Mis queridos hermanos en Cristo, me veo obligado a levantar mi voz, con profundo pesar y urgencia, ante la reciente apertura de una discoteca en nuestra amada ciudad de Segovia, un lugar que, según ha trascendido, está atrayendo a nuestros jóvenes a lo peor de los abismos de la noche. Esta discoteca, en lugar de ser un espacio de entretenimiento sano y moderado, un lugar de cultura y luz divina, se ha convertido en una cueva oscura donde el alma se debilita y se aleja del camino de Dios. Las informaciones que llegan no son alentadoras: jóvenes entregados al alcohol, a lasperversiones y a la promiscuidad, elementos que se convierten en la soga que Satanás utiliza para atraer a las almas hacia la condenación eterna.
Estos pecados no son simples errores; son graves ofensas que hieren al Señor y nos alejan de la promesa del cielo. El Apóstol Pablo nos advirtió claramente en su Carta a los Corintios: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).
El alcohol, ese veneno que nubla la mente y destruye el cuerpo, es una puerta abierta al infierno. ¿Acaso no sabemos que el cuerpo es templo del Espíritu Santo? San Pablo lo dejó claro: “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).
Pero no solo el abuso de alcohol destruye el alma. También el libertinaje sexual, tan común en estos lugares de perdición, ofende gravemente al Creador. Cada vez que se fomenta la promiscuidad y se da rienda suelta a los deseos carnales, estamos contribuyendo a la degradación de la dignidad humana. La Escritura es clara: “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor, no con pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:3-5).
Nos encontramos ante un enemigo peligroso: la cultura de la noche, la cultura del pecado. No nos engañemos, amados hermanos, el que transita por este camino de desenfreno se aleja de la gracia de Dios y corre hacia la perdición. El infierno no es una metáfora; es una realidad que aguarda a aquellos que persistentemente rechazan la misericordia y la ley divina. Como nos advierte Jesús: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13).
Como pastores de las almas, no podemos quedarnos en silencio ante esta amenaza para nuestros jóvenes. Este sitio de inmoralidad está sembrando las semillas del caos en nuestra comunidad, y nuestra responsabilidad es la de advertirles y corregirles, con firmeza y con amor.
Es por esto que les pido, de manera urgente, que oremos juntos por las almas de nuestros jóvenes, por aquellos que han sido seducidos por los falsos placeres de la noche. Que el Señor tenga piedad de ellos, que limpie sus mentes y sus corazones, y que les conceda la gracia de regresar al buen camino, de convertirse en hombres y mujeres de provecho, que vivan en la verdad y en la justicia. Elevemos nuestras plegarias al cielo.
Hermanos, no dejemos de rezar por ellos y por nuestra ciudad, para que el Señor nos proteja y no permita que caigamos en las redes del maligno.
Con fervor en...
Read moreUn lugar que deha mucho que desear, sobre todo por el trato del personal en la entrada. A mí no me dejaron pasar bajo la excusa de que llevaba "ropa deportiva", cuando en realidad tenía un pantalón corto perfectamente decente, nada fuera de lugar y mucho menos inapropiado para el tipo de ambiente del local.
Lo más preocupante no es la excusa en sí, sino la sensación de que el verdadero motivo fue otro, mucho más incómodo: prejuicio. No sé si fue por mi tono de piel, mi forma de hablar o simplemente porque no encajo en el perfil de la clientela que ellos quieren mostrar, pero se sintió como una decisión más cercana al racismo que a un reglamento real.
Uno puede entender que un lugar tenga normas, pero lo que no se puede aceptar es que se usen de manera selectiva, para discriminar. Hay formas de decir las cosas y, sobre todo, hay formas de tratar a la gente con respeto, venga de donde venga o se vista como se vista.
No recomiendo este lugar a nadie que valore la igualdad y el respeto. La elegancia no se mide por la ropa, sino...
Read moreLamentablemente, mi experiencia en este local fue profundamente decepcionante y preocupante. A pesar de cumplir perfectamente con el código de vestimenta establecido, se me negó la entrada con una excusa vaga e infundada sobre mi ropa. Esta situación no parecía estar relacionada con la vestimenta en absoluto, sino con prejuicios más profundos que apuntan al clasismo o incluso al racismo.
No fui la única persona a la que se trató de esta manera, lo que sugiere un patrón de discriminación inaceptable. Este tipo de comportamiento excluyente no debería tener cabida en ningún establecimiento que se considere serio o respetable.
Un lugar que basa su trato al cliente en estereotipos y apariencias no merece recomendación alguna. Espero sinceramente que se tomen medidas para revisar estas prácticas y ofrecer un espacio verdaderamente inclusivo y...
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