Roberto Bolaño comparaba la literatura con la lucha samurái en una metáfora recurrente. Ambos conceptos le servían para ejemplificar el realismo exacerbado, mágico y surrealista, pero brutal, con el que enfocaba sus novelas. Esta metáfora puede estirarse hasta el hastío, adaptándola a la vida artística, y más concretamente, a la vida literaria de Pamplona.
En este escenario propio de un friki con ínfulas, el Ateneo Navarro sería el principal dojo de Iruña, lugar donde se entrenan los más sabios samuráis. Los símiles no son pocos ya que a los samuráis se les exigía un cierto grado de cultura y academicismo, siendo muchos de ellos expertos calígrafos y dominadores de las artes plásticas.
En este dojo existen samuráis muy poderosos. Está José Luis Allo, con el que no tengo el gusto, pero con el que siempre es un placer cruzarse por las calles de Pamplona. Su aspecto vallinclaniano es inconfundible. En una ocasión coincidió conmigo en un foro, cuando dije que una charla del escritor Patricio Pron había sido un bodrio infumable. Allo me dio la razón y me sentí honrado. Hay muchos más, poetas, escritores, profesores.
Como ronin (samurái sin señor) nunca he sido capaz de inmiscuirme realmente en nada en toda mi vida, y menos en la vida diaria del Ateneo Navarro. Aun así he participado en algunos de sus proyectos, bien como espectador, bien como parte asociada. En una ocasión visité una exposición que organizaron en el planetario cuya temática era pinturas de flores. Fue enternecedor. En todas las actividades del dojo ateniense reina el buen gusto, la educación y el buen hacer para con la cultura. En mi opinión les falta un poco de fervor, un poco de locura ingenua. Creo que les iría bien montar grupos de acción poética y vandalizar mobiliario urbano, hacer performances sociales que puedan romper con el acomodamiento social de Pamplona, lanzar panfletos dadaistas y cosas así.
En la cultura japonesa existen dos prototipos de samurái ejemplificados en dos samuráis históricos: Sasaki Kojiro y Miyamoto Musashi. El primero era el más diestro espadachín del clan Sasaki y a él se asocian todos los valores propios de la disciplina, del respeto por lo dado y la pulcritud. Por otro lado está Musashi, un samurái sin clan, desaliñado y sucio. En él se resumen los valores propios de la identidad y la independencia, de las estrategias novedosas. Aunque Musashi dio muerte a Kojiro en un duelo, ambos samuráis son considerados equivalentes, son el ying y el yang del guerrero.
En Pamplona tenemos a nuestros particulares Kojiro y Musashi. El primero sería Luis Tarrafeta, quien fue vocal de la juventud del Ateneo durante años (posteriormente, el puesto lo ocupó Iker Andrés, otro gran guerrero). Luis lideró el Instituto Hermenéutico de Literatura Malabar durante mucho tiempo, un pequeño apéndice del Ateneo del que yo formé parte para la desgracia del resto de sus miembros. En este grupo nos dedicábamos a desmenuzar misterios propios de la literatura que nos llamaban la atención. Una delicia de taller. También es frecuente ver a Luis como monitor de cursillos, ponente en presentaciones de libros, o liderando su particular cruzada contra las pseudociencias. Somos muchos los que estamos en deuda con este poderoso samurái movilizador de personas. Un genio.
Si tenemos un Kojiro, tenemos un Musashi, y aunque poco tiene que ver con el Ateneo, es mi obligación mencionarlo aquí. Nuestro Musashi pamplonés no sería otro que Ignacio Pérez, Nacho para los amigos, regente del Café Cultural Remix. Se trata de un samurái muy querido, amante de la poesía, del ajedrez y de los monstruos de Lovecraft. Un gran conversador, apasionado de la literatura y organizador de recitales poéticos. El dojo de Nacho es maravillo, repleto de juegos de mesa, libros, papeles y bolígrafos. De obligada visita para el inquieto cultural.
El Ateneo Navarro es vital. Todas las personas que he conocido alrededor del mismo son entrañables. El arte está para que la vida merezca la pena, aunque a veces el camino es sinuoso y...
Read moreGente estupenda y actividades culturales para...
Read moreBuen sitio para escuchar. Una pena que no...
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