Como ya han apuntado varias personas, se trata de un local inspirado en el más puro estilo ibicenco, espacioso, con música variada e incluso un "foodtruck" para reponer fuerzas... Paso a exponer mi opinión tras visitar este local el día de ayer:
Puntos positivos: el local es bonito, muy agradable y acogedor, acorde a la temática escogida, con espacios amplios (con un espacio central para bailar muy amplio, aunque no obstante no logra evitar la masificación a ciertas horas), una pequeña piscina decorativa con fuente (muy bonita, con una iluminación también muy bella) y en general con mucho encanto y buen gusto con la decoración (te hace sentir literalmente como si estuvieras en Menorca); las consumiciones incluidas con la entrada permiten cóckteles tipo Mojito, Piña colada, etc (otro puntazo a favor); la música es variada en estilo, para todos los gustos. Además hay dos ambientes VIPs para aquellas personas que gusten de hacer uso de este tipo de reservados. El personal es amable y muy profesional y los baños están limpios y cuidados.
Puntos negativos: una vez dentro no se puede salir con sello (así por ejemplo, si te has dejado la chaqueta en el maletero del coche y deseas salir a recuperarla, hay que volver a pagar la entrada; el motivo que aducen los responsables de seguridad es que es para evitar los "botellones" en el parking, aunque ya sabemos que la gente los hace igualmente antes o después; creo que se deberían estudiar fórmulas alternativas...); a partir de cierta hora hay una gran masificación (desconozco si la organización tiene previsto un aforo limitado determinado y su cuantía -presupongo que sí, para cumplir normativas legales vigentes y evitar tragedias por estampidas en caso de accidentes- y si hay un control exacto del número de personas que entran y salen, pero lo cierto es que a cierta hora en los espacios centrales "no cabe ni un alfiler" y es desagradable tratar de bailar en un espacio reducido donde tienes el aliento de la gente que te rodea literalmente "encima del cogote", además de recibir pisotones y empujones accidentales) y por otra parte, al ser un espacio abierto y estar permitido fumar ello supone una molestia para los no fumadores al tener que estar hacinados en la pista con gente fumadora que pueden quemarte la piel o la ropa y que impregnan de humo el ambiente y la ropa (sugiero a la organización habilitar una zona concreta para fumadores); por último, a partir de cierta hora intuyo que hay una mayor laxitud en relación al derecho de admisión y cumplimiento de normas en relación al "dress code" y el decoro, y es que, sin ánimo de sonar clasista o discriminatorio, a partir de cierta hora pueden verse algunas personas entremezcladas con el resto de la gente, que por decirlo de algún modo, "inspiran poca confianza".
Como conclusión final, los puntos positivos superan con creces los negativos, tratándose de un local muy recomendable al que espero volver, si bien hay aspectos mejorables a los que he hecho alusión mediante sugerencias/críticas constructivas a lo largo de...
Read moreMe apetecería escribir una opinión completa sobre este club de presunto “alto estanding”, pero no puedo… ni siquiera llegué a entrar. Íbamos un grupo de 15 amigos (chicos y chicas) y nos pusimos a hacer cola en el control de acceso. Uno de los guardias pedía DNIs con ese aire autoritario que suele verse en este tipo de sitios que trata a la gente como gentuza. Nada destacable. Entonces apareció su aprendiz de sargento, joven e impetuoso, con un ceño digno de estudio académico, y nos obligó de malas maneras a formar otra fila “para agilizar”. Nos metió prisa, nos ladró cómo colocarnos, hablándonos como si fuéramos delincuentes pedófilos en lugar de clientes.
Me sentí como si fuera un judío en plena Segunda Guerra Mundial entrando en un campo de concentración. Cuando llegó mi turno, soltó: “Con pantalones rotos no vas a entrar.” Yo consideraba que iba formal. Llevaba camisa y unos pantalones blancos estilo ibicenco ligeramente rasgados (muy POCO rotos). Según él, ya eso era incompatible con su idea de “prestigio”. Le pregunté si podía cambiarme y ponerme unos pantalones baggy que llevaba en el coche y usar esos. Me miró con tal prepotencia y soltó: “Tampoco.” Tenía tal ceño que habría dado terror en cualquier tribunal militar.
Aun así, fui al coche, me cambié, me envalentoné y como si estuviera en el control de un aeropuerto con una ak47 escondida cogí aire y me arriesgué a que se me echara encima y me apuntara con un arma, o eso es lo que parecía que iba a pasar con esa actitud que llevaba. Cuando me vio otra vez, incluso consiguió agravar aún más la voz y su ceño alcanzó una curvatura antianatómica. “Ya te dije que con baggy no vas a entrar.” La forma en que lo dijo fue tan violenta que me sentí afortunado de que me permitiera seguir con vida. Era como si estuviera demostrando delante de su compañero veterano que ya estaba preparado para controlar el acceso con esa actitud tan dictadora.
Mis amigos entraron, y yo me quedé fuera animándoles a que lo hiciesen (querían hacerme compañía y todos perder las entradas). Mi pareja incluso se quedó conmigo en la derrota. Al salir, alguien me comentó: “Este club ya no es lo que era, se han vuelto muy quisquillosos con el dress code.”
Resumen: En realidad no creo que sea mal club, de hecho, lo recomendaría a quien quiera sentir lo que es ser un pandillero en El Salvador… al menos en el control de acceso. En realidad empatizo con el de seguridad. Él solo quería cumplir su sueño de ser el justiciero de Gotham. Encima,seguramente estaba pasando un mal momento: imagino que lleva horas con esa camiseta de la sección de niños del Primark (para que se le marcaran sus imponentes músculos) y que el riego de sangre a la cabeza era un poco deficiente. En esas condiciones, pedirle un “por favor”, un “gracias” o un “lo siento, que no puedas pasar” sería esperar un milagro de empatía, cosa que su ceño...
Read moreMi visita a esta discoteca fue una auténtica pesadilla, y gran parte de la culpa la tuvo el portero calvo que parecía más interesado en presumir de sus músculos inflados por esteroides que en brindar una experiencia agradable a los clientes.
Desde el momento en que llegamos a la entrada, el portero nos miró de arriba abajo con una mirada despectiva y prepotente. Su calvicie reluciente no era nada en comparación con su actitud soberbia. Parecía creer que sus músculos sobredimensionados y su mandíbula cuadrada le conferían algún tipo de poder divino sobre los demás.
Una vez dentro, la presencia del portero se hacía sentir en todo momento. En lugar de estar pendiente de mantener el orden y la seguridad, parecía más interesado en exhibir sus bíceps hinchados y su pecho inflado, como si eso fuera a impresionar a alguien. Se le veía inquieto, mirándose en los espejos y ajustando su camiseta para presumir de sus supuestos logros físicos.
Además, su comportamiento hacia los clientes era grosero y desconsiderado. No tenía la menor empatía ni cortesía. En lugar de tratar a los asistentes con respeto, se comportaba como si estuviera en una competencia de culturismo, intimidando y juzgando a todos los que se atrevían a cruzar su camino. Su actitud agresiva y su lenguaje ofensivo generaban un ambiente hostil y desagradable en lugar de fomentar la diversión y el disfrute.
Para empeorar las cosas, su obsesión con los esteroides parecía afectar su estado de ánimo y su comportamiento de manera negativa. En varias ocasiones, pude presenciar cómo se volvía irritable y agresivo sin motivo aparente. Sus repentinos cambios de humor creaban un ambiente tenso y desalentador en la discoteca.
En resumen, mi experiencia en esta discoteca fue arruinada en gran medida por la presencia del portero calvo obsesionado con los esteroides. Su actitud arrogante, su comportamiento grosero y su falta de profesionalidad convirtieron lo que debería haber sido una noche divertida en una experiencia desagradable. No recomendaría este lugar a nadie que busque disfrutar de una noche agradable sin tener que soportar el maltrato de un portero tan...
Read more