There are no excessive superlatives that exaggerate the quality of the impact of the food, service, and atmosphere of this unreal experience in dining. Right from the reconstructed tortilla, and, seemingly, the entire cantabrian ocean of delights served in what appeared to be a crispy play on temaki rolls, I knew I was in for a culinary experience like no other. The meal takes you through what is typical in Spain, but served to you in snippets, bites and light broths that belie their original form, while still delivering amply on flavour. I was served a cocido broth that made me stop and remember my grandparents and their patience and kindness with me growing up. I had a liquified ensalada mixta that had me reaching for my cleverly selected Albariño as though I was on the shores of El Sardinero. I could go on and on.
Sometimes you will eat at these places and leave and need some tapas down the road because you are still hungry. I left and didn’t eat anything else all day because I was so full, but also because I still wanted to remember these flavours. What an impact.
Service friendly, professional, efficient, precise… it goes without saying but it is worth mentioning because of their kindness and their expertise. Chef came out to the tables and greeted, and was happy to discuss food and life. It is expensive, of course. But you can have ten meals in the worst of places and never feel fulfilled. Save up your money and put it here. You won’t be disappointed. Truly memorable and worth...
Read moreEsta reseña hace referencia a la noche del sábado, 5 de octubre del 2024. (Por más que lo intento Google no me permite subir las fotos).
Procuraré ser lo más objetivo y sincero posible. Empezaré diciendo que esta ha sido mi primera experiencia en un 3 estrellas michelín y que además fue una sorpresa. Fui a ciegas completamente.
Centrándonos en la comida, el sabor de cada pase es espectacular. No puedo describir con palabras la intensidad y el placer que experimentas con cada bocado. No hay duda de que hay un trabajo detrás muy grande y de que el menú sigue un hilo conductor con sentido. A mi acompañante el pase que más la fascinó fue la roca marina con percebes, cachón y algas. En mi caso, quedé impresionado con el cono de ostra y caviar. Como se puede notar, somos muy de mar. Imposible no hacer mención al pan de Amós con helado de hojaldre, ese postre es de otro mundo. Por contra, ambos coincidimos en el pase que menos disfrutamos, la flor de calabacín con mousse de pichón, pero esto es algo muy personal, de gustos y no resta ni un ápice de disfrute a la experiencia. Podría comentar algo de cada plato pero al final todos tienen algo en común: mucha elaboración, intensidad/concentrado de sabor y respeto al producto. Cada uno de ellos te hace pensar y lo más importante de todo, disfrutar.
Por otro lado, el servicio estuvo al mismo nivel que la comida. Muy fluido, profesional y atentos en todo momento con explicaciones muy claras. Agradecer a María el detalle que tuvieron con la tarta y la vela, ya que está al margen del menú y su presentación, por si cabe, fue espectacular. Y agradecer también a Jesús el detalle de salir a saludar mesa por mesa a todos los comensales y acceder a hacerse una foto con nosotros.
El lugar, el entorno y las instalaciones suman evidentemente a la experiencia y esto es algo que no se puede dejar pasar a la hora de valorar. Es una casona-palacio muy especial con un amplio espacio exterior y huerto propio. Por si fuera poco, al finalizar la cena y justo antes de irnos, el sumiller tuvo el detalle de mostrarnos toda la bodega con alrededor de 900 variedades diferentes.
Como único punto negativo simplemente comentar que a mi acompañante, a la hora de realizar la reserva, la prometieron que la iban a enseñar las instalaciones y el huerto antes de empezar a cenar, pero no sucedió. Una vez en la mesa y debido a la curiosidad, mi acompañante se percató del descuido y preguntó por el huerto pero la solución que la dieron fue que podía verlo por su cuenta en cualquier momento. Es un detalle sin demasiada importancia pero que es raro, en el sentido de que ellos se prestaron en el momento de hacer la reserva a enseñar el recinto. Hay que contar todo y decir que al llegar, con puntualidad, estaba chispeando un poco.
Poco más queda que decir. Llegamos a las 21:15 y salimos a las 00:30, pero para nada se hizo largo ni pesado lo cual es buena señal. Una cena de las que deja huella y una experiencia que recomiendo para hacer al menos una vez en la vida sin ninguna duda.
Por cierto, me considero una persona que come bastante y puedo asegurar que terminé completamente lleno. Mi acompañante de hecho hubo pases que no pudo terminarlos del todo y la tuve que ayudar. Sin ir más lejos, terminar la tarta con la que nos obsequiaron fue todo un reto. Esto lo digo por el tópico y el mito que se genera en torno a la alta cocina de que te vas con hambre. Concretamente aquí, ya te digo yo que no.
Por último, decir que antes de irte te dan una cajita con una degustación de su pan y su mantequilla además de la carta de recuerdo. Todo un detalle.
P.D.: Si alguna vez me lees, quiero agradecerte de nuevo el detalle que tuviste con nosotros, especialmente con mi acompañante, me dejaste sin palabras y dejaste ver, valga la redundancia, lo buena persona que eres. Este mensaje va dirigido al chico que estaba con su pareja en la mesa que teníamos más cercana. Él...
Read morePor circunstancias serias nos vimos obligados a cambiar la fecha de nuestra reserva. Carmen fue la persona del Cenador de Amós que nos lo gestionó. Fue realmente comprensiva y amable con nosotros, por lo que le estamos muy agradecidos.
La Casa-Palacio de los Mazarrasa, en la que se ubica el Cenador de Amós, es absolutamente imponente. Es el sitio más bonito en el que hemos comido, sin duda.
Cenamos el menú Percibe y nos pareció realmente impresionante. Ni le sobra ni le falta nada. Difícil destacar algo por el encima del resto, puesto que todo nos encantó. Mencionaré alguna cosa, intentando no desvelar demasiado, para no estropear el factor sorpresa:
-El pan: elaborado en su propia tahona. Exquisito. No pude parar de comerlo. -El Fino de Amós: a pesar de que no tengo especial debilidad por el etanal, la mezcla nos pareció sublime. Un 10 a la apuesta conjunta del sumiller Andrés Rodríguez y del equipo de cocina. -Ensalada de ostras: impresionante novedad de 2021. Una mezcla deliciosa entre la ostra y los vegetales. Puro sabor a mar. Platazo. -La huerta de Navarra. Una “menestra” exquisita de verduras apenas cocinadas, que sabe a verdura, tal cual. Me sorprendió, gratamente, encontrar un punto de amargor en el plato. Considero que algunos cocineros abusan del azúcar para enmascarar el verdadero sabor de algunas verduras con algo de amargor. Al igual que no me veo echando azúcar a una IPA para que no me amargue, me encanta que un espárrago sepa a espárrago. Por su puesto con su toque amargo. Un gran acierto de Jesús Sánchez y su gente, que demuestran un perfecto conocimiento de la verdura. -Perrechicos. Para mí es un producto familiar. Calocybe gambosa es mi seta favorita. La semana previa a la visita al Cenador había cocinado, y comido, perrechicos de varias formas, por lo que, a priori, un revuelto de perrechicos no parecía un plato que me fuese a sorprender demasiado. ¡Error! La gente del Cenador me dio una bofetada en toda la cara y me recordaron porque ellos tienen 3 Estrellas, dejándome como cocinero a la altura del barro. Sublime, ¡qué mezcla más impresionante del huevo, el perrechico cocinado (poco) y crudo! Increíble sabor y puesta en escena. Lástima que este plato desaparecerá en breve del menú dado el inminente final de la campaña de esta seta. -La secuencia del pichón: dos pases a cuál mejor. En el primero hay que quitarse el sombrero a la deliciosa ocurrencia de mezclar dos sabores terrosos tan complementarios como el alforfón y la remolacha, que le van de miedo al pichón de Bresse. Y el segundo plato es tan vistoso como rico. -Fresas escabechadas: delicioso prepostre; lácteo, levemente ácido, refrescante… Una delicia. -Apionabo, lichi y sauco: me encanta el apionabo, que en este postre se transforma en una fiesta. Aquí la gente de cocina demuestra un dominio absoluto de las nuevas técnicas de cocina. Tan arriesgado como exquisito.
Mención especial merece todo el personal de sala. Resulta un espectáculo verlos trabajar. Tiene que ser verdaderamente difícil ejecutar esa coreografía a la perfección. A pesar de su juventud son absolutamente profesionales y muy amables. Nuestro reconocimiento.
No puedo dejar de destacar al sumiller Andrés Rodríguez. Nos pareció una absoluta biblia enológica. De gusto hablar con él de vino. Pura pasión por su trabajo y todo ello con una modestia poco habitual en alguien de su talla. Con nosotros bordó, y eso que arriesgó, los vinos que nos ofreció. Un tipo encantador y un genio en lo suyo.
Nos ha dado la impresión de que el Cenador de Amós ha ido a más en 2021. Hemos visto mejoría en pequeños detalles de la presentación respecto a 2020, por ejemplo, a la hora de servir las deliciosas mantequillas. Además, los nuevos platos creo que llevan el menú a un nivel todavía superior.
En conclusión: un equipo, un restaurante y...
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