Situado en las inmediaciones de Villaviciosa, en Castiello de Selorio, el restaurante aparece a poca distancia de la salida de la autovía, con prácticamente nada a su alrededor. Lo primero que te llama la atención es el jardín tan bien cuidado que tienen al pasar la verja.
Una vez dentro, Lola nos atendió desde el principio haciéndonos sentir como si estuviésemos en nuestra casa. Casi ni me fijé en el comedor, porque al ir con nuestro chihuahua nos tenían reservada una mesa en la terraza interior, un verdadero remanso de paz con vistas a su huerto y sus árboles.
Opción de carta y menú degustación, que elegimos sin dudarlo, adaptándonos uno de lo pases para que mi pareja esquivase la ostra.
Después de unos panes espectaculares y una mantequilla aromatizada inolvidable, resultaron impresionantes los Ninyonakis de queso asturiano, el Bonito, la Merluza y la Ternera asturiana (una carrillera que se deshacía en la boca). La mano que desde la cocina tiene Iñaki con los pescados, de primerísima calidad, pone el listón muy alto. Un peldaño por debajo están el muergo (la navaja gallega), algo escaso de sabor, y la croqueta, que pese a tener una textura buenísima no alcanzas a reconocer a qué sabe (es de leche fresca, pero se queda escasa de potencia). La ensalada líquida es un chute de frescor, pero al venir en un vaso de chupito nos supo a poco. La alternativa a la ostra, que estaba bien, sin más, fue un tartar de calamares en su tinta con cebolla roja, que tampoco nos apasionó.
El postre, asombroso en forma y sabor. Te esperas una textura abizcochada, pero te encuentras con una especie de helado de chocolate alveolado, tipo esponja, que, acompañado por una quenelle de cacahuete salado conforma uno de los mejores postres que hemos probado últimamente.
El precio del menú es de 65€ por cabeza, lo que sumado a las consumiciones tuvo como resultado en torno a los 140€. Relación calidad-precio maravillosa. Por la calidad de la comida, por el servicio fantástico y por el buen rato que pasamos en su fenomenal y tranquila terraza, arreglando el mundo con Lola antes de irnos. Es un sitio para volver sin duda, y para disfrutar sin prisas y...
Read moreLocal acogedor. Algo apartado, tienes que ir en coche.
La experiencia en general no fue buena. Fuimos a comer en familia, 2 adultos y 2 niños, uno de 4 y otro de casi 2. Nada más llegar se nos dice que nos hacen un favor para sentarnos, porque a pesar de haber reservado, fue un error según la chica de la aplicación y están completos (rara situación porque salimos de comer a las 17:00 y 2 mesas estuvieron vacías siempre). Además, casi sin mediar palabra dice que no tienen comida de niños, con mi cara de asombro le digo que no se preocupe, comen de lo nuestro. (Entiendo que querría decir menú infantil)
Una vez sentados, nos prohíben tener un juguete para el niño, porque hacía sonidos, 🤯. Os puedo asegurar que apenas se escuchaba, pero claro, igual estábamos en un templo en vez de un restaurante para tener una comida agradable.
La comida luces y sombras:
Aperitivo: ponen 2 unidades de una especie de esfera de queso. Muy rico, pero a ver…mi hijo de 4 años come con nosotros, lo suyo no hubiera sido ponerla a él también una unidad? O es que el queso no es comida de niños
Entrantes:
Setas silvestres con yema de huevo. Muy rico, lo mejor de la comida
Berenjena con sardina. Plato plano completamente, insípido. La sardina llena de espinas, y la berenjena le falta sal
Principales:
Callos, muy ricos, aunque ración muy escasa Merluza (plato estrella del local): sin más, rozaba entre estar al punto y estar cruda, más cerca de esto último, mi mujer tuvo que hasta cambiarme el plato
Postre
Tocinillo de cielo, muy bueno, aunque perdía la esencia de tantos toques cítricos que tenía el plato
Esponja de chocolote: rico, pero un plato muy basto
Prometía, pero aún le falta mucho a la cocina para acercarse a lo que pretenden ser. Y el trato…deja mucho que...
Read moreMi familia, tres personas, fuimos al restaurante Alenda hace dos semanas por los buenos comentarios de conocidos. El local está en la carretera, sin problemas para aparcar. Nos recibe Lola, la dueña, joven y guapa, que nos acompaña al comedor. Hay unos estantes con libros de cocina y un imponente mueble tocadiscos vintage, precioso. El comedor, estilo un poco minimalista, tiene unas 5-6 mesas, amplias y distantes entre sí que elimina la sensación de agobio y el ruido de los comensales, que se dan en muchos restarurantes con mesas pequeñas y poco separadas. Habíamos reservado previamente y elegimos el menú de 68 €. Somos de cuchara (pote, fabada,...), de un buen chuletón, etc, con reservas a la cocina de autor, que luego tienes que ir al McDonald para terminar de comer... Pero en Alenda eso no ocurrió, tras unos aperitivos deliciosos y gratuitos, los cuatro platos que nos ofrecieron nos encantaron. Lola nos detalló cada plato, recalcando que muchos productos son de huerta propia. Carta de vinos apropiada y postres deliciosos. Al terminar, salió el cocinero, un joven pareja de Lola y nos invitó a visitar su huerta lo que hicimos. Nos dimos cuenta que esa pareja aman lo que hacen, y el resultado de su trabajo es excelente para los sentidos. Por todo ello, si quieren probar otro tipo de cocina y salir muy satisfechos, recomiendo este...
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