📍Location: this place is conveniently located next to the main church and right in the heart of the old town of Ainsa. It’s a beautiful place.
😋 Taste: we ordered a menu: 1 portion of canelones with mushrooms, 1 portion of the Cazoleta d’Ainsa - it is a very typical meal here (longaniza, potatoes, mushrooms, pepper), 1 cheesecake and 1 vermouth. Others ordered a salad 🥗, entrecôte, ice cream 🍦. Honestly, everything was very well done. And it was so tasty. 10/10 to their chef.
💸 Price: we paid €18 per menu. At the beginning we thought it was expensive but more places we checked more we realized that the price is really okay compared to others (at some places they asked up to €30 per menu.
✨ Service: the staff was extremely friendly. They brought food fast. The restaurant and its territory was clean and pretty.
Overall, it’s a nice place to visit. We were very happy to be there ⚡️😊
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Read moreDado que google ofrece a los negocios la opción de vetar las opiniones de los usuarios descontentos en pos de seleccionar solo las reseñas que los favorecen, vuelvo a intentar publicar la mía que, pese a quien pese, no ofrece contenido ofensivo o con fines difamatorios, simplemente me limito a narrar mi experiencia gastronómica con una retórica muy particular:
El turismo masivo es indirectamente proporcional a la calidad; y este lugar infecto es el paradigma más representativo de este hecho. Alguien debería hablar seriamente con FACUA acerca de la libertad indiscriminada del uso de la palabra "casero" entre los hosteleros de este país. Para abrir boca decidimos pedir la ración de croquetas "caseras" de bacalao. No quedan, solo de jamón. La camarera insiste en que nos van a encantar, yo me aseguro de que son caseras preguntándole directamente, me lo afirma sin vacilar. No hizo falta probarlas, ese perfecto rebozado cantaba a leguas, efectivamente, nos han colado unas cancerígenas croquetas precocinadas. Cuatro croquetas para ser más concretos, a casi dos euros la unidad, una ganga, para ellos. Luego tabla de tapas regionales : paté de ciervo, salmón marinado especial de la casa, anchoas (en plural), longaniza de graus, chorizo asado, jamón y queso del lugar. Leído sonaba a gloria, no me importó a priori tener que pagar 14 euros por semejante despliegue de aperitivos autóctonos. El golpe de realidad fue demoledor al ver llegar siete trozos de pan tieso mojado en aguatomate. Cada rebanada chiclosa llevaba encima un muestrario del museo gastronómico de los horrores: un trozo de embutido indefinido que de ciervo tenía el nombre con unas huevas de falso esturión encima, un mar y montaña inviable; una lasca de salmón ahumado envasado, lo del marinado volvía a quedar en palabrería gratuita; una anchoa triste, solitaria y de lata; un trozo de chorizo criollo y otro de chorizo normal que solo eran distinguibles el uno del otro por el color; una loncha tiesa de jamón ya cortado en el super cuyo paquete debía llevar abierto más de una semana, y con un ridículo trozo de melón encima; y otra loncha de queso plastificado y cortado con serrucho coronado con media uva roja. Los catorce euros que más me han pesado en la vida. Para culminar el atraco, pedimos rabo de vaca guisado en vino tinto y chocolate y manitas en salsa especial con setas de la comarca. Y si llego a tener un lanzallamas encima, lo hubiese usado sin meditar. Los cuatro trocitos de rabo eran salvables, al menos estaban tiernos, del vino tinto ni rastro, el chocolate quedaba relegado a una miserable ralladura por los laterales del plato, cuatro patatas fritas congeladas y te cobro doce euros. Las manitas directamente era para estrellárselas a la cara al criminal que debía haber en la cocina, una salsa que directamente estaba mala, gustativa y visualmente. Venía rociada con un chorreón de vinagre de módena circundando el vomitivo plato. La mezcla de esa salsa descompuesta con el vinagre era perfecta como purgante. Creo que vi una seta (congelada) flotando en el mejunje venenoso. La camarera no se atrevió a preguntar qué tal pero si osó ofrecernos un postre "casero". Me negué en rotundo. El resultado fue indigestión, impotencia y rabia al módico precio de cincuenta y cinco euros (botella de vino incluida que eso no podía estar malo). Este tipo de negocios que vive de timar con saña a turistas, tristemente va a seguir llenándose cada día, espero que el relato de mi nefasta experiencia sirva al menos para evitar una de tantas estafas diarias que...
Read moreOne of my favorite restaurants of our entire road trip. Truly exceptional food. Every dish we got was a flavor bomb. We tried the albóndigas, gyoza and croquetas, and everything was absolutely delicious. Service was friendly and fast and the restaurant outside seating...
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