Hacía tiempo que no sentía una sala de restaurante tan a gusto y tan tranquila como la de Caja de Cerillas. Acudimos cuatro personas a cenar y la verdad que el lugar fue totalmente acogedor con nosotros (la atmósfera es recogida, discreta y hogareña sin necesidad de ser explícitos) y las personas que nos atendieron de igual forma cuidaron nuestra estancia (quizá a veces incluso demasiado).
Partiendo de esta puesta en escena se sirve la incoherencia entre lo comido por lo servido. Desde el concepto hasta lo que fuimos a buscar, a llevarnos a la boca.
Al sentarnos la primera premisa que nos da la persona que nos atiende: “Ya ven (con gesto de señalar el ambiente del local) que aquí buscamos que esto sea como el salón de casa”. Entonces, ¿por qué caja de cerillas?, si el local es pequeño pero cómodo y no estamos ni pegados ni compartiendo mesa unos con otros, ¿las cerillas vienen por incluir una sección de brasa y por tanto algo de fuego en la propuesta? Si la experiencia empieza con narrativa tiene que tocarlo todo.
Ojeamos la carta con asesoramiento de otra de las personas de sala que después de comentar su estructura (tapas-primeros-principales-brasa-postres) nos señala al menos cinco platos que no están disponibles esa noche, alegando más tarde en la cena que “como se acerca el finde estamos bajo mínimos”. Me hubiera gustado probar las judías verdes y la empanadilla de atún.
Entrando a hablar de lo comido. Quizá no soy la mejor cartera para una carta así pero cuando como me gusta encontrar coherencia y cariño. Y tienen que venir juntos.
Pedimos:
Tapas: Dos tajadas de bacalao. Rebozadas, fantásticas de tiernas y con una espectacular salsa de unte para acompañar. Dimensión 3x7cm por tajada, precio 8e por unidad. Cariño sí, coherencia con el salón de casa, no lo sé.
Sardinillas picantes. Salen en plato y bañadas en el escabeche picante. Lomos gordos y carnosos. 4 ud. muy disfrutonas pero cuéntame más. Podrían haber salido de una muy buena lata de conserva (aunque se presuponga que claro que no) pero necesito saberlo, háblame del plato de cómo has cuidado el valor de la sardina y la has servido lo más delicadamente que has logrado. Si me lo cuentas, me ganas los 8e, no es una cuestión de precio en este caso, sino de intercambio de valor. No se puede dar por hecho.
Primeros: Los espárragos blancos es un platazo. Divertido y fresco con su vinagreta, pone en valor lo riquísimo de la huerta y de algo tan de bar como un espárrago cocido encurtido. Mi favorito de lejos. Esta es la cocina que me gusta, la que valora mucho la verdura (o cualquier producto) pero la hace propia, y respeta su sencillez poniéndola en valor para acercarla distinto a la boca de los demás.
Tomate “pizza”: no lo pedimos pero vale ya del combo italianizante burrata o straciatella con tomate y albahaca. Un antipasto impropio de la cocina española, robado y tan extendido ya que casi sólo dista entre una y otra versión el proveedor de producto. Porque por mucha técnica que le metas lo que rinde en él es la combinación en boca.
Principales: Huevos estrellados con gambas al ajillo (y patatas chips). Porque era cena no pedimos los guisos que los vimos algo más pesados. 25e por muy buena gamba y no nos dejaron “romper” el plato para terminarlo nosotros, en mi salón lo hago.
Brasa: -Butifarra: La brasa de ser, es una propuesta de valor, pero no un valor añadido para completar carta. 18 euros por un pedazo de 4cm de butifarra para cada uno y una taza de espresso de patatas a cambio de estar tierna y el punto a humo. Es producto pero yo pago por tu definición propia de él.
No puedo seguir por extensión. Me ha gustado reflexionar sobre cómo fue para mí cenar allí pero la incoherencia no me dejó disfrutar del todo de vuestra casa.
La experiencia gastronómica empieza en la comida y después viene el hilo narrativo de todo lo demás, no al revés. No quiero pagar más por comunicación si no es junto a una cocina coherente. Esperaba sentirlo más propio vuestro, producto bueno ya hay mucho. Más cercanía de comer, en el salón de vuestra...
Read more✏️Calificación @madridbocados: 8,5/10.
La mejor apertura de la primera mitad de 2025.
Caja de Cerillas ha sido la auténtica sensación en Madrid antes del verano y todo apunta a que lo seguirá siendo después. La vuelta de Enrique Valentí a su barrio (más allá de sus Vinagres), un Madrid deseoso de novedades, unas redes sociales al estilo “Los 33” (no publican nada) que crean expectación, buenas críticas los primeros días… los ingredientes estaban ahí para hacer de esta una de las aperturas más sonadas del año.
La cocina es sencilla pero efectiva; recupera recetas tradicionales, muchas de ellos con ecos de Cataluña, donde Valentí ha pasado los mejores años de su carrera profesional y da un trato sencillo y reconocible a un producto de calidad. Así, entre sus platos imprescindibles aparecen el tomate pizza, de una sencillez máxima, o las siempre ricas gambas al ajillo con patatas fritas y huevos. El salpicón o la ropa vieja de bogavante también molan mucho.
Entre los segundos el más llamativo es una ventresca de atún rojo a la brasa (que sirven entera, ¡id varios!) y que muy seguramente esté entre las mejores que he comido jamás. Los postres mantienen la línea sencilla (y buena), y clásicos como el limón helado (siiii, el de siempre), el flan o el buñuelo de anís serán seguros de vida de los más dulceros de la mesa. Caja de Cerilla promete seguir dando guerra.
Un recordatorio y un consejo para acabar: cierra los fines de semana, un lujo que pocos en Madrid se pueden permitir. Reservad con mucho margen porque es un sitio pequeño y está muy demandado.
✅Puntos fuertes: una carta sencilla, un servicio amable y rodado pese al poco tiempo que llevan abiertos y una cocina efectiva y con buen producto.
⭕️Puntos débiles: la dificultad para reservar, no tener web o el precio al alza son algunos de sus puntos más negativos.
💵Precio: nosotros pagamos 85 euros por persona, casi 110 si tenemos en cuenta el champagne. Muy lejos de ser un sitio barato, me compensa porque se come bien y el producto es excepcional (esa ventresca es legendaria).
💻 Somos @madridbocados. Nos leemos pronto. ¡Hasta el...
Read moreCenando en el Nuevo Oasis de Enrique Valentí: ¿Vale la Pena el Hype? 🍽️✨
Ayer tuvimos la oportunidad de visitar el nuevo restaurante de moda del chef Enrique Valentí en Madrid, una "casa de comidas" que promete innovación. Si bien la calidad de los platos es innegable, la experiencia nos dejó con algunas reflexiones sobre el precio. ¡Aquí te cuento nuestra aventura culinaria!
Platos que Sorprenden (y Deleitan) 😋 De entrada, el Tomate Pizza fue una revelación. Un tartar de tomate fresco con stracciatella, acompañado de unas tostaditas de pan que imitaban la masa napolitana. Su sencillez y originalidad lo convirtieron en uno de nuestros favoritos. También nos encantaron los espárragos blancos con un toque cítrico, muy refrescantes y deliciosos. El cóctel de langostinos, aunque estaba riquísimo, se nos hizo algo corto de cantidad. ¡Nos quedamos con ganas de más! 🦐 Los huevos con gambas al ajillo tenían un punto picante que los hacía especiales, y el pequeño "show cooking" al emplatarlos añade un toque divertido. Sin embargo, a 28€, nos pareció un precio elevado, incluso considerando la buena calidad de las gambas.
El Dulce Final y el Factor Precio 🍮💰 Para cerrar, el flan es realmente delicioso y cremoso. Pero, a 9€, aunque sea el precio habitual en muchos sitios de Madrid, se dispara un poco de lo que uno esperaría para un postre. Nuestra percepción general fue que cenamos muy bien en cuanto a calidad de producto, pero el ticket final fue alto. Con solo una copa de vino y sin pedir platos principales más allá de los huevos, la cuenta superó los 50€.
El Toque Humano que Marca la Diferencia 👨🍳🌟 Lo que realmente compensó el precio final de la cena fue la calidez y amabilidad de Gerard en el servicio. Atento en todo momento, se preocupó por nuestras preferencias y nos hizo unas recomendaciones excelentes. Su atención hizo la experiencia mucho...
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