Si vas, como nosotros, a primera hora (13:30), es la mejor experiencia porque tienes casi todo a tu disposición. Más tarde se llena, un poco demasiado (llega a ser un poco "palo" si te toca un grupo de amigotes gritones en la mesa de al lado). Aún así el local es acogedor y agradable.
Centrándonos en lo importante. El trato es especialmente bueno. Te explican todo con paciencia y cariño. Te dan ganas de pedirte toda la carta. Si pides de más, ellos, con muy buen criterio te aconsejan que no pidas esto o aquello porque entienden que es demasiado. Y aciertan 100%.
La comida es, sin lugar a dudas, lo mejor. Que para eso hemos venido. Se nota especialmente que la materia prima es de muy buena calidad. Voy a nombrar los platos que hemos tomado, pero no lo veáis como lo mejor de su carta, porque os aseguro que lo que veía en otras mesas no desmerecía en absoluto.
Las croquetas son para ponerlas en una vitrina. ESPECTACULARES. La de gambas y la de jamón ibérico. No te podría decir cuál estaba mejor. El "Guardia Civil" posiblemente el mejor que he probado. El cazón adobado, presentado de manera muy original es muy sabroso, nada seco. De sabor buenísimo.
Chipirón con alioli (especial), muy bueno. Y para finalizar el desfile de platos: los huevos rotos... madre mía, ¡Qué "güevos"! Reconozco que echaba de menos que los dos huevos que llevaba encima tuvieran la yema líquida 100%, y no era el caso. Pero el sabor del conjunto no desmerecía ese detalle.
Para terminar la experiencia: La torrija. Sin más. Sublime. El helado de vainilla "negro" es muy muy bueno.
No pagué yo, así que no os puedo decir si es excesivamente caro. Entiendo que hoy en día, está calidad en los platos se paga pero os aseguro que merece la pena...
Read moreSi buscas un lugar donde disfrutar de una cocina mediterránea, española y saludable, con productos de primera calidad y un trato cercano y profesional, te recomiendo que visites la tasca La Ultramarina, ubicada en la calle Roger de Flor nº 1. Se trata de un establecimiento acogedor y con una decoración cuidada, donde podrás degustar desde unas deliciosas anchoas en salmuera con pan de cristal, hasta unos suculentos chipirones con allioli, pasando por unas tiernas madejas o un sabroso rabo de toro estofado. Todo ello regado con un buen vino o una refrescante ginebra.
Pero lo que más me gustó de La Ultramarina fue la atención personalizada de Adrián y Cristina, los dueños del local, que se desviven por hacer que te sientas como en casa y te aconsejan sobre los mejores platos según tus gustos y preferencias. Ellos son los encargados de elaborar cada día las recetas con mimo y esmero, utilizando ingredientes frescos y de temporada. Destacan especialmente sus platos de mariscos y pescados, como las croquetas de gambas al ajillo, los caracoles o los mejillones al vapor, que te transportan al sabor del mar. También tienen opciones para los amantes de la carne, como el solomillo o las croquetas de jamón ibérico.
Y para poner el broche final a una comida o cena inolvidable, no puedes dejar de probar sus postres caseros, originales y sorprendentes. Yo me decanté por la torrija de pan brioche con helado de vainilla negra, y foie todo un acierto. La torrija estaba tierna por dentro y crujiente por fuera, y el helado tenía un sabor intenso y cremoso. Una delicia para el paladar.
En definitiva, La Ultramarina es un restaurante que no te dejará indiferente. Te lo...
Read moreMuy desagradables. Con el local vacío, entramos a cenar y ya de primeras nos dice el camarero/dueño mayor que está todo reservado, así que no podemos usar las mesas, que son unas mesas altas. Nos conformamos en la barra, y tratamos de elegir algo. Mientras, acuden otras parejas, a las que les dicen lo mismo, pero no quieren cenar en la barra. Este señor, al ver que se van, se permite el lujo de criticarles delante de nosotros. A todo esto, ha pasado un rato, y el local sigue vacío, con lo que le digo que, dado que no vamos a tardar mucho, que si podemos usar una de las mesas altas, que además está pegada a la barra. De malos modos me pregunta que qué es lo que vamos a cenar, lo que indica que lo que quería era sacar más recaudación con algún grupo mas grande, o quizá alguna otra pareja que le pareciera más glamurosa. Entonces interviene el otro propietario más joven, y me dice que nos podemos poner en la mesa. Entonces es cuando no quiero yo, porque veo que me han mentido, además de criticar a otros clientes. Había estado anteriormente, y la calidad me pareció buena, aunque caro, pero si lo merece no me importaba. Recuerdo que en los primeros días eran más amables. Supongo que ahora ya no les gustamos la gente del barrio y prefieren clientela más selecta, por lo cual les felicito, ya que en mi caso seguro que no me tendrán que volver a ver. Hay que ser elitista en el producto, pero también en el trato al cliente, y luego ya si acaso en el precio. En el segundo punto andan bastantes escasos, y mi...
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