El Cafetal, un rincón acogedor que albergaba más que solo tazas de café y deliciosos pasteles, fue testigo de una historia de desamor que dejó su huella en cada rincón de este encantador café. Era aquí, en la cálida atmósfera del Cafetal, donde nuestro amor comenzó y, lamentablemente, también donde llegó a su triste fin.
La historia comenzó en la Plaza San Martín, un lugar de encuentro que se convirtió en el prólogo de nuestra historia. Los encuentros en la plaza eran solo el comienzo de una tradición que pronto se convirtió en parte esencial de nuestras vidas. Después de pasear por los jardines y conversar durante horas, siempre terminábamos en el Cafetal, un lugar que parecía haber sido creado especialmente para nosotros.
Cada vez que entrábamos, el aroma del café recién molido llenaba el aire y nuestros corazones se aceleraban de emoción. Las conversaciones fluyeron fácilmente en las mesas de madera, y las risas resonaron entre los murmullos de los demás clientes. Aquí, bajo la tenue luz de las lámparas colgantes, nuestras miradas se cruzaron con complicidad y nuestros corazones comenzaron a latir al unísono.
Pero como en todas las historias de desamor, los obstáculos comenzaron a surgir. Las dudas y los temores se interpusieron en nuestro camino, y una distancia emocional comenzó a crecer entre nosotros. Cada encuentro en el Cafetal se volvió una lucha silenciosa por mantener viva una llama que parecía destinada a extinguirse.
Un día, mientras compartíamos un café, nuestras miradas se encontraron, pero ya no con el mismo brillo de antes. En ese momento, supimos que nuestro amor se estaba desvaneciendo como el aroma del café en una taza vacía. La tristeza llenó el espacio entre nosotros, y las palabras que habíamos compartido con tanta facilidad antes, se volvieron torpes y forzadas.
Nuestros encuentros en el Cafetal se volvieron menos frecuentes, y finalmente, el café se convirtió en el lugar donde tomamos la difícil decisión de poner fin a lo que alguna vez había sido una historia de amor apasionada.
Hoy, cuando entro en el Cafetal, el aroma del café ya no me llena de alegría, sino de nostalgia y tristeza. Cada rincón del café me recuerda a ella, a los momentos compartidos, y a la historia de amor que se desvaneció en este lugar especial. El Cafetal es ahora un recordatorio constante de que, a veces, el amor puede ser tan efímero como una taza de café que se enfría lentamente en una...
Read moreLocal Cómodo ,buena atención precios accesibles, posee un importante salón cubierto con varias mesas y despachan y sirven también en la barra. Un café relativamente nuevo, donde no hay mozos hombres.Todos los mozos son mujeres. Trabajan en horario corrido. A las 4:00 de la mañana el propietario ya está en el negocio y comienza a calentar más máquinas de café expresso. El "Cafetal", fue fundador por el padre de los actuales dueños hace estimativamente 70 años. Uno de los herederos se llama Fernando un hombre muy trabajador, simpático, y siempre de buen humor. El es el encargado de estar en el negocio a las 4:00 de la mañana y trabaja hasta las 13:00 PM, horario que es reemplazado por la hermana .Tienen muchas mesas en la vereda con sillas y sombrillas. El local cuenta con WiFi. El único problema serio que veo en ese negocio es que el propietario, Fernando es hincha de Godoy Cruz, equipo de fútbol...
Read moreEs un lugar que siempre se caracterizó por ser bueno y barato. Pero lamentablemente la gente que lo atiende en este momento deja muchísimo que desear. El chico de pelo corto con lentes que hace el café sumamente desubicado y maleducado, pésima atención de su parte, no solamente no prepara como corresponde sino que además le pone 0 esfuerzo y actitud. Le pedí que me haga un irlandés y me sirvió algo intomable, la crema cortada y en un vaso sucio. Le pedí que lo rehaga y no solamente se lo tomó pésimo sino que reaccionó mal. Tiró lo que había en el vaso y me sirvió el café solo sin crema y sin whisky otra vez en el mismo vaso sin lavar. Lo probó de mi vaso y me dijo "para mí está bien así". Cuando le dije que era un desubicado y un resentido me bardeó por un minuto diciéndome que yo no era quién para decirle si lo que hace...
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