Fuimos ayer en la noche de halloween con una amiga. Se demoraron 20 minutos en traernos una cerveza y un daikiri. Cuando por fin llegaron las bebidas, pedimos el plato y la señorita se excusa diciendo "que están full en la cocina", como queriendo que no pidamos los platos. Les decimos que a la otra mesa ya les llevaron las bebidas antes que a nosotros y nos dice que no (como si no supiéramos). Le preguntamos el tiempo de espera y nos dice media hora y le pedimos dos churrascos. Una hora esperando y la señorita desaparece. Llega un chico y le pedimos a él que preguntara por nuestros platos y le pedimos otra cerveza y otro daikiri. Nos trae las cervezas y después de unos diez minutos llegan los platos (luego de ya una hora cuarenta de espera) y nos pide disculpas. El churrasco estaba duro y tibio, las papas estaban más calientes. Para nada valen los $8.800 que pagamos por cada uno. Ni siquiera acabamos de comer y la señorita del principio llega y nos trae la cuenta. Le decimos que no la pedimos y nos dice que se equivoco, pero que igual podríamos pagarla ahora. Sacamos las tarjetas y pagamos antes de de terminar nuestros platos. Luego se va y cuando terminamos, el chico que nos atendió casi toda la noche nos da de nuevo las disculpas. Le decimos que no hay problema, ya que el si nos ofreció disculpas y su compañera nada. No eramos los únicos molestos, una mesa de atrás nunca les trajeron su comida y se fueron, mientras que la mesa de enfrente de nosotros pidieron y veinte minutos después, les informaron que la cocina cerro, cosa que fue responsabilidad de la señorita, ya que debió haberles dicho desde antes que la cocina cerraba en veinte minutos. Molestos pidieron la cuenta y se fueron apenas terminaron. En resumen, terrible atención, mala comida y caro. Para nunca más ir. No les pongo 1 estrella, ya que la atención del chico que llegó después de la señorita fue muy amable, a diferencia de su compañera que solo apareció para discutir con nosotras y pedir la cuenta...
Read morePésima experiencia, de principio a fin. 3 garzones escondidos tras la ventana, 15 minutos en tomar el pedido (garzón dijo que lo tomaba en seguida, pasó a dejar utensilios a la mesa del lado y desapareció, se desentendió). Otra garzona viene a decir que están preparando la sangría (solo apareció para eso y retirar 2 platos, además de retirar las copas 30 minutos que llevaban vacías en la mesa, el resto del tiempo se escondía tras la ventana). Las hamburguesas demoraron 50 minutos- mientras que a la mesa que pidió 30 minutos después le llegó en a lo más 10 minutos-. En esos 50 minutos ninguna información sobre la comida, garzones escondidos, si no los llamas cuando están atentiendo otra mesa no te miran ni dan info alguna (te dan la espalda). Ofrecen 2 café de cortesía (eramos 2 en la mesa), traen 1 solamente y el segundo ofrecen cobrarlo aparte. El administrador no dice nada, solo conversa con el de la barra, no está ni ahí, no tiene idea de nada, también escondido en la barra (mira al suelo, no sabe manejar la situación, no aparece tampoco). En resumen: no volvería ni lo recomiendo, lamentablemente no leí las reseñas antes, si no no iba. Un garzón solamente dio cara cuando dejé el reclamo. El resto del tiempo, y lo vuelvo a decir, porque es vergonzoso, pasaban escondidos, con miedo de asomarse a dar información sobre los pedidos cuando es lo mínimo que uno espera ante tal lentitud. PD: se me olvidaba: incluso fueron a preguntarnos qué habíamos pedido para tomar, literal pareció una burla, es como si la comanda se les hubiera perdido. La mesa de atrás (de 3 personas) le llegaron 2 pedidos con desfase, el tercer pedido no les llegó nunca, lo tuvieron que dejar para llevar y por suerte no se los cobraron. Terrible esa...
Read moreMi sobrino Rodrigo: un grito contra la indiferencia y la injusticia
Rodrigo, mi sobrino, trabajó en ese restaurante en condiciones laborales inaceptables: sin contrato, sin derechos, trasladándose constantemente entre dos sucursales, y sometido al bullying de uno o más compañeros de trabajo. A pesar de todo, siguió cumpliendo con sus labores. Lo hizo con responsabilidad, como cualquier trabajador que espera, al menos, respeto. En junio pasado, Rodrigo tomó la trágica decisión de quitarse la vida. Desde entonces, ni una sola palabra, gesto o muestra de humanidad por parte de quienes se hacen llamar “petfriendly”. Nada. Silencio. Desprecio. Ni siquiera una consulta, una llamada, una mínima inquietud sobre un trabajador que un día simplemente no volvió. Peor que un perro. No le pagaron imposiciones. No sabemos siquiera si le pagaron su último sueldo. Todo es difuso, sin registros, sin garantías, sin justicia. Mientras tanto, hay una madre y una familia que intentan entender qué ocurrió en sus últimos días, qué vivió y cómo fue tratado. No es solo dolor lo que sentimos. Es rabia. Es impotencia. Rodrigo era parte de una minoría que muchos dicen aceptar, pero solo en apariencia, cuando hay cámaras o redes sociales de por medio. En el fondo, la frialdad y el prejuicio siguen intactos. Secos por dentro, aunque se llenen la boca con discursos de inclusión. Ya ha pasado más de un mes. Esto no es solo un desahogo: es una denuncia moral. Porque cuando alguien que amamos se va así, en silencio, entre la indiferencia y la injusticia, no podemos quedarnos callados. Esto debe investigarse. Y sobre todo, debe cambiar.
FAVOR NECESITO SU APOYO EN PODER HACER VISIBLE LA INJUSTICIA QUE VIVIO MI...
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