Vamos por partes: este establecimiento se publicita como un lugar donde puedes degustar un brunch musical con vistas al Palacio Real. Verdad a medias. Suena una música enlatada que se repite a intervalos y que en ocasiones crece en exceso. Es decir, como en otros sitios que no consideran que poner música de fondo convierta la comida en una experiencia musical. Se entiende como algo musical algo que tiene música en directo. En cuanto a las vistas, solo disfrutarán de ellas quienes no se vean obligados a sentarse de espaldas a ellas. Un restaurante que publicita sus vistas debería situar sus mesas de manera que aunque lateralmente todo el mundo pudiera disfrutarlas. No es el caso. Una vez sentada frente al respaldo de un sillón verde y azul teniendo a mi espalda la magnífica vista del Palacio Real, me dieron a la vez una copa de vino espumoso, un vaso de zumo y un vaso de agua. Tal vez no cayeron en la cuenta de que en un brunch se debe ofrecer café o té. Tuve que pedirlo. Al cabo de 10 minutos sin otra opción que beber cosas tan diversas, llegó a la mesa un revoltillo de quesos con picos sin clasificar por aromas ni intensidad, junto con un yogur griego. A este despliegue lácteo tan abrumador, le siguió al cabo de otros 10 minutos una cesta bastante escasa de panes y vienoisserie buena pero con una presentación bastante poco cuidada: un croissant, una pain au chocolat y una caracola que más parecían la ración de un colegio que una opción gourmet. Acompañaban a la cesta dos mantequillas y tres mermeladas que compartían una sola cuchara de servir. No sé si esperaban que la lamiéramos después de cada vez. Tuve que pedir además de otras dos cucharillas, otro café cazando a lazo al encargado, que por cierto, había olvidado consultarnos nuestra elección del plato salado y el dulce. En cuanto a este último, tuve que renunciar a él ya que la tarta elegida por mí era solo para compartir y mí acompañante había elegido otra cosa. Evidentemente, había otras opciones que no eran para compartir pero dado que no me estaba alimentando para sobrevivir, no era cuestión de comer de más sin ganas. Todo ello, en resumen, desprendía ese tufillo que tienen las atracciones para turistas en las que has de pasar por el aro que te marcan las personas que se supone que están a tu servicio. No me gusta hablar de precios, ya que todo lo que no sea comer en casa supone o debería suponer una desenvoltura económica que impide o debería impedir quejarse. Pero digamos que he comido mejor y he estado más a gusto en otros sitios por mucho menos dinero. Lo único bueno, un joven camarero, atento y amable al que le deseo una buena progresión...
Read moreI gave 5 stars even though the food wasn’t perfect because the place is gorgeous with incredible views of the Royal Palace (the illuminations go off at 10PM so better arrive earlier) and EXCELLENT service. From the coat check to the waiters: top notch, at the level of a Michelin starred restaurant.
Food wise I enjoyed all the dishes but the tartare lacked seasoning which is a crucial but correctable mistake. The Chinese ravioli were tasty but a little dry. The baba au Rhum was yummy but wasn’t soaked in Rhum as it should be. Pooring creme anglaise on top may be a good idea but it doesn’t soak up the baba like Rhum would.
Everything else was delicious, bread included. The menu - including the wine - is fairly priced (one would say on the cheap side for Madrid) and we had a great experience. I would...
Read moreEl brunch es una completa decepción, empezando por el hecho de que se vende como una “experiencia musical inmersiva” en Fever, lo cual es una mentira descarada. La única música que escuchas es un mezclado genérico de Spotify con anuncios incluidos, algo absolutamente vergonzoso para un evento que pretende promocionarse como especial y exclusivo.
La comida es apenas aceptable, pero las afirmaciones de que está diseñada por un “chef con estrellas Michelin” o con reconocimientos de Repsol son pura propaganda engañosa. No hay nada sobresaliente ni en sabor ni en presentación, lo que deja claro que el único objetivo aquí es atraer clientes con falsas expectativas.
El servicio es el verdadero desastre. Dos camareros y un capitán para 18 mesas es claramente insuficiente, lo que genera esperas eternas y un ambiente caótico. Tuvimos que esperar 10 minutos para que nos asignaran una mesa a pesar de tener reserva, ya que el capitán, además de coordinar, también estaba sirviendo mesas por falta de personal. Esto refleja una gestión inaceptable para cualquier restaurante, mucho menos para uno que pretende ser “de lujo”.
Además, tuvieron el descaro de cobrar recargos en el menú que jamás se mencionan al reservar en Fever. Esto debería ser completamente transparente desde el principio, pero parece diseñado para que te enteres cuando ya estás sentado. Esta falta de claridad es simplemente un abuso.
Tuve que pedir agua tres veces antes de que me la trajeran, y el servicio fue frío, desorganizado y sin ningún esfuerzo por hacer la experiencia agradable. Nadie se toma la molestia de explicar el menú ni de ofrecer sugerencias, lo que demuestra una total falta de profesionalismo.
En resumen, esto es un engaño absoluto. No cumple lo que promete, el servicio es pésimo, la comida no justifica el precio y encima hay recargos ocultos. No pierdan ni su tiempo ni su dinero en esta farsa. Hay lugares mucho mejores que ofrecen lo que prometen sin...
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