Buenos días, esto es una reseña seria e informativa para los comensales de este restaurante.
Otras veces he comido bastante bien en este restaurante, pero esta vez me he visto obligado a escribir una reseña.
Para tomarte unos tercios, sentarte a comer con pocos amigos, o picar unas raciones, este restaurante cumple perfectamente. El trato es bueno, el ambiente maravilloso, y los camareros más que amables. Fútbol en la televisión, música bajita… Nada malo que decir.
Ahora bien, al ser un grupo de 15 personas las cosas se han torcido un poco. El jefe de cocina ha subido a la mesa a pedirnos perdón, justificando el mal servicio diciéndonos “Perdón, hay 2 menos en cocina y no hemos podido seguir el ritmo de un grupo tan grande”. Ofreciéndonos chupitos antes de los segundos platos.
Aquí el motivo de mi reseña:
Nos han tomado la comanda a las 15:06. A las 16:19 llegaba el primer plato.
Hemos pedido varias raciones de croquetas, 3/6 raciones estaban calientes por fuera y congeladas en el centro, a lo que han reaccionado metiéndolas en el microondas y devolviéndonos el mismo plato.
Otra ración que ha dado que hablar han sido los fingers de pollo, 1/4 raciones ha llegado totalmente cruda en el centro.
Finalizamos con una ración de chipirones, esta tenía dentro de unos pocos chipirones sus respectivos plásticos en el interior.
A esto, se le añade varios platos que han tardado más de hora y media en llevarlos a mesa y otros que nunca han llegado. Incluso hemos cancelado un entrecote que a las 17:00 todavía no ha aparecido.
Hasta aquí las incidencias con los platos. Hemos ido notificando a los camareros sobre todas ellas, y ya los últimos cruces han derivado en alguna discusión o “mal rollo”, denotando desinterés o dejadez a causa de las quejas y malentendidos.
Todo hay que decirlo, las croquetas no congeladas estaban buenas, las setas también, los huevos rotos buenisimos… El sabor en sí de la comida estaba muy rico, y hasta que no ha habido un poco de tensión, los camareros han sido totalmente correctos.
No quiero restarle gravedad al asunto. Lo que no puede ser es llevar una mesa reservada para 16 hace una semana, tardar hora y cuarto en servir la comida y traer pollo vivo, croquetas de hielo y chipirones rellenos de PVC.
Esto es una reseña seria y el único objetivo es advertir que este restaurante es perfecto para una caña, pero horroroso para una cena en...
Read moreReservamos este restaurante hace una semana para 16 personas, llenos de ilusión por compartir un agradable almuerzo. Llegamos puntuales, a las 2:30, listos para disfrutar de una experiencia gastronómica… pero lo que vivimos fue más parecido a un episodio de Pesadilla en la Cocina (sin Gordon Ramsay para salvarnos).
El primer plato tardó una hora y cuarto en aparecer. Si bien somos conscientes de que éramos un grupo grande, esto podría haberse pasado por alto si no fuera porque, a partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Las croquetas, por ejemplo, llegaron congeladas. No frías, no tibias, sino literalmente congeladas. Mi amigo, héroe involuntario de la jornada, casi termina en el dentista por el intento de morder una. Tras nuestro comentario al respecto, se las llevaron y las devolvieron “calentitas” tras un paseo por el microondas. Todo un detalle.
Pero el espectáculo estaba lejos de terminar. Mientras aún luchábamos con las croquetas recalentadas, las tiras de pollo cajún hicieron su gran entrada… crudas. No hablamos de un error menor, no; hablamos de pollo completamente crudo. Ya saben, ese pequeño detalle que puede llevarte directo a urgencias con una intoxicación alimentaria.
Mientras todo esto sucedía, el gerente vino a disculparse. ¿Ofreció una solución? No exactamente. Nos ofreció chupitos. Porque, claro, un licor puede borrar la decepción de una comida inexistente y la posibilidad de salmonella. Para coronar la experiencia, lo vimos comiendo tranquilamente mientras nuestras esperanzas de recibir el resto de los platos se desvanecían.
En resumen, catastrófico es quedarse corto. Este restaurante no solo debería replantearse el servicio, sino quizás también su definición de “cocina”. Un desastre gastronómico que no olvidaremos… aunque...
Read moreReservamos este restaurante hace una semana para 16 personas, llenos de ilusión por compartir un agradable almuerzo. Llegamos puntuales, a las 2:30, listos para disfrutar de una experiencia gastronómica… pero lo que vivimos fue más parecido a un episodio de Pesadilla en la Cocina (sin Gordon Ramsay para salvarnos).
El primer plato tardó una hora y cuarto en aparecer. Si bien somos conscientes de que éramos un grupo grande, esto podría haberse pasado por alto si no fuera porque, a partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Las croquetas, por ejemplo, llegaron congeladas. No frías, no tibias, sino literalmente congeladas. Mi amigo, héroe involuntario de la jornada, casi termina en el dentista por el intento de morder una. Tras nuestro comentario al respecto, se las llevaron y las devolvieron “calentitas” tras un paseo por el microondas. Todo un detalle.
Pero el espectáculo estaba lejos de terminar. Mientras aún luchábamos con las croquetas recalentadas, las tiras de pollo cajún hicieron su gran entrada… crudas. No hablamos de un error menor, no; hablamos de pollo completamente crudo. Ya saben, ese pequeño detalle que puede llevarte directo a urgencias con una intoxicación alimentaria.
Mientras todo esto sucedía, el gerente vino a disculparse. ¿Ofreció una solución? No exactamente. Nos ofreció chupitos. Porque, claro, un licor puede borrar la decepción de una comida inexistente y la posibilidad de salmonella. Para coronar la experiencia, lo vimos comiendo tranquilamente mientras nuestras esperanzas de recibir el resto de los platos se desvanecían.
En resumen, catastrófico es quedarse corto. Este restaurante no solo debería replantearse el servicio, sino quizás también su definición de “cocina”. Un desastre gastronómico que no olvidaremos… aunque...
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