Ha sido aquí donde he tenido la peor experiencia en un restaurante en mucho tiempo. Debido a que había bastante gente en los restaurantes (eran vacaciones de Navidades) y ya era tarde, nos metimos a este sin consultar antes en Internet, ya que aquí nos daban mesa ... grave error. Éramos tres personas y pedimos de menú. En tomarnos nota (por cierto, no les quedaba la mitad de los primeros ni uno de los segundos y los habían cambiado por platos más baratos) tardaron unos 15 minutos, en servirnos el primero, 35 más. Pedimos migas castellanas (no estaban mal), macarrones con tomate o similar y sopa de pescado, que de pescado tenía el nombre nada más. Pero bueno, hasta ahí, y aparte de las esperas, algo medianamente aceptable para un lugar que ofrece menús normales por menos de 10 euros. Entre retirarnos el plato y servirnos el segundo transcurrieron otros 45 minutos... en total más de hora y media desde que nos sentamos hasta que nos trajeron el segundo. Entre tanto, los comensales de dos mesas se habían levantado y se habían ido sin terminar de comer el segundo por falta de calidad e interminables esperas. Lo peor llegó al servirnos los segundos; (presuntas) chuletillas de lechal y salmón a la plancha. Las chuletillas eran raquíticas en cuando a cantidad de carne, eran todo hueso y grasa y no estaban muy allá en cuanto a sabor, las patatas estaban medio congeladas... no podía exigir una gran calidad con esa carne al ser parte de menú del día, pero no era demasiado agradable de comer. En cuanto al salmón... espantoso; fue darle el primer bocado y no poder seguir. Descongelado rápido y mal y hecho con un aceite que, o bien llevaba en la plancha todo el día... o la semana, o bien era directamente aceite industrial. Aquello no era saludable ni comestible, con lo cual nos levantamos sin tomar el segundo y nos fuimos. El responsable de sala no nos permitió pagar la parte correspondiente a los primeros, el agua y el pan pese a haber insistido nosotros en hacerlo. Se le veía claramente sobrepasado por la situación (había descontento general en el comedor por las esperas y la falta de calidad del producto, parecía aquello un capítulo de "Pesadilla en la cocina") y he de decir que en ningún momento perdió la compostura y nos ofreció cambiar los segundos por otros platos. Sin embargo, creo que habría sido mejor ser honesto y decirnos desde el primer momento que entramos al restaurante, que tenían más clientela que la esperada, poco personal (en cocina sólo vimos a una mujer, dos camareros, más otro que sólo estaba en la barra sirviendo bebidas) y que no daban abasto antes que meter a cuantos más mejor y mermar la calidad y el servicio. En definitiva, una experiencia para olvidar; nos fuimos de allí una hora y 45 minutos después de haber entrado y sin haber comido más que el primero y el pan. Una lástima, ya que Sigüenza es preciosa y hay muy buenos...
Read moreAviso a navegantes. Intransigencia notable alto. Ya había ido anteriormente a este restaurante hace unos años y he vuelto. Todo correcto, atención muy amable por parte de tod@s l@s profesionales. Durante la comanda me ofrecen agua, digo que sí y después de la comida me ha sobrado un poco más de la mitad de la botella de agua. Nos cobran el menú, nada barato por cierto, cojo la botella de agua, la llevo bien visible en una mano y antes de salir del local me esperan en la barra como si hubiera robado La Gioconda, entonces se acerca un señor de este local, en tono amenazador, alterado y sin guardar una distancia social:
—No se puede llevar esta botella de agua, el envase es retornable.
No había una línea, ni un aviso en la carta, ni un cartel ni pequeño ni grande en las paredes de “¡Cuidado! ¡Las botellas de agua bendecida y sagrada de este restaurante vienen con condiciones de custodia compartida!”. Nada. La política del proveedor, su excusa, no debería anular un derecho básico del consumidor y cliente. Y después de soltar esa perla de que no me la puedo llevar, me “regalan” dos botellitas de agua de plástico, (para seguir contaminando el planeta y a la humanidad con los microplásticos), como consuelo y para no dejarlos más tiempo en evidencia delante de los estupefactos comensales que apresurados han empezado a beber agua compulsivamente y no dejar ni una gota, ¡por si acaso! Me quedo con la nefasta impresión de que me ha faltado al respeto con alevosía y, sobre todo, el respeto al sentido común. A los que os atreváis a ir os animo a que os llevéis vuestra propia agua en una cantimplora, o un botijo porque estos días además, las temperaturas son muy elevadas y porque os pueden detener al lado del chivalete por llevaros una botella de agua que no os habéis acabado pero que habéis pagado cara y religiosamente. De hecho de haber querido llevarme algo más vistoso igual me hubiera llevado el chivalete. Igual le hubiera importado menos. Y que fuera hace calor y que el...
Read moreEspero que no siga siendo los mismos... hace ya unos años fuimos a mi mujer y yo con otra pareja y después de sentarnos para comer pasaba el tiempo y veíamos que no nos atendían... y lo que es peor es que veíamos que iban entrando personas que se veía que eran del pueblo porque se conocían con los del local y a ellos y les atendían y en los otros siguen sin hacernos caso omiso.... pasada casi media hora si no recuerdo mal decidimos levantarnos dirigirnos al gerente dueño o encargado y preguntarle qué porque a nosotros no nos atendían y estaban atendiendo a la gente que venía después que se veía que eran conocidos y gente del pueblo... el individuo tuvo una respuesta muy desagradable y le pedimos el libro de reclamaciones... dicho individuo se negó a facilitarnos libro de reclamación y nos vemos obligados a llamar a la Guardia Civil para que le obligarán a sacar el libro de reclamación.. pero lo más fuerte de todo viene ahora... cuando llegaron los susodichos en lugar de obligarle a presentar el libro de reclamación y hacer cumplir la ley se pusieron en contra nuestra de una manera muy violenta y asquerosa... no es la primera vez que nos ocurre esto de que no nos atiendan por no ser del pueblo en Sigüenza... aquel día tuvimos que irnos cómo se dice popularmente con el rabo entre las piernas y agredidos psicológicamente y humillados tanto por los del restaurante cómo por aquellos agentes de la Guardia Civil que prácticamente nos echaron a patadas de aquel maldito restaurante al que no volveré jamás en mi vida.... la impotencia que pudimos sentir aquel día no se la deseo a nadie... y es que en algunos locales de este pueblo parece ser qué dan prioridad a atender a los del pueblo y como ellos dirían a los forasteros en algunos casos ni siquiera...
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