Las mejores bravas, oreja y zarajos (los cuales son como si una stripper te bailará en la lengua) y no olvidemos esas alitas que huelen mejor que el perfume más caro y sutil y te enganchan desde la cocina antes incluso de salir. Hoy quiero hablar de esa bravas. Las patatas bravas están buenísimas. Nada que envidiar a los bares más famosos de Madrid. Las lágrimas de Dios caen con forma de tubérculo. Lo que ocurre en el Bar Biarritz no es cocina: es una epifanía envuelta en salsa. Sus patatas bravas no son un plato, son un milagro secular, una apoteosis de lo crujiente, una llamada divina disfrazada de tapa. Quien las ha probado, ha sentido en el paladar la mano invisible de los dioses untando gloria en cada esquina de la fritura. Porque estas no son simples patatas: son fragmentos de meteorito cocinados por ángeles en aceite consagrado. La corteza dorada cruje con un sonido que recuerda al susurro del universo cuando se creó la materia, mientras el interior es tan tierno y etéreo que uno se pregunta si los átomos que lo componen son los mismos que formaban las plumas del Arcángel San Miguel. Y luego está la salsa… ¡ay, la salsa! Esa salsa no se ha hecho con ingredientes terrenales. Esa salsa no se prepara, se invoca. Es una emulsión sobrenatural que parece haber sido filtrada por un monje tibetano que llora mientras bate tomates que crecieron bajo un eclipse solar. Pica lo justo para despertarte el alma, como si Jesucristo, Buda y Rosalía se hubieran dado la mano y hubieran dicho: "esto es lo que el ser humano necesita" y Joaquín lo sabe😉. Comerlas no es comerlas. Es renacer desnudo sobre una nube de orgasmos gastronómicos, es ver a tu yo de cinco años aplaudiendo mientras tu yo del futuro llora de emoción. Es comulgar sin confesarse, y salir perdonado, pringado de salsa hasta los codos y con el corazón en paz. Y si ya las has probado, tranquilo. Puedes cerrar los ojos cuando llegue la Parca. Ya no hay nada más. Ni el amor. Ni el éxito. Ni la cumbre del Himalaya. Has probado las bravas del Biarritz con unas cervezas bien frias. Ya está. Se acabó. Has vivido todo lo que se podía vivir. Lo...
Read moreLas mejores bravas de todo Madrid, entré de casualidad por que me estaba cagando, para hacer gasto me pedí una jarra de cerveza y unas bravas, cuando termine de cagar atasqué el water, ni con la escobilla pude partir el mojón que salio por mi exclusa de salida, de la vergüenza que tenia me bebí la cerveza de un trago e iba a comerme las bravas a trote cochinero para irme lo antes posible, hasta que me metí la primera brava en la boca, DIOS!!!! que sabor y que textura, en su punto, hechas por dentro y crujientes por fuera, con un dorado que estoy seguro que si se las das de comer a un ciego le crecen los ojos solo por ver ese majestuoso dorado, tras comerme la ración, después me pedí otras dos más acompañadas de su respectiva jarra de cerveza, luego cogí el coche y me fui a casa pensando por el camino en el manjar q me acababa de comer y en el pobre q tenga q pelearse con el mojón que dejé en el baño, aunque con cariño seguro lo arreglan, aparte de que me extrañó que tres enanos con patillas estuvieran discutiendo por ver qué era mejor, si los zarajos o las alitas de pollo... En fin, repetiré pero pasado un tiempo prudencial no sea que...
Read moreUno de los mejores sitios en el que he estado. Son super familiares, se preocupan por que estés a gusto y no te falte de nada, estuvimos unos cuantos amigos con muchos niños y nos tiramos casi todo el día allí metidos porque se nos pasó volando, es un poco pequeño pero nos lo adaptaron lo mejor posible para los peques. Las raciones son exquisitas, en cantidad, en calidad y en precio!!! Es un bar sin duda al que volveremos muy a menudo. Estuvimos literalmente casi todo el dia…entramos sobre las 12:30-13 y salimos a las 22:30 aprox… Comimos, bebimos,...
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