Una Mina de antes.
Para mi hay tres factores fundamentales en restauración que son: relación calidad-precio, la decoración del local (unido al sonido, ambiente, etc) y el trato recibido.
Pues bien, lo normal es que en un buen sitio se junten dos de las anteriores, pero es que aquí, se aúnan las tres y de una forma especial. El local, desde la misma entrada, tiene un aire especial, que te hace interesarte, mirar las pareces, los objetos antiguos colgados de las mismas, y los muebles centenarios que han mantenido y restaurado para darle un aire diferente y muy especial a este sitio. Es una suerte que en un mundo donde todo son copias y fabricación en serie de objetos sin alma ni belleza, haya gente valiente que apueste por mantener la esencia de los sitios y trate de alguna forma de contar sus historias, y esto es lo que ocurre aquí. Su nombre y la placa antigua que adorna la entrada son vestigios de la tienda que antaño fue. Los muebles grandes de madera con contornos y formas talladas a mano decoran con esa solemnidad y belleza con la que lo hacían los objetos de antes. Me quedé enamorado del peso antiguo que tienen decorando una estantería y que le da por si mismo un toque especial al rincón donde se encuentra.
Pero entremos en materia, el profesional que nos atendió fue encantador de principio a fin, nos recomendó y asesoró con una amabilidad de quien transmite que le gusta lo que hace y el sitio en el que está, que creo es importante. Todo lo que nos trajeron tenía un toque especial, un sello propio que hacía que probar el plato mereciera la pena. Las Gyozas, las alcachofas, la carne, todo recomendable. Tienen varios menús degustación de diferentes precios que son una buena opción para probar varios de sus platos. Los postres, que es donde algunos sitios de este tipo pecan de no cuidar, aquí son caseros y tenían ese toque diferente que le da un sitio que se preocupa por ofrecer una experiencia diferente en cada plato, que al final creo que es lo que se debería buscar. Si has leído hasta aquí gracias, y si al hacerlo te han entrado ganas de visitar/probar este lugar: adelante.
Pd: Hay un cuarto factor fundamental que sería el entorno pero esa la pongo con asterisco porque hay sitios maravillosos en entornos que no lo son tanto y que no por eso son peores. Pero justo en este entorno es bonito, en la Unión, ciudad minera, a 10 min de Cartagena y otros 10 del mar menor, y junto a una iglesia que hace que el entorno sea agradable para el que...
Read moreVisité La Taberna de la Tía Solita por primera vez en abril y me fui encantada: cocina con identidad, platos bien ejecutados y un ambiente que invitaba a quedarse. Por eso, cuando volví en verano con un grupo de amigos, lo hice con entusiasmo, convencida de que repetiría aquella grata experiencia. Pero, lamentablemente, fue todo lo contrario.
Desde los entrantes ya comenzaron las decepciones. Los buñuelos de bacalao, que en abril eran esponjosos y sabrosos, esta vez llegaron duros, secos y con una textura que claramente delataba haber sido recalentados. Peor sensación dejaron los boquerones fritos, con un sabor ácido y un picor en la lengua que no invitaban precisamente a seguir comiendo. Algo no estaba bien en ese plato, sin necesidad de entrar en detalles más técnicos.
Y luego vino el café, que remató la mala experiencia. No es que estuviera pasado o en mal estado: era simplemente muy malo. Un café de tan baja calidad que dejó un mal sabor de boca literal y figurado. Hacía tiempo que no probábamos algo tan desagradable. Asqueroso, sin matices.
El servicio, por su parte, estuvo muy por debajo de lo esperado. Lento, poco atento, desorganizado. Tuvimos que reclamar varias veces las bebidas y el pan, que nunca llegó. Pero lo más incomprensible fue cuando pedimos que el solomillo no saliera cortado de cocina —lo indicamos con claridad y énfasis—, y sin embargo, el plato llegó ya troceado.
A pesar de todo, es justo reconocer los aciertos. Las marineras de atún estaban muy buenas, con una ensaladilla bien equilibrada y un crujiente fresco. El solomillo de vaca gallega, aunque cortado contra nuestra petición, era de excelente calidad y estaba en su punto. Y el interior del local sigue siendo atractivo, con una decoración elegante que sugiere una experiencia de categoría.
En conclusión: Taberna La Tienda de Solita tiene potencial, pero sufre una preocupante falta de consistencia. El contraste entre mi primera visita y esta última es demasiado grande. Hoy por hoy, no la puedo recomendar con entusiasmo. Ojalá...
Read moreUna taberna, por llamarlo así, aunque en realidad es un restaurante con alma. Se encuentra emplazado en una restauración artesana de una antigua tienda de ultramarinos, cuya construcción original data de 1950. Un propietario anónimo construyó un edificio en Cartagena, puesto que originalmente el Garbanzal pertenecía a Cartagena. El cual ocupaba una manzana entera entre las calles Murcia, Tarifa, Las Flores y la Plaza de La Palma. El edificio fue construido con madera importada de Canadá, teja de cañón, adobe de tierra y cal y piedra caliza. El propietario dedicó la zona suroeste del edificio a vivienda, la parte central a una panadería y la parte noreste a un almacén y a un molino de sangre harinero, del cual aún se conserva en perfectas condiciones la viga central. Nada más entrar impacta su vitrina. Original que impacta. Preciosa. No se ven así y menos en ese estado. Además de la exquisita cocina, el trato es intachable. Sin duda alguna, una recomendación obligada para quienes aprecien los restaurantes con alma, buena cocina y un trato excepcional. Enhorabuena a los propietarios y gracias por mantener la esencia y crear restaurantes de los que, por desgracia, cada vez...
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