Nuestra segunda experiencia en este establecimiento enclavado en la montaña, en pleno paseo por pueblos de rutas moteras, en los que la palabra masificación no existe y la infancia puede descubrir que hay vida más allá del ruido, la contaminación y el tráfico de lo que algún día nos dio por llamar sociedades modernas. Pues ponemos el maps y nada más salir de Valldosera dirección Pontons te encuentras con el letrero a la izquierda. Te saludan unos animales de granja y el salón lo tienes al lado. Una curiosidad: si vienen por estas fechas no se me envalentonen y prescidan de la chaqueta, en este lugar el aire suele ser frío y dentro se está bien, pero al salir puede darse el caso de que la graciosa brisa se te convierta en una incómoda ventolera y su colega frío se sume a la fiesta. Como digo, situado en la montaña el lugar es precioso, puedes pasear por esas rutas que verás alrededor del restaurante y meterte entre pinos y senderos, propiedad de conejos, venados y jabalíes. Es muy bonito. El restaurante no tiene carta. La señora hace las veces de camarera, recoge las comandas y ofrece lo que cocinan: mejillones al vapor, guisos de callos, manitas de cerdo, caracoles, croquetas, ensaladillas o bien todo lo relacionado con las brasas, como pollos, conejo, cabrito, cordero, butifarras o ternera. Todo vendrá con acompañamientos típicos tipo pimientos o patatas fritas. En esta ocasión fue fácil: croquetas de pollo, mejillones y un guiño siempre nostágico al mojeteo de los callos. Las croquetas eran un espectáculo (en el interior veías deshilachada la carne de pollo) y muy cremosas, los mejillones muy correctos y los callos son de los de perder reloj metiendo pan en la salsa. Y encima con un plus de irreverente picante que hace que miras a los demás para que dejen de comer. Adictivos. Luego pedimos solomillo para todos. La carne deliciosa, tierna, un puntio más hecha para unos, otro puntito menos para otros, pero la conclusión fue la misma en todos los casos: cocinada perfectamente. Unos postres caseros del estilo crema catalana, flan de chocolate y café, tiramisú y similares pusieron punto y final al almuerzo sabatino. Para beber vino tinto de la casa con casera o cerveza. Obviamente en estos lugares sabes a lo que vienes y no a elegir una selección de los mejores caldos posibles. Todo alrededor de pasar un día entre brasas, buen ambiente y una relación calidad precio muy buena, además de irte con el aroma de leña en la chaqueta. Igual no estoy siendo muy objetivo, pero este tipo de lugares son los que me encantan porque las deconstrucciones, las tortillas de patatas batidas con cañita o el sucedáneo de bacalao sobre un lecho de nitrógeno líquido sirven para investigar, pero para dar de comer, y comer de verdad, te subes a estos sitios en los que ecncima te encuetras como en casa. Muy buen lugar, relación calidad precio increíble y la ubicación perfecta para pasar un día entre...
Read moreEl pasado domingo fuimos con otra pareja amiga a "El Xiringuito de la Casa Gran" de Valldossera, y la verdad es que fué increíble. Empezamos con bocas de mar llenas de carne y sabor, seguidas de mejillones de roca al vapor que estaban buenísimos. Luego unas almejas de Carril, en su punto perfecto, seguimos con las gambas de Vilanova a la plancha, fresquísimas y deliciosas, fueron un verdadero placer. Las tallarinas, también muy buenas, cerraron el agape de forma excelente.
Mención especial para Miguel, el dueño, cocinero excepcional, gran anfitrión y muy atento. También queremos destacar a Paqui, una camarera muy dulce, amable y servicial, que hizo la experiencia aún mejor. La verdad es que nos sentimos como en casa, disfrutamos ese festín que no solo nos ha llenado la barriga sinó también el alma.
Muchas gracias, Miguel y Paqui. ¡Volveremos...
Read moreUn lugar maravilloso para disfrutar de una comida a la brasa espectacular. Probamos la espalda de cordero, que estaba súper tierna y jugosa, acompañada de patatas cortadas a mano y fritas hasta quedar doradas y crujientes. La ternera también estaba tiernísima. Además, nos sirvieron pan y nos atendieron con una amabilidad increíble. A pesar de llegar tarde, alrededor de las tres y media, nos atendieron sin prisa, con mucha profesionalidad.
El restaurante está algo escondido, lo que le da un encanto especial. Rodeado de naturaleza, pinos y animales como patos, gatos y perros, es como un oasis en medio del bosque. Terminamos con unos postres deliciosos y nos invitaron a un chupito de hierbas para la digestión, un detalle que se agradece mucho.
Un sitio para comer de fábula y disfrutar de un ambiente auténtico. Muy...
Read more