Una antigua panadería de toda la vida reconvertida en "taberna", que parece haber puesto atención sólo en la decoración.
La última vez que vine, ni puse reseña de la mala impresión que me llevé... esta vez, una vez visto que todo sigue igual, ni hemos seguido pidiendo. Y la reseña, pues la pongo sabiendo que "no fue algo casual".
Revisando fotografías y personas que las suben, contrastando con las reseñas, se puede ver que muchas positivas son de otras Tabernas el Papelón. Supongo que si restáramos esas reseñas, la puntuación media bajaría considerablemente y coincidirían las valoraciones que se hacen sobre los productos.
Da la impresión, de que es el típico negocio en el que se piensa que por estar en una buena ubicación, va a tener éxito...
... el éxito hay que trabajarlo, cuidarlo, mantenerlo y renovarlo.
De estética muy llamativa con decoración basada en herramientas y elementos del siglo pasado, tiene además gran espacio en el interior para comensales.
La última vez que visité el establecimiento fue ayer, éramos un grupo de personas jóvenes.
Al entrar, fuimos saludando al personal que nos encontramos. Entiendo que no van a devolver el saludo a todo el mundo, es normal, pero hubo gestos de algún trabajador que quedan un poco "regulares" de cara al público. Lo único que se me ocurre es que tuviese un mal día o que las condiciones laborales lo tengan descontento. Ni idea.
Nos atendió en primera instancia un chico muy amable y atento, pedimos las bebidas y llegaron pronto.
Al poco, pedimos la comida y un par de cosas las tuvimos que volver a pedir... lo mismo nos pasó con la cuenta al terminar. Y por medio, nos entregaron unas tablas con los montaditos agrupados. Como éramos bastantes y algunos no daban la casualidad de que tuviesen a sus propietarios al lado, pedimos si nos podían traer algún plato o tabla más... y la respuesta del chico (llamémosle, camarero 2, entendiendo que el amable fue camarero 1) fue que podía coger el montadito y pasar el plato. No quisimos preguntar que entonces qué hacíamos si queríamos soltarlo, si cogíamos las patatas también en la otra mano... etc. En cuanto al servicio, salvo por la amabilidad del camarero uno, un desastre.
En cuanto a la comida, el hecho de poner los montaditos agrupados en tablas estrechas con el mínimo de acompañamiento (dos o tres patatas de bolsa) posible, teniendo en cuenta que los montaditos oscilan los cinco euros... nos pareció feote. El pan no estaba mal... pero tampoco bien... Los montaditos no valen los cinco euros que cobran, eso lo tenemos claro. El producto es el típico vendeaguiri. Del resto ni voy a hablar, porque si quién lee este ha leído otros comentarios, se podrá hacer una idea.
Los precios son demasiado altos para lo que se ofrece en cantidad y calidad. Sobretodo esto último: usar la palabra "ibérico" en algunos casos, debería estar multado. Hay que sumar a esto, que las bebidas no se incluyen en carta ni tienen carta de bebidas. Consultamos el precio de los refrescos (Nestea, Cocacola...) y nos responden que son todos dos euros. El Nestea no son dos euros, son dos euros dies. Pagar dos euros o pagar dos euros diez, nos da lo mismo: no nos da lo mismo que nos engañen (voluntaria o involuntariamente) y no nos da lo mismo que no cumplan la ley exponiendo los precios de las bebidas.
La Taberna el Papelón en general, no es lo que era. Y esta en concreto, debería ponerse las pilas especialmente.
Seguramente demos otra oportunidad (no a corto plazo) a ver si el propietario le pone interés y mejora.
De momento, no recomiendo en...
Read moreDO NOT GO THERE! Although it seems a nice vibes place in a lively street of Triana, the service is terrible and more importantly the have no idea/gravity of the risk of food allergies/ costumers preferences!
I do not eat dairy or meat, and I ordered some spinach with chickpeas and peppers stuffed with cod, both dairy, eggs and meat free from the menu ( where allergen are marked for each dish!). The spinach were suspected creamy but could not work if was dairy or margarine. However, the peppers were covered in cheese and the cod was creamy and milk/creamy tasting! When asked to the waiter he said there is not dairy at all in the plate! Well, as ex cheese lover and cheese addicted I can tell you there were too many dairies tastes in that plate!
Absolutely out of order &...
Read more“Una emboscada gastronómica en la calle San Jacinto” Desde fuera parece el típico local de Triana donde vas a pasar un buen rato: terraza bonita, decoración cuidada y ese ambiente que te hace pensar “aquí se come bien”. Pero nada más lejos de la realidad. Éramos seis personas. Nos sentamos con hambre, ganas y cierta ilusión. Ilusión que empezó a morir lentamente desde el primer minuto. Lo primero que pedimos, nada más sentarnos, fue pan. ¿Apareció? Nunca. A estas alturas sospecho que el camarero sigue buscándolo en alguna dimensión paralela. Ni un triste bollito llegó a la mesa. Pedimos sangría. Lo que nos sirvieron fue una afrenta a la tradición española: vino peleón con agua, sin azúcar, sin frutas, sin ningún tipo de alegría. Básicamente un tinto de verano mal hecho, servido en vaso de bar de polígono… pero a 16 euros. Increíble pero cierto. De comer, pedimos un surtido que parecía prometedor: boquerones, lagrimitas de pollo, adobo, croquetas y patatas bravas. De todo eso, solo se salvaron las últimas dos. Las croquetas estaban decentes y las patatas bravas, dentro de lo que cabe, cumplieron. El resto… decepción tras decepción. Las lagrimitas secas y rebozadas con desgana, el adobo sin sabor ni identidad, y los boquerones, directamente una ofensa culinaria: sosos, fritos sin alma y con textura de castigo. Para colmo, salimos del local impregnados en un olor a fritanga que nos acompañó como un mal espíritu. La noche terminó con dolores estomacales generalizados y manzanilla para todos. Una auténtica fiesta del malestar. El sitio es bonito, sí. Pero como un escaparate con comida de plástico. Servicio lento, cocina sin cariño y precios que rozan lo cómico si no fuera por lo trágico de la experiencia. Si pasas por San Jacinto, sigue andando. Este sitio es un callejón sin salida para tu paladar y tu paciencia. Una decepción total y más llevando a familiares que han...
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