Domingo, 29 de agosto de 2021, Comienzo a despedirme de las vacaciones. Rememoro días pasados. El lenguaje, las palabras pueden resucitarlo todo. Paso por el arco de las puertas de Lorca a la entrada del pueblo de Vélez Rubio (Almería). Visito la ermita de la Virgen de la Salud. Voy a la fuente del gato. Bebo el agua picante que emana de la fuente. El paraje es bello. Me gusta. La fuente, los árboles, la paz. “Que este tiempo sosegado me acompañe. Y esta fuente. Y este sol. Y este verano.” A menos de veinte minutos, de Vélez Rubio, está el pueblo de Vélez Blanco. Me siento a desayunar en la cafetería de Ginés y María. Tomo un café afuera, en la terraza, acompañado por dos deliciosos pasteles. En lo alto del cerro se levanta un castillo ejemplo de la arquitectura del Renacimiento Español. Miro la fortaleza, las casas blancas, el pico del Maimón. Veo alzarse la mañana. ¡La mejor hora de la luz, esa luz que ilumina todos los rincones, hasta los más recónditos del alma, qué felicidad! Lo miro todo, lo guardo todo. Los dulces de María, las calles limpias, la fuente urbana de los cinco caños, y la fuente de la novia. Cuenta la leyenda que una joven sonámbula abandonada fue rescatada por un forastero del sueño eterno. Camino por la calle central y visito la iglesia de Santiago Apóstol fundada por los Reyes Católicos en 1494. Me queda un instante para abandonar este pueblo, me despido de él, de su historia y de sus estrellas que son de verdad. Llego al corazón del Parque Natural de la Sierra de María-Los Vélez y me quedo a comer en el restaurante “La piza”, un lugar privilegiado en la cara norte de la Sierra de María. Adiós a la dieta. El servicio es rápido, los camareros atentos, el precio excelente. El restaurante está repleto. Hace calor, es verano y el paisaje es espectacular. Respiro el aire de los Vélez y lo guardo entre mis alvéolos. El verano comienza a desvanecerse. El tiempo pasa. Corre de prisa. Llego a casa. Abro la maleta. Separo la ropa. Enciendo la lavadora. Son las doce de la noche. Miro el cielo de la ciudad, y las escasas estrellas que lo cubren. Un niño ángel llega hasta mi cama y me corteja a un bello sueño. “El tacto, el oído, el olfato, la vista, el gusto y un ángel” Badalona, 29 de agosto de...
Read moreFuimos ayer 4 personas. El entorno es único, en estos días de calor de los pocos sitios donde se puede cenar al aire libre. El servicio muy rápido y atento, una vez que consigues llamar la atención de un camarero, lo que no suele ser demasiado fácil cuando, como ayer, tienen tanta gente. Pedimos una botella de agua, una cerveza, un plato de cordero segureño al centro, con patatas, una ensalada, tres postres y dos cafés. Total 78,5€. El cordero buenísimo, cosa que ya preveíamos pues tenemos casa por la zona y sabemos que esta carne es una delicatessen y muy fácil de hacer a la brasa, ya que admite perfectamente que la dejen pasada. El resto normal-bien, incluyendo buenos postres. En general producto rico y presentado conforme corresponde a un sitio tipo "merendero medianamente fino". No ofrecen carta, ni te cantan precios, lo que no vendría mal dado el nivel de precios en algunos productos, como, precisamente, el cordero segureño. A mi juicio resulta excesivo que, dadas las características del lugar, te cobren 50 € por un plato de cordero con patatas a lo pobre al centro, que compartido entre 4 no muy comientes quedó escaso. Si el precio hubiese sido de, digamos 13 € menos, que es lo que cobran por las patatas aparte, cuando deberían incluirlo en el precio de la carne, sería genial. Tampoco te dan ticket al final, yo lo tuve que pedir. Y en cuanto al pago, cierto lo que dicen por ahí, mejor preparar efectivo ya que no tienen datáfono y aunque admiten Bizum, el lugar tiene una cobertura telefónica que varía mucho en función de la compañía y te puedes ver en un aprieto por este tema. En definitiva, comida muy buena, servicio rápido si consigues que te atiendan (cuando pides te sirven muy rápido), amables, sitio tipo merendero en buena ubicación entre pinos, precio que en algunos productos es muy caro, y detalles...
Read more⭐⭐⭐⭐⭐ Ein echter Geheimtipp: Restaurant La Piza! Wir waren rundum begeistert – vom ersten Moment an spürt man hier die Liebe zum Detail und die herzliche Gastfreundschaft. Der Service ist ausgezeichnet: aufmerksam, freundlich und dabei angenehm unaufdringlich. Die Bedienung war sehr schnell, ohne dass es hektisch wirkte – genau das richtige Maß.
Das Essen? Hervorragend! Die Tapas waren geschmacklich auf den Punkt, abwechslungsreich und mit hochwertigen Zutaten zubereitet. Besonders schön ist das Sitzen im Freien: gemütlich, ruhig und mit einem tollen Blick auf die Umgebung. Ob für einen entspannten Mittag oder ein stimmungsvolles Abendessen – La Piza ist absolut empfehlenswert und verdient ganz klar fünf Sterne!
Tipp: Unbedingt die hausgemachten Tapas probieren – ein echter Genuss! Herzensempfehlung!
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