Abrió la puerta con audaz astucia y exclamó: '!Bienvenidos a Wall Street! ¡Aquí hay fiesta, chicos!' Si bien mi expresión de abrupta duda asaltó mi rostro y sentí unas cuerdas invisibles tirar de mí hacia algún lugar lejano, la gente que me acompañaba tenía el sitio en muy alta estima. Así que cedí: no tenía otra opción. Nos lanzamos hacia el interior del local, el cual poseía esa neblina de aroma etílico que vibraba al ritmo del reggaeton en el que se sumergía la sala. La decoración era de un comedido estilo americanizado, y sobre la barra reposaban un par de pantallas con los precios cambiantes de las bebidas. Había ambiente. Quizás demasiado ambiente: moverte por la sala era igual de complicado que resistir las ganas de tomarte otro descanso 'para aumentar la productividad' tras 15 minutos del estudio más tedioso del cuatrimestre. Tras varios momentos de un baile digno del más ebrio de los danzarines de la costa este, decidí tomarme otro chupito para saciar mi alcoholismo latente, por lo que me dirigí hacia el camarero. Esperando, con los brazos descansando en la barra, ante la soledad del momento decidí buscar inocentemente un ápice de conversación femenina que me diera la validación social adecuada. Giré mi cabeza y, a mi derecha, una melena negra y aterciopelada me sedujo con su magnificencia y perfección. Torpemente, toqué su hombro y se giró. Un rostro contrahecho, verde y escamoso, húmedo y brillante, se situó a 20 centímetros de mi nariz. Me quedé paralizado, y 'ella' sacó su lengua lentamente, acercándola a mi mejilla, y la lamió recorriendo los relieves de mis facciones. Estupefacto, quise huir de allí, correr como si no hubiese un mañana y dejar a mis amigos y, lo más importante, mi chupito atrás. Pero una luz cegadora se proyectó sobre mí. De repente, a mi alrededor no había nadie; esa criatura había desaparecido. La luz aumentó más y más en intensidad, hasta que no podía ver nada excepto un blanco resplandeciente. Desperté en un tubo de cristal lleno de agua, tubo en el que aún estoy, sufriendo. Llevo semanas aquí, y no sé que va a ser de mí. De vez en cuando, tengo lagunas de memoria: creo que hacen pruebas conmigo. Por suerte, tengo este móvil resistente al agua y puedo compartir esto con vosotros. El pub es un lugar decente. Pero, si decidís ir, tened MUCHO cuidado con los aliens. Yo no lo tuve, y no sé qué va...
Read moreLugar céntrico en Granada, situado en pleno Pedro Antonio de Alarcón, para tomar unas copas. Te sirven fuera y el personal es agradable. El baño un tanto cutre, aunque utilizable. Tengo dudas sobre la calidad de las copas (de las cuales estaban algo limitadla respecto a marcas) que nos sirvieron, pero sí que es gracioso ver cómo el precio de las mismas baja o sube como en la bolsa de Wall Street. Si no siempre puedes acabar tirando de cerveza como yo hice. Como muy bueno, destacar que tienen terraza, aunque dejan ponerse máximo 4 personas pese a que la limitación actual es 6 en exterior (por lo visto las policía les había llamado ya la atención en ese sentido, no se porque) En principio volvería a este lugar, no hay un gran motivo...
Read moreUna estrella porque no se puede poner cero. Vinimos con ganas de beber, gastar y pasarlo bien —lo que se espera de un bar de copas, ¿no? Pues aquí no. Por el simple hecho de que una botella cayó al suelo (ni siquiera dentro del local), nos vetaron la entrada como si fuéramos delincuentes. No estábamos haciendo nada, ni molestando, ni borrachos, ni mal ambiente. Solo un grupo de personas normales queriendo disfrutar.
Al parecer en este sitio la diversión molesta y el dinero de los clientes no interesa. Felicidades a la portera (o quien tome decisiones allí) por rechazar clientes con ganas de dejarse la cartera. Muy profesional. Si buscas un sitio donde te juzguen antes de cruzar la puerta, enhorabuena: lo...
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