Cuando en los años 50 el sacerdote Jorge Gómez, párroco de la iglesia San Joaquín decidió cambiarle de nombre al terreno sobre el que estaban algunas casas que habían nacido alrededor del estadio Libertadores, no se imaginó que la gente lo calificaría de loco. Luego del sueño que tuvo, en el que la Virgen le decía este nombre, la identidad del barrio cambió.
No se llamarían más Los Libertadores. No dependerían, para tener identidad, del barrio el Naranjal, ni de las tardes en las que los mecánicos apostados al lado de los negocios incipientes de la naciente Tejicóndor, se gastaban el poco dinero que conseguían en los juegos de azar. Habían dejado de ser el vasto terreno lleno de mosquitos y zancudos que en 1924 fue rechazado por la administración de Medellín por ser un barrio cenagoso, “que quedaba muy lejos de la ciudad” y en el “que la construcción sería demasiado costosa”.
Ahora serían San Joaquín, para la eternidad y gracias a la Santísima Virgen, y así se quedarían quien sabe hasta cuantos años más. Bajo ese nombre el barrio fue cambiando, y con él, sus habitantes, su estilo de vida.
El día que cambiamos de nombre
Como en cada pueblo antioqueño, en el que las abuelas madrugaban con la rigurosidad del primer canto de los gallos y las campanas lejanas de la alborada, las pocas matronas del entonces barrio Los Libertadores, se levantaban temprano para ir a misa. Con el compromiso adquirido un día cualquiera cuando dieron el sí en el altar, se levantaban temprano para encender la hornilla y preparar el desayuno de sus maridos que trabajaban en Tejicóndor, en la plaza de la América o en algún prestigioso banco de la ciudad.
En el ritual matutino, acicalarse antes que el esposo se levantara para no verlas en pijama, se apresuraban a bañarse y perfumarse el cabello, luego se colocaban la mantilla, necesaria para entrar con la cabeza cubierta a la iglesia.
Llegaban a oscuras a la cocina, en la que al calor del fogón dormían algunas gallinas, y encendían la lumbre; luego “despachaban a su marido” y partían puntuales a la cita en la casa de Dios.
Viajaban hasta la capilla ubicada en la U.P.B. Allí, luego de cruzar las nuevas carreteras polvorientas, se encomendaban a Dios, pedían por el matrimonio de sus vecinas, rezaban el rosario, escuchaban la misa, y se devolvían por las circulares primera y segunda, polvorientas, a meterse en sus casas y terminar los quehaceres.
Fue una rutina de años. Hasta que el sacerdote Jorge Gómez decidió construir una parroquia en aquel lugar y atraer feligreses a la nueva iglesia. Siempre quiso una catedral de grandes proporciones, y para hacerlo, convocó a toda la comunidad del barrio Los Libertadores para hacer su iglesia. De allí nació el famoso bazar de San Joaquín.
En un terreno donado por el Instituto de Crédito Territorial, se comenzó la construcción, y los feligreses respondieron con donaciones en especie, como gallinas y huevos. El único que no donó nada en especie fue un Mayor del ejército de apellido Jaramillo, quien se trajo los presos de la cárcel La Ladera para que vaciaran las cúpulas de la nueva iglesia.
A partir de allí, y luego del sueño que tuvo el sacerdote en el que la Virgen le dictaba el nombre de la parroquia, éste decidió ponerle ese nombre al barrio, y de ese sueño murió Los Libertadores y nació...
Read moreIf you're by the area, it is a good park to have. It spans multiple blocks, is relatively clean, minimal trash, and there are often families that come and pets wandering around so it's quite tranquil. It's also relatively quiet compared to the surrounding environment. I'm also a big fan of the trees, that you can see...
Read moreLa alcaldía hace esfuerzo por mantenerlo bien, pero la comunidad no colabora, sobre todo con las basuras, la gente del barrio lo usa de vertedero, a esto se le debe sumar los indeseables habitantes de calle, que gracias a la basura que dejan, viven ahí. El tema de las basuras no es exclusivo de Ese parque, es un tema de todos los parques y esquinas de San Joaquín y Laureles Estadio, gracias a una comunidad y un comercio sin calidad ciudadana, sin compromiso, sin...
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