Hace más de 50 años se abría en Valencia una marisquería llamada “los Madriles”, sito en la Avda Reino de Valencia 48. Fe de ello es que aún conserva pecados de forja en su entrada. Desde hace cuatro años, este local cuenta con nuevos propietarios, nuevo estilo de cocina y una imagen renovada, acomodada a los nuevos tiempos, pero con un ingrediente en común entre ambos, el puchero, que se presenta en una versión actualizada y adaptada a los mercados actuales. Dentro de la datación realizada del puchero podríamos englobarlo en un contexto de “cocido reinventado ordinario” y no pretendo con esta palabra menospreciar el plato, sino más bien basarlo en el tipo de componentes, más vegetal, garbanzos, patatas y básicamente productos de temporada, – nabo, zanahoria, carlota, cardo o penca, repollo – hasta calabaza. Y de carnes; vaca, cerdo; tocino fresco y codillo, aunque me imagino que aderezado con gallina o pollo, no la pude apreciar en el plato, que sirven deshuesado para un mejor acondicionamiento y servicio. Con añadido de jamón y embutidos; chorizo, morcilla y longaniza. Por si la desgana ataca antes de sacar el plato de cocido, se le sirve al comensal una croqueta de ropa vieja, muy buena. Mientras se preparan los vegetales aniquilados por una larga cocción y la carne. Echo el primero la cuchara a la boca. Al sorber un poco de ese caldo aromatizado, el estómago se recompone milagrosamente. Predomina el sabor a verdura, mi gusto para con el puchero es de un sabor más denso, más potente, con más grasa, pero no deja de ser mi gusto. Cuando le pregunto al gerente del local Vicente Gómez, responde que el gusto es un poco más rebajado para poder atender las predilecciones de la mayoría de los comensales que a diario lo consumen. Bajo el aspecto de la economía bien entendida, hay interés en servir el cocido guarnecido, que se realiza en tres vuelcos. En el primero nos sorprende con un canelón relleno con la carne del cocido, el cual es aderezado con el caldo del puchero, escoltado con un repleto bol de garbanzos cocidos, para que sea cada una de las personas que comen en una misma mesa los que se sirvan a gusto, nota destacada es que en todo momento el camarero susurra la posibilidad de repetir las veces que se quiera. A continuación llega una bandeja con el resultante de este acervo de ingredientes tan sustancioso, carne y verduras, sin deslavazar los manjares. Aderezos que se pueden consumir a gusto del comensal. Y para finalizar los postres. Sencillos , sin pena ni gloria, la piña caramelizada no me atrajo demasiado, dio más la sensación de piña en almíbar, sin caramelo.
“Los Madriles” con un menú dentro de precio y con la opción de poder repetir vianda, se postula como lugar interesante para visitar. La cerveza Mahou, por aquello de ser una cervecera fundada en Madrid en 1890, es la que rige la barra. Aunque el local dista bastante de ser netamente madrileño, no solo por los actuales regentes, si no por su carta, que entre otras opción el nos plantea un arroz a banda en su carta. Sí retoma la tradición del aperitivo, tapas y del...
Read moreFood was OK, not wow. Service was bad, had to wait for the waiter a long time, he broke a glass on our table which he didn't clean well. Glasses were spilled inside the Chips and he didn't bother changing. The other waitress didn't know which wine they had seems a bit unprofessional. The dishes were OK. Croquettas were tasty and also the rabo del toro. Ensalada rusa was rather good, Patatas bravas not so much. Main issue was the attention to the clients, takes a long time to bring things out and overall not attentive. I had to literally get up and pay the bill after waiting like 15 minutes with the bill. Which was weird since the owner is there....
Read moreExperiencia fallida y una pena.
La primera sorpresa es que cuando reservé el menú de cocido costaba 23 euros y el día de la visita subió a 25 euros, casi un 10%. Bueno...
El problema, quizás propio, es que esperábamos un cocido madrileño, de Madrid. Y aquí no lo es porque introduce ingredientes del valenciano -como la pelota y el "blanquet"- que le quitan esencia y potencia al madrileño. Así que ni es una cosa ni otra pero entiendo que a otros clientes les puede gustar. Es la diferencia entre una paella valenciana fetén y otro plato con arroz, pollo y verduras.
Hubo dos fallos, además, importantes. El caldo estaba aguado. Sí, podías diferenciar el sabor del agua y del caldo y no quiero pensar que se haya hecho con el agua del grifo valenciana que ya sabemos que no es la mejor.
El segundo es que los garbanzos leoneses de La Bañeza -según la carta- no estaban lo suficientemente blandos y cremosos como tocan. Todo lo contrario. Los dientes trabajaron de lo lindo. Las carnes y las verduras -también algunas fuera de la receta capitalina- en su punto.
Un menú que se acompaña de piparras y cebolla -si pides gilda previa te la cobran aparte, ojo- y con la deferencia de que puedes repetir todo lo que quieras.
Pedimos flan de turrón incluido, pero servido con nata sin avisar lo que puede ser un problema si no te gusta el acompañamiento.
Y los extras que muchas veces te dejan con ese sabor agridulce y con la sensación de que abusan del cliente. Cobran 70 céntimos de euro por rebanada de pan -sí, rebanada, no panecillo- y, por ejemplo, 2,80 euros por medio litro de agua mineral. Si el vino se suele cobrar el doble que en bodega, por qué no el agua y otras bebidas como la cerveza. Una pregunta recurrente. Y con el café lo mismo. 1,70 euros. Un margen más que amplio.
Al final 37 euros por persona -botella de vino de 20- y con la decisión de no volver a comer allí un cocido que no es madrileño. Y he comido muchos siendo hijo y nieto de ellos. Que sirva de algo la reseña siempre...
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