No siendo esta la primera vez que pongo pie en chiringuito alguno, he de decir que rara vez he sido recibido con tanto agrado y cortesía como en esta santa casa de manjares y susurros del mar. En esta ocasión estuvimos con mi familia —nietos, hijos y algún que otro amigo de vieja data— y todos salimos de allí con el corazón alegre y el estómago satisfecho, cosa rara en los tiempos que corren.
Pero quien merece aquí todos los honores no es otro que el noble servidor Don Alejandro —o Ale, como los jóvenes le llaman con cariño y confianza—. Este caballero de las bandejas, con una sonrisa que no se marchita y palabras dulces como vino, nos atendió con arte, esmero y el alma de quien ama su oficio.
No solo nos trajo viandas y refrescos con rapidez y elegancia, sino que tuvo con los pequeños (mis nietos, llenos de energía) una paciencia más larga que la Cuaresma y más dulce que una almendra en miel.
El servicio fue tal que uno sentía estar en palacio, y la comida… ¡Bendito sea el cocinero! Porque el pescado sabía a mar, y el pan llegaba caliente como cuna de horno.
Así, dejo aquí esta carta abierta, para que todo viajero o vecino que busque buen trato y mejor mesa acuda sin temor a este paraíso junto al salitre. Y que Don Alejandro sea reconocido como merece: como un verdadero caballero de la hostelería.
Y no puedo dejar en el tintero a los dos juglares que se acercaron a nuestra mesa entre plato y plato, entonando un dulce flamenco con todo el arte que cabe en pecho humano. Uno de ellos, aunque contaba con una mirada distraída —más bien uno de sus ojos—, tocaba la guitarra con tanto salero que uno olvidaba por momentos dónde mirar. Nos hicieron reír, aplaudir y hasta palmear con alegría. Eso sí, un pequeño consejo para tan alegres trovadores: un poco menos de avaricia al pasar la talega no les vendría mal… que una sonrisa no siempre lleva suelto colgando. Pero arte, desde luego,...
Read moreSoy cliente habitual de este chiringuito desde hace tiempo y solo puedo decir que cada visita es un placer. Los nuevos dueños están haciendo un trabajo excelente: se nota la dedicación, el cariño en el trato y las ganas de que todo salga bien.
La comida está siempre fresca y muy bien preparada y el ambiente es insuperable para disfrutar de la playa. Además, la atención del personal es cercana y amable, siempre pendientes de que no falte nada.
El ambiente del local es especial: relajado y familiar, con ese toque de buen rollo que hace que te sientas como en casa. Ideal tanto para venir con amigos como en familia y disfrutar de la brisa del mar mientras comes.
Quiero destacar especialmente a Eli, la dueña, por su amabilidad y buen hacer. Siempre te recibe con una sonrisa y transmite esa tranquilidad y cercanía que hacen que cada visita sea aún mejor.
Los comienzos nunca son fáciles y han tenido algún que otro contratiempo, pero el esfuerzo y la ilusión que ponen en cada servicio merecen un reconocimiento. Están cuidando cada detalle para que la experiencia sea de diez.
Como sugerencia personal, creo que sería bueno que pronto le dieran al chiringuito un nuevo nombre, que refleje su propio estilo y marque el inicio de esta nueva etapa. Estoy seguro de que eso les ayudará a consolidar su identidad y atraer a más clientes.
Sin duda, un lugar al que volveré con mi familia y amigos una y otra vez, y que recomiendo a cualquiera que quiera pasar un buen rato frente al mar, con buena comida y...
Read more."...pero con el salero se ha arreglao no señora?" Está es la respuesta del camarero a la afirmación de que una ración de boquerones había salido sin sal ninguna. Lo que no pensó es que la sal vino muy tarde y que no es igual no. Este restaurante ya nos dio otro " buen rato" el año pasado pero mala suerte para nosotros se nos olvidó. Está vez empezamos con una tapa de arroz de un rojo y un dulzor intenso lo más seguro por el tomate frito que hayan usado. Seguimos con un espeto de sardinas claramente del día anterior ya que tienen un sabor muy distinto de una sardinas fresca y la carne no estaba prieta como debería al ser pescado fresco, después viene la paella , que nos ha dejado los dedos amarillos del uso y abuso del colorante ya que con los dedos solo hemos cogido el gambón , ha sido un arroz para olvidar . Para otro de los comensales se ha pedido unos boquerones que como he dicho han salido de cocina sin gota de sal y como ya sabemos los que cocinamos, rato después de servir no se arregla por echarle sal con el salero. En fin todo esto a un precio por encima de todos los restaurantes de la zona y en unos días de estancia los hemos probado a casi todos. A ver si este año que lo estoy escribiendo no se me olvida más y no "caemos " en el Error de volver...
Read more