Este lugar fue, en el siglo XII, el emplazamiento de una abadía fundada por Guillaume de Champeaux, junto a otros monjes. La llamaron de San Víctor, porque dependía de una congregación homónima de Marsella. Cuando se construyó la muralla de Philippe Auguste, a finales del XII, esta abadía quedó fuera. La abadía de Saint Víctor se convirtió enseguida en un centro reconocido a nivel mundial, especializado en teología y filosofía. Llegó a ser la más importante de Francia. En 1790, como consecuencia de la revolución, fue suprimida y demolida posteriormente, para construir la Halle aux Vins, es decir, el mercado del vino. Dicho mercado se aprovechaba de la cercanía del Sena para el transporte fluvial de la mercancía y tenía una capacidad de almacenamiento bastante bestia. A mediados del siglo XX fue demolido para construir el campus de ciencias que hoy subsiste. La plaza que hay por la parte sur se llamó inicialmente de Saint Víctor, en recuerdo de la abadía, y luego cambiaron el nombre por el de Jussieu, familia de botánicos importante. Por eso el campus de ciencias también es conocido como el campus de Jussieu. En la familia Jussieu hubo por lo menos cinco botánicos reconocidos. Uno de ellos fue director del cercano museo de historia natural, a principios del XIX. Los terrenos de la abadía no fueron ocupados integramente por el mercado del vino. En la Rue Cuvier, que es la que limita la zona de Jussieu con el Jardin des Plantes, desde 1894 se instaló la facultad de ciencias de París. En esos mismos locales, del número 12 de la Rue Cuvier, Marie Curie hizo sus experimentos desde 1906 a 1913. Hoy siguen perteneciendo a la universidad, y albergan el Instituto de Física del Globo de París (IPGP). Las obras del campus de Jussieu empezaron en 1958, 12 años después de que se tomara la decisión de construirlo en este emplazamiento. El motivo es que los mercaderes de vino no querían marcharse a su nuevo mercado, en Bercy (lo que hoy es la Cour Saint Emilion y alrededores) En 1959 se abrió ya el campus, si bien era solo una parte muy limitada. En 1961 ya se había terminado la primera fase, correspondiente a los edificios más antiguos de todos: Los que dan al Sena. Reciben el nombrete de "Barres de Cassan", pues son como unas barras y el arquitecto se llamaba Cassan. En realidad son unos edificios bastante grandes, con 65.000 metros cuadrados de laboratorios y aulas. También son los que tienen lo que podría llamarse la entrada "principal" al campus, aunque hoy todo el mundo entre por la plaza de Jussieu, entre otras cosas porque está al lado del metro. El conjunto en forma de parrilla que hoy constituye la parte principal del campus se proyectó en 1964, por el arquitecto Edouard Albert, que propuso un sistema de construcción modular, completamente metálica. El plano en parrilla cuenta la leyenda que está inspirado en El Escorial. Las obras empezaron el mismo 1964, pero se interrumpieron cuatro años más tarde, por los sucesos de mayo de 1968. El proyecto inicial se abandonó en 1972 por falta de financiación, y hubo que instalar unas aulas y residencias prefabricadas pues, de los 20.000 alumnos que se calculó que ocuparían el campus inicialmente, con las reformas de 1968 subieron a 30.000 y no cabían. Hoy las obras se remataron, además de que se añadió una torre central bastante alta, que se ve de media ciudad, pero nunca se completó el diseño inicial de la "parrilla" de El Escorial, a la que le falta un trozo por el lado precisamente en el que debería unirse a las...
Read moreThe place is like a maze! You would think there would be several exist but they are all locked or blocked. You also can’t use it as a short cut. Some nice public lectures here but otherwise the place is a bit sterile with lots of rough sleepers around, it’s sad to see but also they seem inventive. Your bag may be searched in the way in and there are...
Read moreBonjour, J’ai eu la chance incroyable de faire mon stage de seconde en Juin 2025 à l’Université de la Sorbonne, et ce fut tout simplement magnifique ! Une expérience mémorable, qui restera gravée dans ma mémoire comme un rêve devenu réalité.
Le personnel a été d’une gentillesse et d’un professionnalisme remarquables, toujours prêt à répondre à mes questions et à partager leur savoir. On sent une vraie passion pour l’enseignement et la recherche, ainsi qu’une ambiance chaleureuse qui donne envie de s’investir.
L’université en elle-même est impressionnante : son histoire, son architecture majestueuse, et ses espaces d’apprentissage inspirants en font un lieu unique. Chaque journée passée là-bas était l’occasion de découvrir quelque chose de nouveau et de motivant.
Je ne peux que recommander cet établissement à toute personne qui souhaite évoluer dans un environnement prestigieux, humain et stimulant. Merci à toute l’équipe pour cette expérience...
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