Hace una década, en la vibrante Rúa Rosalía de Castro, José Cruz abrió las puertas de La Goulette, un humilde refugio donde la noche de Vigo comenzó a tejer su propio hechizo. Lo que nació como un simple bar de copas se transformó, con el paso de los años, en un santuario de la coctelería: un lugar donde los cócteles no se sirven, se conjuran.
Aquí, cada trago es una pócima forjada con el fuego de la pasión y la destreza, que despierta los sentidos y enciende el alma. Los años pulieron su carta, y el espectáculo creció como un dragón en pleno vuelo. La Goulette no es solo una barra: es un escenario encantado donde la coctelería acrobática cobra vida, y cada gesto de José Cruz es un sortilegio que atrapa el tiempo y embelesa a quienes lo observan.
José, maestro de ceremonias carismático y perfeccionista, mueve las botellas y cocteleras con la gracia de un guerrero danzante. Sus movimientos, elegantes y casi hipnóticos, hacen girar el aire mismo, mientras las risas y sonrisas de los que le rodean parecen encantamientos que alimentan su arte.
Entré con mi mujer sin saber realmente dónde nos adentrábamos… y salí marcado, no solo por el sabor de lo que bebimos, sino por la experiencia vivida. Una vivencia tan real y tan viva como una leyenda que se susurra al calor de la lumbre.
Y eso que, siendo de A Coruña, uno lleva al Dépor tatuado en el alma desde que tiene memoria. Pero hay que decirlo claro: siempre sentí respeto por Vigo, y puede que, si hay un segundo escudo que miro con afecto, sea el del Celta. Porque en el fondo, más allá de la rivalidad, compartimos tierra, idioma, lluvia y alma. Y en La Goulette, todo eso se percibe como un hilo invisible que nos une. Aquí no hay bandos, solo viajeros que encuentran refugio bajo la misma luz cálida. José Cruz, como un buen anfitrión de tierras antiguas, sirve sin preguntar de dónde vienes, solo qué te hace sentir vivo. Y en su barra, hasta un deportivista puede brindar con alegría por el arte celeste. Aquí, la única competición que importa es la de quién prepara el mejor cóctel… y José Cruz juega en otra liga.
Entre copa y copa, compartimos con él una charla que fue más que palabras: un conjuro de gustos musicales y melodías que parecían surgir de otro mundo. Tan inolvidable como la presencia de Michael Jordan en la cancha o la voz de Elvis Presley resonando en un teatro lleno. Sin duda, la mejor música que he escuchado en un local de copas. Un telón sonoro perfecto para una velada mágica.
Con cada giro de muñeca, con cada sonrisa nacida al otro lado de la barra, La Goulette demuestra que la verdadera magia no está solo en lo que sirves, sino en cómo haces sentir a quienes cruzan tu umbral.
Desde hoy, La Goulette será mi bastión y refugio. Mi local de referencia cada vez que viaje desde Coruña a Vigo. Porque hay lugares que no solo visitas: los llevas contigo. Y porque, a veces, incluso un deportivista puede rendirse sin dudar ante el...
Read moreAcudo con cierta regularidad a este local para tomar algo y charlar con algún grupo de inglés y siempre nos han tratado estupendamente. Tiene unos precios razonables acorde a la zona en la que está. Ponen siempre algo de picar e incluso reponen. Tanto dulce como salado. El baño está en el piso de arriba y el techo es algo bajo, por lo que debes ir con cuidado si eres una persona alta. Los baños están limpios. Suelen poner música mixta entre nacional e internacional. Priman el rock, el punk de los 70, el hardrock y el pop-rock. No es un local amplio aunque tiene una segunda planta inferior que abren para fiestas de más de 12 personas, si se reserva con anticipación suficiente. La terraza tiene un par de mesas muy interesantes si se va en grupos de tres...
Read moreLocal pequeño, con buena música y ambiente agradable. El barman un show. Me ha gustado el detalle del cuenco con las chucherías. Solo le pongo dos estrellas porque fui a propósitos a ese sitio para tomar un cocktail y, lamentablemente, estaba muy malo. Yo me pedí un mojito al que le faltaba azúcar y una hierbabuena con aroma. También comentar que estaba súper aguado, como si ya estuviera hecho con antelación. No quiero pensar mal, pero realmente no lo vimos como lo prepararon ya que estábamos pendientes del barman mientras hacía la caipirinha de mi acompañante, a quien tampoco le gustó su cocktail. Posiblemente le vuelva a dar otra oportunidad (quizá el mojito y la caipirinha no...
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