancia volviendo otra vez por el bosque) pero el problema era que se nos hacía de noche y sin abrigo , ni apenas batería en el móvil etc pues...||Gracias Ignacio !!!!!! Nos dejaste en deuda, no solo por haber tenido la suerte de conocer tu alojamiento si no por tu humanidad de ir a recogernos,...
Read more