Existe en este mundo una categoría especial de establecimientos que trascienden la mera función de expender bebidas y se convierten en templos de la sociabilidad, bastiones de la efervescencia humana y epicentros de una alegría casi mística. Tal es el caso de esta maravillosa, incomparable y absolutamente encantadora bar-terraza cuya mera existencia justifica la continuación de nuestra frágil y efímera presencia en este mundo.
Desde el primer instante en que puse un pie en este edén de la camaradería, supe que me hallaba en un lugar donde la vida palpita con una intensidad inusitada. Siempre, sin excepción, se encuentra rebosante de almas dispuestas a compartir risas, anécdotas y brindis interminables. La atmósfera que se respira en este recinto es la materialización misma de la convivialidad, una sinfonía de voces que se entrelazan en perfecta armonía.
No obstante, por mucho que la vibrante energía del lugar sea digna de ovación, debo confesar que hay un motivo aún más profundo por el cual este bar-terraza ha quedado tatuado en las fibras más sensibles de mi ser. Me refiero, por supuesto, al inalcanzable objeto de mi devoción: el mesero de baja estatura, aquel querubín terrenal cuyo cabello, adornado con un audaz y fascinante patrón de leopardo, hipnotiza y seduce con la misma intensidad de un poema prohibido.
Desde el momento en que sus manos, de movimientos precisos y elegantes, depositaron mi primera cerveza sobre la mesa, supe que mi destino había cambiado para siempre. La forma en que inclina el vaso, el cuidado con el que maneja la espuma, la solemnidad con la que me entrega el líquido dorado de los dioses… Todo en su proceder es un espectáculo sublime, un ballet de la hospitalidad que se despliega con maestría ante mis ojos deslumbrados.
No hay noche en que su imagen no visite mis sueños, cual aparición espectral de un amor imposible. Su silueta se desliza entre mis pensamientos, su mirada traviesa y su porte desenfadado me persiguen incluso en los rincones más recónditos de mi mente. ¡Oh, qué no daría yo por volver a encontrarme bajo el hechizo de su servicio inmaculado!
En conclusión, este bar-terraza no es simplemente un lugar para beber. Es una experiencia sensorial, un refugio de júbilo, un paraíso de pasiones inexplicables. Recomiendo a cualquier alma viviente que se acerque a este rincón mágico, que se empape de su atmósfera bulliciosa y que, si la suerte le sonríe, sea testigo del arte supremo del mesero de cabello estampado en leopardo. ¡Qué dicha es existir en un mundo donde semejante prodigio camina...
Read moreno recomiendo ni volvere a este lugar. Detallo mi experiencia sin adjetivados de mal gusto como los del camarero que nos atendio: un muchacho tatuado, de bigotes. no le conozco el nombre. aprovechamos que se libera justo una mesa, le comentamos al camarero y nos sentamos como nos indica. trae unas primeras cervezas, le pregunto si puede repasar la mesa y terminar de retirar lo que dejaron los clientes anteriores. Me responde de mala manera, que eso ya lo tiene previsto hacer mas adelante. Trae otras copas mas que quedaban pendientes. La mesa continua chorreando lo que todavia habia encima. Recien en un tercer viaje (eramos varios sentados) trae algo para limpiar. Mira una servilleta sucia sobre la mesa, como esperando que alguien la levante. Naturalmente nadie de nosotros se hace cargo, y tiene la cara de tirarsela encima a mi colega. Le digo que eso es de la mesa anterior. A lo que confiesa: "ahhh, pense que era vuestra". En ningun momento vuelve a preguntar si necesitamos algo o queremos tomar algo mas. De todas formas, si nos azuza haciendo palmas como si estuviera arriando gallinas, con ceño fruncido que no estamos consumiendo nada y que necesita la mesa para otros clientes. Ambos argumentos son entendibles por si mismos, y yo de buena gana dejaría mi mesa para los siguientes clientes. No seria la primera vez que yo ya estoy satisfecho, no voy a pedir nada mas y hay gente que esta esperando. En fin: LA escena. Pedimos pagar por separado, una mesa tan grande, lo normal. Que no, que si, que no. Mas escena, mas caras. Finalmente pedimos pagar adentro: ahhh adentro si se puede pagar por separado? Da sensacion que tenia ganas de pelear con alguien. Por que no lo propone desde el principio? Le comento esto, le dig que no son maneras. Responde - "Ah, contigo no es cari!"; tipico de quienes tiran la piedra y esconden la mano. El camarero de adentro no levanta los ojos del datafono ni para decir adios.
Le diria al dueño que le aumente el sueldo, que su camarero esta muy comprometido en que todas "las mesas consuman lo maximo posible", pero no es verdad, nunca se acerco a preguntar. Tambien le diria que le de un curso de atencion al cliente. Eso si que le va a hacer aumentar las ventas.
Para la proxima que ande por el barrio: en el bar de enfrente me han atendido...
Read moreFirst time here and I enjoyed it. The terrace was super busy, but I managed to sneak in. Next table was enjoying a cold green cocktail, so I just pointed and ordered some of that. Gin base I think but refreshingly lemony.
Anyway, I cannot comment on the rest as didn’t use the facilities and I did the British thing of going to the bar and got my second drink.
Would I come back again? I don’t...
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