Este comercio de casi 150 años de antigüedad es un orgullo para la ciudad. Los helados son patrimonio gastronómico de Oviedo, exquisitas obras maestras, los mejores que haya probado jamás.
Este es el local más antiguo, aunque, realmente, el segundo tras la originaria instalación en la calle Fruela como comercio itinerante durante la temporada navideña en los primeros años de la tienda. Existe otro local en la calle Milicias Nacionales. No siempre disponen de los mismos productos en una y otra tienda.
Sus turrones, dulces navideños, helados —de febrero a noviembre, aquí somos del norte— y demás innovaciones de sus incansables creadores (como el bueno de Chus), llenan a los ovetenses de gozo y nos transportan a nuestra infancia más golosa ya desde el momento en el que esperamos la cola naguando mientras miramos ese ya tradicional escaparate.
Artesanía, dedicación y exquisitez son las señas de identidad de este negocio instalado en el 1878 en la capital asturiana procedente de Jijona, desde donde trajeron el buen hacer turronero y lo presentaron como delicatessen a la "muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo".
Recuerdo, durante mi infancia, pasar por el arco del Ayuntamiento al salir de la Escuela de Música para dirigirme junto con mi abuelo a por un helado —que probablemente quería más él que yo, hoy le entiendo perfectamente— de nata montada o turrón (los únicos que se venden durante todo el año). El trato era sencillo, si conseguía recitar de memoria el lema de la ciudad, compartiríamos un helado. Y así es como Verdú y el lema de la ciudad de Oviedo son, en mi imaginario particular, inseparables representantes de Ovetus, Vetusta o la...
Read moreEMPLEADA MALEDUCADA, CON TOTAL FALTA DE CONSIDERACIÓN Y RESPETO AL CLIENTE Y UNA AUTÉNTICA GROSERA Hace 15 días acudí a Helados Diego Verdú de C/ Milicias, de las 2 empleadas que había buscaba que me atendiera una en concreto, pues la otra, me había atendido en otra de las heladerías y ya había comprobado yo que carece de las más mínimas normas de higiene, es decir, es una auténtica cerda, en concreto coger el barquillo con las manos para introducir el papel protector, además de no tener el pelo recogido y utilizar guantes que están de coger dinero, reponer cajas y helados....Se lo dije en reiteradas ocasiones, haciendo caso omiso de mis advertencias.. Ese día y tras varios intentos haciendo cola y dejando pasar el turno a personas que venían tras de mí para evitar que me atendiera ella, me increpa sin mediar palabra por mi parte, diciendo que "puedes marcharte, porque ya que no quieres que te atienda yo la otra chica no te va a atender porque yo soy la encargada y lo digo yo", todo ello de forma chulesca y prepotente. Ante tal actitud, dado que había más personas opté por marcharme. A los pocos días acudo a comprar otro helado, y al verla allí le recrimino su actitud, y lejos de una rectificación o disculpa por su parte, me grita e insulta y me dice que no me va atender ninguna de las empleadas, había 2 en ese momento, que se pusieron de su parte, una gritando y la otra, a la que me dirigí para comprar un helado, me ignoró comportándose de manera falsa y cínica. Mientras estén esas “tipejas” atendiendo en esa...
Read moreSábado 25 de Noviembre, 19h aproximadamente. Llevamos más de media vida comprando todos los dulces de Navidad en este establecimiento. No es por exagerar pero las calidades que venden son de lo mejor que se puede uno encontrar. Calidad y variedad para satisfacer los paladares más exigentes. Hasta el helado de turrón es una delicia. Sin embargo el trato de la chica del establecimiento principal deja mucho que desear. No entro a valorar si a día de hoy una sonrisa es imprescindible, es algo mucho más básico. No se debería de salir de ningún comercio teniendo la sensación de que uno les deba dinero. La sequedad y las caras largas están diametralmente opuestas a trabajar de cara al público y la gerencia debería de cuidar muy mucho estos detalles que son fundamentales. Un 10 en calidad y variedad y un 1 en calidad de atención al cliente. Al salir nos despedimos y le deseamos una buena tarde y por lo menos nos contestó. Una pena, ya que si quisiera comprar otros tan buenos turrones como estos (El Gaitero p.e) nos iríamos a algún supermercado y seguro que la cajera nos atendería muchísimo mejor. La cliente que iba delante de nosotros al oírnos despotricar fuera en la calle se unió a nuestras quejas (calidad-precio-servicio) y todo acabó en unas risas, pero ese no es el tema. Quizás las quejas se deban de empezar a plantear en el propio local, primero de palabra y luego por escrito, quizás así la cosa cambie. En un mundo en el que cada vez hay más oferta, la calidad ya no es lo que marca la diferencia por...
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