Paraná es una ciudad que tiene en su suelo un “Perlotti”. Es decir una obra escultórica digna de ser admirada, . O dicho de otro modo, la estatua de Luis Perlotti que posee la ciudad habla de la ética y la estética del escultor que le dio vida. Nos referimos a “La Danza de la Flecha”, que Perlotti esculpió en 1925 y que llegó a la ciudad en 1947. Fue comprada por ese gran mecenas de la cultura que tuvo Paraná, el doctor Pedro E. Martínez, y que –como tal– la donó a la ciudad para que sea instalada en la rotonda por la que se ingresa, desde el centro, al Parque Urquiza La imagen era familiar: un aborigen tomándose el pecho con la mano derecha, la cabeza tirada para atrás, y una postura que denuncia la proximidad de la muerte. En tonos verdes y amarillos, la imagen concentró la atención y la terminó de apresar el nombre destacado, en tipografías rojas, de Luis Perlotti. “¡La Danza de la Flecha!” Recordarmos entonces que Perlotti, era habitué a la mesa del Café Tortoni, a metros de la librería. El artista compartía café con Alfonsina Storni y con Benito Quinquela Martín, entre otros. A la amiga poetiza terminó dedicándole una escultura en relieve, sobre una piedra, en La Perla, junto al mar que adentrarse hasta perderse en la profundidad. “Recia, de expresión mística y humana, donde se advierte con facilidad la devoción y la energía que enseña esa danza guerrera de Cuzco, símbolo de una raza que temiendo caer bajo el apasionante poderío de la cultura occidental, prefiere su sacrificio”, se describe. Sostiene la escritora que “el artista la representa herida en el corazón por una flecha que mientras danza, intenta arrancársela” y admite que la pieza causó impacto al momento de su nacimiento: “las opiniones múltiples y contradictorias que despierta esta obra, sólo logran hacerla más notable a la atención del público”. “La Danza de la Flecha” pasó inadvertida en esa exposición y no por falta de mérito en sus formas y en su mensaje, sino por la sencilla, pero también inexplicable razón de que prácticamente se la ocultó. La estatua fue un grito atrevido en una cultura hispánica imperante. Y eso, está claro, no cayó bien en muchos sectores. Perlotti molestaba con su obra, que ahora es la obra de todos los paranaenses. “La Danza de la Fecha” fue políticamente incorrecta. Cosechó críticas en voz baja y defensas con voz estruendosa. El periodista y escritor Juan José de Soiza Relli le dedicó dos páginas en la revista “El Hogar”. La biógrafa de Perlotti alude a esa defensa asumida por el periodista y escritor, quien “sale a la palestra con autoridad indiscutible, consagrada por una vasta ilustración pública”. Así es como Soiza Relli escribe la nota de defensa “del valioso trabajo cuyo sello americanista demanda ya respeto, y lanza virilmente, honradamente, su protesta por la subestimación que había sufrido ‘La Danza de la Flecha’ por parte de la dirección del Salón Nacional de aquel entonces al colocarla en un lugar donde le había faltado hasta luz”. Señala los relieves que exalta el concepto estético que ha dominado al autor de esta obra, de la que dijera Francisco Villarejo, crítico peruano: “Es una magistral composición de arte santuario americano, que tiene su vitalidad dinámica y su ritmo propio. En él se cumple aquel canon de escultura contemporánea: ‘la exageración lógica o amplificación razonada de los planos’ Conceptúo este trabajo como el mejor de Perlotti aún no superado en su concepción ideológica”. Es cierto: la estatua erigida en el ingreso principal al Parque Urquiza es ideología pura. En cambio la biógrafa Sáenz Cavia dice que el desprecio con que trataron su obra no hizo mella en la persona de Perlotti. “A pesar del enconado recibimiento, al parecer, y de su extraña incomprensión, la personalidad del artista se va afianzando, siempre amparado por su propia fe, aquella que le había enseñado a contener el revalsamiento del dolor que le causaran por la insidia, y la indiferencia, hasta tornarse en un hombre de extremada serenidad ante los embates...
Read more"Según cuenta la leyenda/historia, hace 500 años sobre la costa entrerriana del río Paraná vivía Panambí, india Minuán, hija de un cacique; desde la orilla contraria, vivía Nembyré, un joven indígena de otra tribu; perdidamente enamorado de esta india, cruzaba frecuentemente a nado el Paraná para caer en sus brazos. Con sus brazadas magistrales cruzaba el Paraná sólo para reunirse con su amada, pero la rivalidad entre sus tribus hacía imposible ese amor. En uno de sus viajes fue descubierto por los Minuán y fue obligado a bailar la Danza de la Flecha. Le ofrecieron varias flechas, una y solamente una, no estaba envenenada. Tuvo que elegir una e introducirla en su cuerpo mientras danzaba. En medio de giros y contorciones tomó la que él creyó que era la de la vida. Luego de realizar magníficas danzas y contradanzas con la afilada flecha clavada en su cuerpo, triunfa sobre la muerte. Panambí, de por vida fue suya..." El 25 de mayo de 1934 el indio de bronce de Luis Perlotti comenzaba danzar el ritual de muerte, en la rotonda de Alameda de la...
Read moreInauguración de LA DANZA DE LA FLECHA, obra del escultor argentino Luis Perlotti y que comprara en europa el Dr. Pedro E. Martínez y que donara a la Municipalidad de Paraná. Fue inaugurada el 25 de...
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