Aún no entiendo por qué escribo reseñas. Menos por qué alguien llevaría una guagua a una sala de cine. Acá he visto a personas comiendo pizza, sushi, vasitos con fideos, como si estuviéramos en un restorán. No tengo que ni pensarlo: lo rechazo completamente. ¿Será un signo de que estoy quedando atrás? ¿Mi sensibilidad no quiere incluir el olfato como una nueva forma de experimentar el cine? Mientras estoy viendo The Brutalist, recuerdo sin querer queriendo el último wasap enviado por la persona de la clase alta: "Gracias por tu buena onda". Enseguida mi respuesta: “Un placer”. Lo contrario al placer me produce la película. Me levanto del asiento para ir a desencadenar mi bicicleta amarrada a un fierro horizontal que está en la entrada. Mi primo cuarentón me había advertido que duraba tres horas y media, pero incluía un interludio. O como se llame a esa pausa para salir a respirar y decidir si volver o mejor largarse. Yo no lo tengo que meditar, prefiero pedalear mientras voy recordando "gracias por tu buena onda-un placer", "gracias por tu buena onda-un placer”. “Gracias por tu buena onda-un placer habernos conocido, nos complacimos mutuamente, terminamos; evaluémonos con cinco estrellas por nuestro servicio entregado”. Puta que soy weón, ahora recién entiendo, no cuando iba pedaleando por la ciudad, sino mientras tecleo creando un plural: nunca configuramos una relación con la persona de la clase alta. Ella no quería saber de mis emociones; yo no quería aceptar que estaba con alguien que no deseaba escucharlas. ¿No habré estado buscando algo que me faltaba a mí en alguien que a gritos me decía que no lo tenía? ¿De qué sirve saberlo si ya nada tiene sentido? Sin embargo, algo me conozco (soy sagitario con ascendente en escorpión): seguiré nombrando a la persona de la clase alta en estas reseñas. Pero también sé que su presencia se irá desvaneciendo, poco a poco, cuando aparezca el inevitable olvido. Como me pasó con la película; con los años olvidaré el pedacito que vi, de qué se trataba,...
Read moreEn mis varias visitas puedo decir que solo vale la pena ir al Normandie si vas a ver una película que ya no estén dando en las carteleras de cines comunes. Si la están dando en otro cine ve a ese. De partida $6.000 o $3.500 (estudiantes) por la experiencia en Normandie no vale la pena. Otros cines ofrecen precios mucho mejores por una buena calidad y experiencia. Las veces que he ido siempre siento que el de la boletería atiende sin ganas. Es un cine viejo y se nota, no es muy cómodo, los baños no siempre están limpios, hoy el jabón no funcionaba por ejemplo, la pantalla tiene manchas, cosa que te saca de la experiencia al ver una película, pero lo peor de todo es la calidad del sonido (tampoco esperaba algo mejor pero es a tomar en cuenta si comparo con otros cines) y sobretodo el RUIDO!, yo pensaba que solo eran los escolares o cabros con sus amigos los que hablaban o comían, pero también son los adultos mayores. Cero respeto por las demás personas, he tenido más malas experiencias aquí que en otros cines. Así que nada, lamentablemente solo vale la pena si quieres ver una película que no dan en...
Read moreEs un cine que solía frecuentar, barato si te haces socio, el personal es amable y la programación interesante en ocasiones, sin embargo, han descuidado demasiado la experiencia en sala, entiendo que no puedan ser excesivamente restrictivos para no ahuyentar audiencia, aunque eso haya ocasionado que la película que se exhibe sea una mera excusa para estar comiendo y conversando en un lugar cerrado. He tenido demasiadas experiencias malas en los últimos dos años, me da pena la verdad pero ya no voy, una vez incluso increpé a un muchacho que estaba hurgando en un paquete de papas fritas gigante justo en el asiento ubicado tras de mi, él se defendió diciendo que si quería ver la película en silencio fuera a mi casa y lo hiciera. La inversión que propuso el muchacho, es interesante de todos modos, es la síntesis de lo que creo ocurrió en esta sala, quienes quieren ver la película están en el lugar equivocado porque se han dado las señales equivocadas desde quienes la administran, así sin cerrar sus puertas murió un cine que se transformó en una suerte de bar restaurant con una tele grande...
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