EL LIBRO PERDIDO DE CIRCASIA Viajamos 45 minutos desde Pereira a Circasia, Quindío, para asistir a los actos inaugurales del “V Festival de Cortometrajes de Mujeres Colombianas, Directoras y Productoras”, que por primera vez se celebraba allí y donde nuestra hija fue designada como jurado para calificar los cortos en concurso. Al terminar la jornada, tarde en la noche, la coordinadora general del evento, María Lila Quiroga Flores, nos invitó a visitar “El Libro Perdido de Circasia”. Confieso que hasta ese momento, de Circasia solo tenía la referencia de ser el único municipio colombiano con un cementerio libre, existente desde 1917. Pues Oh sorpresa, el Libro Perdido de Circasia, no es el título de un libro, es un sitio, un lugar acogedor, un refugio para caminantes del alma, a pocos pasos de la plaza principal. Allí, Diego Valencia Barco, su propietario nos recibió, pues es el anfitrión, cocinero por afición, librero de vocación, gran contador de historias, soñador empedernido. Diego es muchas cosas a la vez personaje alegre, atento, cálido y dueño de muchas anécdotas. Sabe que, hasta el fin de sus días, llevará dentro si el espíritu del librero, que no renunciara al olor a viejo de los libros de segunda, ni al sueño de establecer, con el apoyo de su familia, su equipo de trabajo y sus amigos, “un sitio de tertulia que sea reconocido por todos”, como él dice, “para compartir, entre la buena comida, el tinto y el vino, largas tardes y noches de lecturas y charlas con mis amigos, y los amigos de mis amigos”. En el aire del lugar flotaba el aroma de algo que me hizo cerrar los ojos, era el aroma de la masa madre recién horneada, albahaca fresca, y un toque leve a tomate asado. Era el olor de la pizza, sí, pero era mucho más. Era como un abrazo invisible que decía: “Bienvenido, aquí puedes quedarte”. Diego prepara la pizza con una masa madre especial, bautizada “Teresita” en honor a su hermana desaparecida. No es cualquier pizza, es una de las más afamadas de la región, hecha con la sazón propia de casa. Diego me habló de su amor por los libros, de cómo su hermana le sugirió el nombre de El Libro Perdido para su emprendimiento en pandemia, recordándole aquellas conversaciones familiares en las que ella le preguntaba: “¿Qué hubo del libro perdido?”, haciendo alusión al libro que durante muchos años buscó, “La canción del caminante”, del escritor Silvio Villegas, un ejemplar que le impactó en su juventud y que después encontró por casualidad, en una venta de segundas, en una acera de la fría Bogotá. En El Libro Perdido no solo hay libros, también hay pinturas, antigüedades, como una máquina de escribir Remington de 120 años, un antiguo alambique, una calculadora mecánica precursora de la eléctrica, electrónica y la digital. Diego colecciona lo que el tiempo deja atrás, fotos antiguas, revistas descontinuadas, y una colección Crisol de Aguilar. La mayoría de los libros han llegado por donación de los clientes, novelas románticas con dedicatorias desvaídas, enciclopedias olvidadas, poemarios con manchas de café. Diego calcula tener tres o cuatro mil títulos, y su colección sigue creciendo. “Acá nadie viene solo a buscar, aquí también se viene a dejar”, dice Diego, mientras señala una pila de libros donados. “Este es un lugar para compartir. Si a alguien le sobra un libro, lo deja. Si a alguien le falta un libro, lo lleva”. Y así, El Libro Perdido se ha convertido en un punto de encuentro, un pequeño faro en medio de Circasia, ese pueblo que respira libertad, donde el Cementerio Libre nos recuerda que la rebeldía tiene raíces profundas. Mientras tomábamos una copa de vino, Diego compartía su sueño: hacer de El Libro Perdido un epicentro de tertulias, un espacio donde los libros sean el pretexto para reunir a la gente, para hacer comunidad, para fomentar el turismo cultural y habló de su proyecto de crear un gran museo del libro en Circasia, una idea que merece el...
Read moreHidden gem! 1 block from main square. Diego is delightful and the restaurant’s conservative front shields a surprisingly thoughtful and welcoming -nooks and a 2nd floor court yard & secret garden with more tables - all the while surrounded by books ready to amuse your mind. Food is prepared with pride and care, and is obvious in the quality. We showed up with hungry teens- it...
Read moreEste es un lugar maravilloso en dónde además de poder degustar un delicioso café y algunas otras bebidas, se puede leer toda clase de literatura mientras se departe con amigos y familiares. El menú es variado y ofrece una pizza deliciosa. El propietario es una persona muy amable que ofrece un tour por el lugar, además de sumergir a los visitantes en el mundo de la literatura. Allí se pueden comprar libros. Super recomendado.
This is a wonderful place where apart from tasting a very good coffee and other beverages, you can read all genres of literature while you talk and share with friends and family. The menu is varied and it offers a very delicious pizza. The owner is a very kind person who offers a tour around the place, besides introducing visitors into the literature world. You can also buy some...
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