Entorno precioso, PERO la comida fue un desastre sin paliativos:
Aprovechamos que Madrid se vacía en verano para conocer esta terraza tan idílica. Tienen unas cuantas mesas en una explanada, al pie de la entrada al parque, desde la que se aprecian unas vistas espectaculares al palacio y los jardines. Hay fundamentalmente mesas bajas y alguna mesa alta. Además, en una zona más escondida, donde se encuentra la barra y la cocina hay alguna mesa alta más. Por las mañanas el sol da de pleno a las mesas y a última hora de la tarde ya hay sombra. Con los árboles la sensación térmica es un par de grados menos, y además, hay difusores de agua en las sombrillas. Parece conveniente ir con reserva, aunque entiendo que está más enfocado a comer o cenar, y no a tomar alguna bebida. Tuvimos suerte y según llegamos, a eso de las 20:15, se liberó una mesa. Para esa hora, había mucho extranjero ya cenando y la verdad que la comida se veía bien. Eso sí, huele bastante a comida, en nuestro caso, a calamares fritos. La carta de bebidas es variada y extensa, con opciones de coctelería. No es barata, pero es menos cara de lo que esperaba. Nosotros pedimos unas cervezas de Mahou y una limonada de violetas. Me sorprendió muchísimo la limonada y la recomiendo un montón. Sin mucha expectativa, pregunté si era muy dulce y me dijeron que el podían ajustar la cantidad de azúcar. Sirven un buen vaso, con la limonada bien fresquita. Abajo se encuentra la parte de violetas, con una consistencia gelatinosa que no se llega a integrar con el resto de la limonada. El conjunto me encantó. Además se veía que la limonada era casera por la pulpa. En general, disfrutamos mucho de la experiencia. Una vez sentados, las vistas no son tan completas porque las sombrillas tapan visibilidad. Dependerá mucho de la mesa en la que te toque. Es una pena porque la gente en general va poco arreglada y desmerece mucho la vista. En cuanto al personal, son muchos y todos están bien coordinados. Fueron rápidos y amables. Salimos a 5€ por...
Read moreLa Terraza del Campo del Moro is where I bring people when I want Madrid to punch them square in the gut with beauty. You sit above the royal gardens, looking out at the palace floating in the distance, and for a second the whole messy sprawl of the city disappears—what’s left is pure, uncut grandeur. No gimmicks, no tourist-trap nonsense, just a cold drink in your hand and the best damn view in town. This is the first stop when I’ve got friends visiting, because nothing says welcome to Madrid quite like...
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