Oculto en una discreta esquina del bullicioso centro de Coyoacán, donde el tiempo oscila entre avanzar o sentarse a escuchar, el Oh Alá es mucho más que un bar: es una experiencia delirante que flirtea con los sentidos y te transporta al corazón mismo de la trova. Ante la incesante turistificación que sumerge la noche coyoacanense en fórmulas insípidas y repetitivas, el Oh Alá ha sabido adaptarse al cambio sin rendirse a una modernidad que aspira a crear otro aburridísimo circuito Roma-Condesa, distinguiéndose por ofrecer una genuina amalgama de arte, hospitalidad y, claro, un buen trago, siempre buscando transformar un plan de fin de semana en un viaje bohemio lleno de magia y nostalgia al calor de una guitarra.
Y es que el primer acierto del Oh Alá son sus ambientes. Con una iluminación cálida y tamizada, presidida por la ya célebre Bombilla Verde, el espacio invita a contemplar sus muros salpicados de cuadros firmados por la multitud de artistas que han desfilado por sus tablas, algunos de la talla de Filio, Delgadillo u Oceransky. Pero la oferta musical no se agota ahí: cada viernes, el cruce de Hidalgo y Real San Lucas exhala magia al tenor de la brillante interpretación de Silvio Rodríguez por Javier Espinosa, del tan audaz como exquisito arte que irradia la voz de Luis Daniel Herca, del derroche irresistible de romance que inspira Juan Pablo Gómez, o de la intrépida e hilarante reinvención que hace Hernesto Rodríguez de clásicos inmortales. Basta revisar su cartelera semanal para constatar la frescura de un repertorio de eventos que sigue apostando por talentos consagrados y estrellas en ascenso.
El encanto fluye, asimismo, del personal, cuyo profesionalismo se caracteriza por la cuota exacta del calor de hogar y una espontánea simpatía que roza la complicidad. No hace falta entrar para advertir el esmero y la vigilancia incesante de la encargada Lluvia, la atenta perspicacia del mesero Frank y, si tienes la fortuna de verla, la diáfana cordialidad de la mesera Pam. Ojo: la atención es ágil, pero no impaciente -coherente con el ritmo contemplativo del lugar-, y tiende a sobrecargarse en eventos grandes, pero la espera siempre valdrá la pena.
La carta de bebidas, otra joya del Oh Alá, ofrece clásicos bien ejecutados y coctelería de autor que fusiona tradición con técnicas contemporáneas y bien equilibradas. Destacan opciones como el “Ojalá”, un fresco chapuzón de vino blanco y notas cítricas, y la "Bombilla Verde”, que desafía a los más osados con su mezcla de ron, tequila y vodka con un toque de menta (traída hasta tu mesa de un modo inusual y divertido). La selección de vinos es discreta pero curada, con etiquetas reconocidas que, combinando tradición y versatilidad, celebran los tintos intensos y los blancos frescos de España, Argentina, Chile y México.
El menú, aunque poco extenso, es coherente y cuidadosamente ejecutado por el Chef Antuan. Su peculiar estructura localista con tintes europeos y sudamericanos es una propuesta casual y apetitosa, ideal para compartir en un ambiente relajado. Las opciones clásicas (alitas, papas a la francesa y hamburguesas) se complementan con los sabores más elaborados de las empanadas argentinas, las brochetas de arrachera, la baguette de carnes frías o la papa al horno con distintos toppings, en una selección pensada para acompañar la bebida y satisfacer los paladares más diversos.
En suma, el Oh Alá es un santuario para quien busca extraviarse en conversaciones pausadas, cultura viva y música con alma. Su espacio íntimo invita a redescubrir la belleza de la contemplación en un mundo acelerado, convirtiéndolo en uno de los secretos mejor guardados por descubrir en Coyoacán.
LO MEJOR 😁 Los viernes de elenco: por $120 puedes disfrutar de hasta cinco horas de trova en vivo.
LO PEOR ☹️ La ventilación: un día caluroso puede convertir el de por sí reducido espacio en un horno.
IMPERDIBLE 🤩 Empanadas argentinas con una copa de vino tinto.
PUEDE MEJORAR😉 La presentación de algunos platillos, la organización en eventos grandes y una que otra mesa...
Read moreConsidero un desatino no saber tratar con propiedad cierta situaciones el personal de la gerencia mal.
Trataré de ser constructivo. Pero no sé por dónde comenzar.
Dónde comenzare mi crítica de la experiencia en este bar.
No hay vallet parking solo un vigilante nocturno que no inspiran confianza.
Apesar que el lugar es grande llegar es un dolor de cabeza. La entrada es obscura y no se identifica con claridad.
La entrada es un caos no hay quien reciba y la reservación mal escrita en un cuaderno horroroso Cuidar los detalles les genera una mejor impresión Me han invitado a bares menos pretenciosos y con mejor presentación de su entrada.
Es por eso que la organización del lugar deja mucho que desear.
Su concepto.. Es una suerte de tasca mal con conceptuada no existe una definición clara en su estilo.
nada mal para quien no exige nada mejor y no conoce de estilo.
Los alimentos regulares. Hubiera sido el colmo que los alimentos fueran peor.
Los cócteles, malos y caros. Piden demasiado dinero por una copa llena de hielo con jarabe de limón y Sin mezcal.
Las cerveza fría, más o menos... Mi refrigerador las enfría mejor.
Deberían de pensar en invertir por lo menos en unos tarros, para justificar el costo.
Pienso que deberá de tener como misión el brindar una mejor atención, servicio y calidad en los productos. En lugar tener como misión estar cazando propinas.
El sistema de facturación muy lento aún espero manden el correo con mi factura.
Lo único que hay por destacar Es la musica. Sin la musica el lugar no valdría ni por la ubicación.
Ojalá algún día lleven la atención y calidad de productos al mismo nivel de la musica que presentan.
Es un lugar con potencial mal aprovechado. Esa es mi nunca humilde opinión.
Esa es mi nunca...
Read moreDebes saber que mi experiencia en este bar fue de una sola vez y muy específica. Así que te comento desde esa anécdota.
Fue la presentación de un amigo músico que se está abriendo paso en la ciudad y en el país. Llegué con mi novia por la noche para disfrutar, en mi caso, de su música por primera vez. Desde el principio, el recibimiento por parte de sus trabajadores fue nulo. Realmente desconozco si deben hacerlo pero definitivamente no era un día común y corriente pues se trata de la presentación de un músico. Así que yo pensaba por lo menos se alegrarían de ser anfitriones ya que el lugar se jacta de una manera muy vistosa de haber sido para conocidos músicos en el pasado.
Ahora viene lo peor. La comida fue pésima, daba mucho a desear. Siendo un amante de la comida y aventurero por lugares nuevos, me llevé una gran decepción. Sólo probé unos nachos pero en serio no me dio ganas para más. Un plato redondo con totopos de reconocida marca con un pequeño bowl en el centro lleno de queso amarillo recién salido del refrigerador (No, no me equivoqué. REFRIGERADOR). A lo mucho pagaría 20 pesos por esos... no sé como llamarlos porque estoy seguro de que he comido nachos anteriormente, pero no fue así. Vaya que no.
En cuanto al servicio, preferí irme sin dejar propina. Mi primer trabajo fue como mesero por lo que sé reconocer un buen trato. Además no mencionaré un suceso bastante memorable debido a la naturaleza de este y que considero fuera de lugar.
En conclusión, no me quedaron ganas de perder mi tiempo en ese...
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