Nuevo Oslo is the spot to enjoy a traditional "l'esmorzaret," a beloved Valencian mid-morning meal.
🧐Let’s WIKI this for you: the concept typically revolves around hearty sandwiches (bocadillos) filled with local ingredients, accompanied by olives, peanuts, and a drink – often beer or wine – to keep you fueled until lunch. It’s more than just a meal; it’s a cherished social tradition that Valencians take seriously.
As a non-Spaniard (expat), I wasn’t familiar with the typical “formula” for ordering during a l’esmorzaret. Thankfully, “the king” (yes, he even has his own statue) guided – or rather, forced – me through it. I initially ordered a cremat to start, but the king firmly denied this request. The correct sequence? Beer first, then food, and only then the cremat. No exceptions!
This guidance added to the authenticity and charm of the experience, and the atmosphere at Nuevo Oslo made it clear that they take their l’esmorzaret tradition very seriously. If you’re new to this custom, the staff or friendly locals will ensure you get it right.
When ordering, you can pick your “filling” at the counter or choose from the menu. A tip: opt for a “media” (half portion) unless you’re prepared to tackle an entire baguette!
While the experience was undoubtedly authentic and enjoyable, the food itself wasn’t particularly memorable.
Be sure to visit at the right time – l’esmorzaret is meant to be enjoyed between breakfast and lunch, typically around 11:00 to 11:30 am, so plan...
Read moreEn la calle Doctor Sanchís Sivera, muy próxima a la avenida de Fernando el Católico -una céntrica arteria de la ciudad de Valencia-, el tráfico y los viandantes ocupan el espacio, siendo testigos, y a veces víctimas, del agobio y de la prisa… del pulso de lo cotidiano. No obstante, a determinadas horas de la mañana: empleados de banca, funcionarios, dependientes de comercio, policías, jubilados, profesores… se olvidan por unos momentos de las cifras, de los clientes, de los cacos, de recoger a los nietos del cole, de los alumnos… y se relajan durante unos minutos, ante una pinta de cerveza y con el placentero esmorzaret que ofrece el Bar Nuevo Oslo.
Este establecimiento sorprende, a determinadas horas de la mañana, con ese amplio surtido de productos perfectamente expuesto, y acondicionado en unos expositores que mantienen todo a la temperatura idónea y preserva de los gérmenes de transmisión aérea. Longanizas, chorizos, morcillas, queso en aceite, pisto, ensaladillas… junto a otros más selectos tales como secreto ibérico en salsa carbonara o calamares de La Patagonia; podemos encontrar en este local de no grandes dimensiones, en el que coger mesa a determinadas horas de la mañana exige esperar a que otros comensales la dejen libre.
Se trata del típico bar en un casco urbano muy masificado, al que es mejor acudir a pie, en bicicleta o en patinete, pues aparcar en las inmediaciones puede resultar misión imposible.
Supuestamente mejorable debe ser el pan del bocadillo que, aunque tierno, resulta algo acartonado. También el cremaet, en el que el exceso de azúcar le anula los aromas del café y de los cítricos, aunque su preparación es muy esmerada y suele hacerse a la vista de los clientes.
El bar está decorado por secciones temáticas inconexas entre sí; lo mismo dedica un tributo a Julio Iglesias que a Miguel Indurain; a las Fallas, a los comic de Mortadelo y Filemón o al deporte del tenis. Y todo ello presidido por Raulín, el retrato del dueño del local disfrazado de general del ejército ruso. El surrealismo inunda un local en el que su propio nombre «Nuevo Oslo» en nada nos recuerda a la ciudad escandinava.
En resumen, el tiempo pasa rápido en un establecimiento donde el sentido del humor rezuma de sus paredes y del propio excusado; en el que el espejo tiene la forma de un televisor antiguo, resultando llamativo en un lugar tan frecuentado cuando la rubia cerveza pide paso en la uretra. Más información en el blog Buidaolles, más de 80 templos del...
Read moreWe had researched on best places to go and serveral sources point to this place. When I asked for clarification on how the ordering worked, we were told to sit to be served. Instead of being able to choose the ingredients before sitting like the locals were doing then from the table ordering. The English menu wasn't clear on how to choose the ingredients for sandwiches and did not mention a very large part of the ingredients on display. Our sandwiches were dry and ordinary while we saw the locals getting lots of sauce and packed with ingredients. I suppose the language barrier was a great weakness both for us and them. Had we had more time, we would have returned to have a richer experience. The beer and coffee with burnt rum, lemon and cinnamon...
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