Crónica satírica de la hostelería charra
Dicen que Salamanca es la ciudad universitaria por excelencia, pero la auténtica cátedra no está en la Facultad de Derecho ni en Filología, sino en los bares. Allí se imparten, a diario, lecciones magistrales de cómo pedir una caña sin ser acusado de alta traición a la dignidad hostelera.
Porque cuidado: levantar la mano ya no es un gesto inocente de “hola, ¿me atiendes?” No. Aquí se considera una afrenta personal, un desafío al código de honor del camarero salmantino, algo a medio camino entre retar a un duelo en la Plaza Mayor y ponerle piña a la hornazo.
El manual no escrito del bar charro dicta que el cliente debe esperar como en misa: en silencio, con la mirada baja, hasta que el camarero —ese sumo sacerdote de la bandeja— decida, magnánimamente, que ya es tu turno. Si levantas la mano, eres hereje. Si chistas, anatema. Y si se te ocurre hacer un gesto con los dedos imitando un boli para pedir la cuenta… directamente excomunión y destierro a Zamora.
Eso sí: cuando finalmente llega el camarero, te atiende con una mezcla de indiferencia olímpica y la velocidad de un caracol jubilado en huelga. Pero claro, la culpa es tuya, por no entender que aquí pedir un café no es un trámite, es un privilegio.
En resumen: Salamanca, tierra de tapas gratis, estudiantes eternos y camareros que te miran como si fueras tú el que trabaja para ellos. Y uno se pregunta, mientras mastica una croqueta recalentada: ¿no será que en realidad nosotros somos el espectáculo, y los camareros los verdaderos...
Read moreDecidimos sentarnos a cenar a principios de septiembre porque vimos bastante movimiento en el sitio. Yo había leído algunas reseñas en Google que comentaban el trato de la que debe de ser la dueña, pero aun así le dimos un voto de confianza.
Éramos cuatro: pedimos dos hamburguesas con queso de cabra, pero sinceramente la cantidad de queso era muy escasa en comparación con el tamaño de la hamburguesa. Con un rulo de cabra en condiciones ganaría muchísimo y no creo que fuese desorbitado para el precio que tiene.
Mi hermana y yo pedimos otra hamburguesa con bacon y algo más creo recordar (costaba 5 €) y pedimos añadir carne de pollo. Nos lo incluyeron sin problema y nos cobraron 5 € más solo por ese extra, así que al final la hamburguesa salió por 10 €. No me parece un precio desorbitado en conjunto, pero si piensas que solo ese trozo de carne cuesta 5 €, ya no parece tan barato.
Pedimos también unas patatas, sin mucho que destacar, correctas y poco más. En total la cuenta bien, los precios dentro de lo normal, aunque la calidad no me pareció de las mejores que he probado.
Eso sí, quiero destacar que la camarera joven que nos atendió fue súper agradable en todo momento, un detalle que suma bastante. En cuanto al trato de la dueña, en nuestro caso no tuvimos ningún mal gesto ni problema, aunque sí se nota que tiene un carácter bastante directo con los clientes, algo que en hostelería conviene cuidar...
Read moreCame here on a Tuesday night at the end of April, was the liveliest bar on the plaza. Ordered croquetas and a dish of eggs chips and jamon. Waiter was quick to take our order and the food came out really quick. It was very nice, large portions. Total bill with a glass of wine and large beer € 24.50, which i thought was...
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