Es un sitio nuevo y se nota un poco en los detalles y la organización, pero es un lugar que merece la pena visitar y que tiene el potencial de ser una referencia de la zona. Nosotros fuimos (familia de 4, dos adultos y dos niños pequeños) en Noche Buena para cenar. Tomamos el menú predefinido por el restaurante para los adultos y dos menús de niños.
Hicimos una reserva para cenar a las 20:00 que entiendo en España es un poco pronto. Llegamos puntuales y el restaurante estaba aún cerrado, pero lo abrieron para sentarnos. Luego se tardaron unos 15 min en llegar a atendernos lo que es un poco inusual. Las servilletas de tela estaban aún húmedas. De nuevo, se nota que el lugar está aún refinando su operación.
A partir de allí la experiencia fue a más siempre. El servicio fue amable y todo fluyó a buen ritmo. El menú de Noche Buena es de precio más elevado de lo usual para la cena (aunque normal para este tipo de ocasiones y lugares) pero las porciones y la calidad de la comida valen cada euro que pagamos.
En primer lugar, las porciones son muy generosas y creo que llegamos a comer el 70% del menú antes de parar y pedir que nos pusieran el resto para llevar. Podían haber cenado 4 adultos con toda esa comida. Luego la calidad era inmejorable. Creo que el postre fue el punto débil de la cena. Estaba rico pero un par de niveles inferiores al de la comida. El vino incluido en el menú, tanto el blanco como el tinto, de buena calidad. Una curiosidad es que la bandeja de mariscos trae varias piezas de cangrejo, pero ninguna herramienta para abrirlas. Al preguntar si tenían alguna pinza o algo para abrir las patas y tenazas de los cangrejos nos dijeron que no tenían nada de eso. Quizás es un elemento que no suelen servir en el restaurante asturiano normalmente y al incluirlo en el menú Navideño no se han percatado de las herramientas que se necesitan.
El menú para los niños era igualmente rico y generoso. Mucha más comida de la que podían comer ellos. Nos trajimos la mitad a casa. Todo muy rico y bien preparado. La atención con los niños fue de cordialidad y paciencia. Se aprecia el esfuerzo del personal para hacer a todos sentirse bien en una noche especial.
Por último, la decoración Navideña fue de lo mejor del sitio. Se nota que han puesto mucha atención a cada detalle y el lugar realmente tenía un ambiente festivo y elegante. Buena música, aún con el lugar lleno de comensales se podía conversar tranquilamente. Nos llevamos una grata experiencia en familia y mucha comida a casa. Sin duda...
Read moreWe booked at 12:30 since both the schedule in the restaurant and the website allowed it. Our surprise was that when we arrived it was closed and when we knocked on the door, the maitre told us that they saw our booking but instead of letting us know in advance, they just ignored it. So we had to go for a walk, till 13:30. Food was good but the service was awful… They changed our table and even though we ordered all the food to be served at the same time, it came individually and we had to claim it. And the worst thing is that the maitre went out for a smoke in the middle of the service, I have never seen that before… He smelled like cigarretes which definitely made our lunch...
Read moreCómo arruinar tu cumpleaños eligiendo “el restaurante perfecto”
Hay decisiones en la vida que marcan un antes y un después: cambiar de trabajo, mudarse de ciudad… o celebrar tu cumpleaños en un restaurante con “excelentes valoraciones”. Porque claro, ¿qué podría salir mal?
Después de leer tanta crítica positiva, me hice la eterna pregunta: ¿Me fío de las opiniones y no voy… o voy y dejo la mía? Pues nada, opté por la segunda.
El sitio, de entrada, muy chulo: decoración cuidada, ambiente agradable, esa primera impresión que te hace pensar “esto promete”. Pero ya sabemos lo que dicen: prometer no empobrece.
El servicio (o cómo poner a prueba tu paciencia en 3 actos)
Acto 1: La carta. Tardaron apenas 21 minutos en traerla. Tiempo suficiente para filosofar sobre el sentido de la vida… o para aprenderte el menú de memoria viendo pasar platos ajenos.
Acto 2: El vino. Después de pedirlo por tercera vez (a la tercera va la vencida, ¿no?), llegó cuando ya habíamos terminado los primeros. Eso sí, perfectamente refrigerado: directo del Polo Norte, con una temperatura digna de pingüinos y no de un Barón de Ley.
Acto 3: Los segundos. Llegaron, sí, pero entre confusiones varias sobre quién había pedido qué. Pequeño detalle logístico sin importancia (para ellos).
El colofón: los postres (invisibles)
Los postres tenían muy buena pinta… en las mesas de los demás. Porque en la nuestra, la comanda nunca se tomó. Tras 25 minutos de espera y sin señales de vida, desistimos. Ellos sabrán: el negocio es el negocio.
Conclusión
El servicio… bueno, digamos que he ido dejando pistas. Disculpas, pocas. Excusas, demasiadas. Malas caras, aún más. Y que el encargado se excuse diciendo que lleva dos días… eso ya roza la comedia.
Si nadie endereza este barco (gerencia incluida), le auguro un futuro brillante… con un gran cartel luminoso en la...
Read more