Llegué al Club Nàutic con hambre, sed y la certeza de que el mar me exigiría algo sabroso como ofrenda. Me sentaron en la terraza que da al puerto: mesas perfectamente alineadas, con vista a los yates meciéndose y ese murmullo marino que te hace creer que estás en la portada de una revista de verano.
Le di un vistazo a la carta y pensé: “Si esto no me conquista, al menos sus vistas lo harán” (y vaya que lo hicieron). Para empezar pedí unos mejillones al vapor con su salsita — si el mar fuera apto para hablar, estos mejillones serían su discurso principal. Luego me lancé por el plato fuerte: una lubina a la espalda, con ese punto de sal marina que no la deja ni sosa ni agresiva, redondeada con verduras al dente. De postre pedí algo ligero pero con chispas de atrevido: crema catalana con toque de cítrico, para cerrar con elegancia (y no salir rodando). De bebida, vino blanco local bien frío (porque tengo buen gusto).
Los mejillones no fallaron: jugosos, con ese aroma a mar que hace que después de morder pienses en mojar pan. La lubina fue magia: húmeda, con textura firme, acompañada de guarniciones que no robaban protagonismo, sino que bailaban en segundo plano. El postre fue suave, delicioso, y apenas me hizo pensar “quizá debería haber pedido dos”.
El servicio fue simpático, una mezcla de profesionalidad y cercanía. Cuando me quedé sin pan, aparecieron como por arte de magia. Cuando la copa estaba vacía, la rellenaron. Vi que algunos camareros ajeaban mesas como coreógrafos para que nadie tapara vistas. En momentos de terraza llena había pequeños retrasos (normal en sitio de belleza marina), pero nada que me sacara del mood.
El ambiente fue un combo de mar + charla + risas ocasionales + música suave que no compite con el viento. La brisa entraba entre mesas, me revolvía el pelo (con estilo), movía servilletas. Lo mejor: sentía que cada plato, cada sorbo, estaba acompañado del mar como coprotagonista.
Cuando salí, el cielo ya estaba entre rosa y azul profundo, el puerto se iluminaba con luces tenues y pensé “vale la pena venir aquí una...
Read moreVery convenient location on the island for cruisers, and a well-protected marina. No trouble getting a mooring on the spot twice in September without a reservation. Marineros were helpful. Good, clean showers and bathrooms, short walk to grocery stores for provisioning, coffee shops, restaurants, etc. Also a reasonably short walk to the beach. The sunset from atop the breakwater was...
Read moreNo es la primera vez que me pasa. Siempre que me paro a tomar un café por la mañana me suele suceder que me hacen esperar muchísimo, tanto para atenderme como para servirme como para cobrarme. Pero lo de hoy ya ha sido vergonzoso, he tenido que soportar como servían a todas las mesas de mi alrededor que habían llegado muchísimo después que nosotros. La chica que atiende la terraza es una auténtica incompetente, sin ningún tipo de ritmo. No tenía ninguna prisa y sin embargo nos ha ignorado. Y no ha sido un problema ni de mala educación ni de nada, aquí no hay excusa, es simplemente poca profesionalidad.
Al final, después de casi 20 minutos esperando un miserable café y un miserable zumo de piña, y viendo cómo servían zumos de naranja, capuchinos y todo tipo de cosas sofisticadas a las mesas de alrededor, eso sí eran alemanes, nos hemos levantado y nos hemos ido. Hemos tenido tiempo de ver como la chica salía con la bandeja con lo nuestro y ni siquiera sabía a dónde lo tenía que llevar. Se acabó, ya no vuelvo en mi vida. Que contraten profesionales, que los precios que cobran se...
Read more