Al entrar por primera vez, tuve una impresión positiva. Pero con el pasar de los minutos, todo cambió, y terminé saliendo con la firme decisión de no volver.
El mesero fue amable. Su atención fue correcta. Sin embargo, otros aspectos me causaron mucha desconfianza.
Mientras sentado, observé a un empleado limpiando mesas con lo que parecía ser un trapo sucio. Minutos después, vi al mismo empleado agarrando las galletitas pequeñas que se sirven junto con el café: las sacaba del recipiente y las colocaba directamente en los platitos, con las manos, sin guantes ni pinzas. No tengo idea si siquiera se lavó las manos después de limpiar las mesas.
Luego, vi a otro trabajador sirviendo una porción de torta de queso. Tomó toda la rebanada con la mano y la puso en el plato sin usar utensilios, guantes ni ningún tipo de protección. Ver a dos empleados distintos manipular alimentos con las manos me da a entender que esto no es una excepción, sino una práctica habitual del establecimiento.
Al momento de pagar, no se me entregó factura. La pedí, y me solicitaron un número de WhatsApp para enviármela. Les dije que no tenía, y pedí un documento impreso. El encargado se molestó visiblemente y me preguntó si podían enviarla al WhatsApp de otra persona. Le respondí: “¿no se requiere según la ley entregar una factura?” A eso, reaccionó aún más molesto y comenzó a buscar un talonario para escribirla a mano.
Aunque al principio estaba preparado para dejar una reseña positiva, no volveré después de presenciar prácticas higiénicas tan pobres y sentirme incómodo por el simple hecho de pedir una factura.
Un establecimiento está legalmente obligado a entregar comprobante de pago. Si no se organizan para cumplir con este requisito, no deberían desquitarse con el cliente. Y en cuanto al manejo de alimentos, deberían implementar urgentemente normas básicas de higiene. Porque por más agradable que parezca el local, la confianza se pierde cuando se descuida...
Read moreUna joya gastronómica en el corazón de Pamplona
Visitar este lugar ha sido, sin duda, una experiencia memorable. Desde el primer momento se nota la dedicación con la que cuidan cada detalle. La calidad de sus platos es simplemente excepcional: ingredientes frescos, presentaciones impecables y sabores que conquistan desde el primer bocado. Cada receta está hecha con cariño y se nota en cada sabor.
Los precios son más que justos para la experiencia que ofrecen, lo cual se agradece en una ciudad como Pamplona. A eso se suma una atención de primera: el personal es amable, atento y siempre dispuesto a hacer que te sientas como en casa.
El ambiente es otro punto a destacar. El lugar es precioso, con una decoración cuidada, acogedora y con rincones que invitan a quedarse. Sin duda, un espacio donde apetece pasar el tiempo.
Y por supuesto, no puedo dejar de mencionar el café: el mejor de Pamplona, sin discusión. Aromático, con cuerpo y perfectamente preparado. Un verdadero placer para los amantes...
Read moreEn la mesa, el aroma se alza, suave y profundo, el café caliente danza en el aire, invita a un mundo donde las palabras fluyen, se entrelazan como ríos, y el tiempo se desvanece, apenas un suspiro.
La taza, cálida y amiga, sostiene en su interior el néctar oscuro que al alma da su sabor. Con cada sorbo, el día se aclara, la mente se expande, y la compañía, cercana, como un abrazo, no se hace grande, es perfecta en su calma, en su risa, en su ser, y el café se convierte en un momento de placer.
Las horas se deslizan sin que nos demos cuenta, las palabras son música, y la risa, lenta. El café en nuestras manos es más que una bebida, es el vínculo silencioso que teje la vida.
Es el gusto en el aire, la calidez en la voz, es la compañía que al alma le da su paz, su gozo. Un buen café y buena compañía, ¿qué más pedir? El mundo se olvida, y en este instante, solo...
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