Llevo años yendo a este chino, años. He comprado desde linternas que iluminan como el sol, hasta cuadernos que ya vienen con las respuestas escritas en mandarín. Me cae increíble la señora que atiende, la jefa absoluta del lugar, con su sabiduría de comerciante legendaria y sus empleados que ya me reconocen como ese cliente que siempre pregunta si hay bolsas de regalo “pero con brillo, pero no mucho, pero que no parezca de Navidad”. Todo bien, todo perfecto… hasta ayer. Ayer, amigos míos, conocí a la verdadera dueña del local. No, no era la señora china. Era una cucaracha. Una criatura ancestral. Un ente de la oscuridad con cuerpo blindado y antenas con Wi-Fi propio. Estaba con una amiga buscando una caja para un regalo, separadas por unos metros, yo concentrado en mi búsqueda, como un Indiana Jones de los bazares. Ella me dijo: “si encuentras una linda, muéstramela”. Yo, inocente, giré por uno de los pasillos, cuando de pronto, una sombra cruzó mi camino. Una mancha con patas. Una figura que no caminaba: se deslizaba como si tuviera licencia de conducir. Era una cucaracha. Pero no una cualquiera. No. Esta media el tamaño de una bombona de butano o del… miembro del mismísimo Nacho Vidal en estado de guerra. Pegué un chillido, sí, pero masculino, lo juro. Masculino con mayúsculas y con eco. Fue una mezcla entre un rugido vikingo y un grito de auxilio en falsete. Me dio un microinfarto. La vida se me fue, se me fue y volvió en un segundo. Y lo peor: la cucaracha me miró. Sí, ME MIRÓ. Me observó con una superioridad moral como diciendo “ah, tú eres el que siempre compra bolsas de colores chillones, ¿no?”. Y siguió caminando como si nada, como si fuera su tienda, como si pagara el alquiler. En ese momento llegó mi amiga toda feliz, pensando que había encontrado una caja con brillos y unicornios, y lo único que encontró fue mi alma escapando por la boca. Por supuesto que seguiré viniendo. Por supuesto que seguiré amando este lugar como se ama a un primo problemático: con cariño, pero con cuidado. Les pongo 4 estrellas porque el sitio lo merece. Pero la estrella que falta es por esa cucaracha que hoy vive en mis recuerdos, en mi columna vertebral y en cada esquina que doblo dentro de ese chino. Cuidado. Adjunto foto similar del ejemplar que vi. Está ahí. Observando. Y probablemente vendiendo...
Read moreHoy me quedado perplejo. Una compañera de mi empresa me ha pedido vacaciones para ir a Valencia a ayudar como voluntaria. Le he dicho que sin problema. Al rato me he sentido en la obligación de echarles una mano y me he ido a comprar escobas, guantes, etc. He ido a este bazar y cuando he ido a pagar me han preguntado si era para Valencia. Le he dicho que si, e inmediatamente me ha dicho el dueño que esperara un momento. Al poco rato ha aparecido con 600 guantes, 30 guantes de trabajo, palos para las escobas que había comprado, 10 espuertas de goma y todas las mascarillas que le quedaban. No se como agradecerles este detalle. Cuanta gente buena y solidaria hay en este pais, sea de aquí o de fuera. Os animo a comprar en este establecimiento. Creo que la gente que da, tiene...
Read morePuedes encontrar lo que en otros bazares de este tamaño y características. Lo que destaco en este concretamente, es la simpatía y agrado de todos los empleados. He podido comprobar siempre que he estado, que desde la chica que suele estar en la caja, (que siempre sonríe e interactúa con simpatía y conversación con los clientes cuando pasan por caja) hasta quien te pueda asesorar en lo que buscas; destacan por su amabilidad y agrado. Se compra mucho más a...
Read more