Pocas veces salgo de un restaurante con la certeza absoluta de que repetiré pronto, pero hoy ha sido uno de esos días en los que la experiencia roza la perfección. Desde el inicio, el servicio de Mónica ha sido sencillamente espectacular: comenzando por unas cañas tiradas con la profesionalidad que uno sueña encontrar, manteniendo la capa de espuma intacta hasta el último sorbo, ese pequeño detalle que eleva la categoría de cualquier bar o restaurante. El servicio en mesa de Lucía ha estado a la misma altura: atenta, elegante y siempre pendiente de los tiempos de la comida, sin agobiar, con una sonrisa y profesionalidad que se agradece y se recuerda.
La elección del vino ha sido otro acierto rotundo. Nos han recomendado un Empordà monovarietal de Garnacha, un vino divertido de beber, con su sabor fresco a cereza y ese toque sutil de roble que te acaricia el paladar y marida con elegancia con carnes suaves. Fue el acompañante ideal para la pluma de cerdo ibérico a la brasa, perfectamente sellada y jugosa en su punto exacto de cocción, con unas patatas fritas caseras que no solo cumplen, sino que brillan en su sencillez.
Los entrantes para compartir son de los que te hacen soñar con volver antes de haber terminado el café. Probamos unas patatas bravas que podrían estar entre las más divertidas de la ciudad, con un juego de especias perfectamente balanceado sin perder un ápice de su esencia tradicional: crocantes por fuera, suaves por dentro, con un alioli y salsa brava dignos de ovación.
Pero el momento álgido llegó con los berberechos. Por sugerencia de uno de los camareros, los pedimos con una salsa cuya receta nos han pedido que no revelemos, pero puedo afirmar que son los mejores berberechos con salsa que hemos probado jamás los comensales de la mesa. Brutales, directos, limpios de sabor marino y con un aderezo que los hace adictivos.
La ventresca, un manjar que habla por sí solo, sin necesidad de retórica.
No comentaré todos los platos porque este lugar merece ser descubierto paso a paso, plato a plato, copa a copa. Solo diré que hemos comido de película y, con vino incluido, la cuenta no llegó a 50€ por persona. Un precio más que justo para la calidad, la elegancia del local y la profesionalidad de un equipo que sabe lo que hace y, sobre todo, disfruta haciéndolo.
Amenazo con volver. Un 10...
Read moreCasa Fiero se va a convertir sin duda en un imprescindible de la zona desde el primer momento. ¡No podía ser menos cuando los chicos que crearon y dirigen Maleducat se han lanzado a por su segunda aventura!
En mi cena probé los daditos de bacalao rebozados con mayonesa de ibérico (una delicia), la tosta de atún que no falla, el steak tartar, los berberechos a la cazuela con una reducción de jerez, los emblemáticos puerros que se han traído del Maleducat, una jugosa pluma ibérica con pimientos y cerré con el milhojas de haba tonka. Todo exquisito. Me quedé con ganas de probar la oreja de cerdo o los fideos. ¡Volveré un mediodía en modo disfrutón máximo!
El ambiente está cuidado y es de un estilo de bistró francés con esencia setenteros y toques muy personales, desenfadado y chic a la vez. Puedes saludar a Mariscal o a C Tangana quienes presiden la pared principal entre otros... Dan ganas de tomarse cócteles de principio a fin, vamos, de esos sitios que si te hacen esperar en la barra (muy guapa por cierto, al principio del local), lo haces a gusto. La iluminación es acogedora e impecable, se nota la mano del equipo de diseño, no hay detalle que se haya descuidado, se respira armonía.
Casa Fiero es una clara apuesta por el producto y la gastronomía liderada por el Chef Victor Rodenas y su equipo. Además el restaurante tiene una cocina abierta que expone sin tapujos a los comensales al oficio y es toda una declaración de principios: producto, cercanía, técnica con mucho oficio. Personalmente me he hecho fan de esta fusión entre cocina de tradición catalana actualizada con giros inesperados, con mucha habilidad técnica, sin demasiados formalismos y con mucho mimo al producto y al cliente sin caer en clichés.
La carta de vinos, con unas 150 referencias, cubre todos los paladares y bolsillos. Marc es un fenómeno y siempre tiene un buen consejo para acompañar los platos. Si tienes que ir a copas, como es mi caso, hay un buen número de vinos a copas, cócteles con y sin alcohol.
En conjunto, una propuesta vibrante y sólida que equilibra audacia y respeto al producto. Ideal para ir en pareja pero también con un grupo de amigos, para ir de platillos o acabar con una buena chuleta o una buena...
Read moreFuimos tres personas y dos no llegamos al postre. La idea del local es una oferta amplia y variada de platos a compartir y rematar luego con brasa. Nosotros no llegamos a la brasa y nos deleitamos en las opciones a compartir. Sin haber probado la brasa fue una excelente opción. Tomamos croquetas de jamón - sublimes, me recordaron a las del Echaurren de Ezcaray-, ensaladilla rusa -digna, pero un punto sosa-, tostadas de tartar de atún -espectaculares y mira que el rabanito nunca me ha gustado-, patatas bravas -son las del maleducat y conviene pedir pan para mojar ese espléndido tomate-. Seguimos con una ensalada de tomate aliñado con ventresca -el tomate merecía ser de Barbastro-, huevos rotos con gamba roja y panceta -todavía sueño con ellos- y oreja de cerdo con parmentier y piparras - a quien le gusta la oreja, la disfrutó, yo me quedé con la parmentier cremosa y fantástica con el jugo del asado-. Sólo un comensal llegó al postre tomándose un cremoso de mango con manzana granizada y helado de yogur -el plato quedó para volverlo a utilizar-. El servicio fue fantástico, cuánto han aprendido estos chicos desde El maleducat. Nunca tocó esperar, no se acumularon los platos. Todo bien secuenciado y muy atentos sin hacernos sentir agobiados. Ambiente vintage, retro; pero no recargado. La cocina, la veíamos pefectamente desde nuestra ubicación, trabajaba perfectamente coordinada y con alegría y sonrisas. Por ponerle un pero hablaría del ruido. Había varias mesas de muchos comensales y en ese tipo de cenas se tiende a elevar la voz más de lo normal. Pero, pese a tener una de ellas a mi espalda, nunca se trató de una molestía que nos impidiese disfrutar.
Un gran sitio que, si no pierde la fuerza del arranque,...
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