Un sitio de ensueño, enclavado en un paraje de postal, de esos que uno esperaría ver en un vídeo promocional con música épica, cámara lenta y drones volando como si fueran gaviotas con carnet de piloto. Rodeado de montañas que no son precisamente colinitas de parque infantil, el lugar invita —tras la caminata— a dejarse caer a la sombrita con algo fresquito en la mano. Un remanso de paz, gloria bendita servida en vaso frío. Hasta ahí, todo perfecto. Una maravilla. De fábula. Pero, ¡ay, amigo!, que en todo cuento siempre hay un ogro. O varios. Porque cuando entra en escena el personal, la cosa cambia de registro. Lo de la educación, pues… escasa. Justita. Y eso siendo generosos, como quien deja propina por cortesía, no por merecimiento. Resulta curioso, incluso pintoresco, que a clientes veteranos —ya con más kilómetros que un coche de renting y el pelo con más plata que una joyería andina— se les reciba con modales más propios de un portero de discoteca en mala noche que de un establecimiento que presume de tradición y buena mesa. Todo este embrollo empezó porque, oh tragedia griega, me atreví a descargar a los ocupantes de mi coche en el lugar destinado a parking para el jefe. Sí, ese mismo en el que siempre lo he hecho, sin problemas, como en aquellas veces en que vine con una comilona de trece personas, o cuando, sin tanto boato, nos sentamos simplemente a compartir mesa y charla. Pero no. Esta vez salió un empleado a darme la bienvenida con la calidez de una multa de tráfico, informándome —en tono nada amable— de que allí no se podía aparcar. Pues mire usted qué cosas. Ya lo sabía y aparqué en el lugar destinado a tal efecto. Y cuando creía que el día no podía subir más de tono, llegó el hijo del fundador, con ese aire de "yo soy el que manda aquí" pero sin haber heredado los modales paternos, soltando una perla digna de antología: que podríamos “hacer algo más que ser jubilados”. Qué chispa, ¿eh? Casi me atraganto del susto… o de la risa. Lo bueno es que no sabe quién soy. Y mejor así. Porque si llegara a enterarse de lo que he hecho antes de sentarme en su terraza, lo mismo acababa pidiéndome un autógrafo…...
Read moreMy first time ever in Valle de Hecho and Selva de Oza and I must say I'm impressed. The carrilleras I ordered were absurdly delicious – I have no words for it, the dish was just perfectly cooked. The coffee, the wine, the food... The location itself is divine too, by the river with beautiful views in any direction you look at. It's just one of those places that have a good energy, you can feel it.
PS: I forgot to take a picture of the croquetas but if you go I suggest you try them too, for sure one of the best I've...
Read moreComimos en este sitio precioso después de una larga camita a aguas tuertas. La comida estuvo bien y el ambiente también. Sin embargo, cobrar 4'5€ por una tosta de Nutella, 4'5€ por una cerveza de Pirineos y 2'8€ por una coca-cola de bote... Es un poco exagerado! Porque aquí no hablamos de productos de la zona, aquí se habla de precios muy por encima de su coste real. Una pena para lo agradable que era el sitio. La comida estaba buena, pero ya contando con esos precios que se van de las manos,,, un poco fuera de lugar. Más que nada, es que cobrar 2'5-3€ por la tosta yaaa estaría bastante bastante bien ❤️🩹 Lo recomiendo aunque igual mejor llévate tu propia bebida y para el postre, si no sirven de nada estos mensajes... Cómprate tu propio bote o capricho dulce antes de...
Read more