En un mundo donde las grandes cadenas uniforman las calles y la especulación inmobiliaria devora la esencia de los barrios, encontrar un lugar como La Tienda de la Vecina es descubrir un refugio de autenticidad. Cádiz, con su alma indomable y su historia entre las olas, resiste. Y en esta tienda, lo hace a través de pequeños objetos que cuentan historias grandes. El espacio en sí es un homenaje a la ciudad. Sus paredes respiran Cádiz, sus estanterías sostienen su memoria. Todo lo que allí se encuentra tiene un vínculo con la vida cotidiana de la gente: lo cercano, lo propio, lo que nos hace comunidad. En esta visita, nos llevamos tres láminas que no son solo ilustraciones, sino fragmentos de una Cádiz que se nos escapa si no la protegemos. Una de ellas muestra a una mujer mayor sentada en la puerta de su casa, tomando el fresco mientras los niños juegan. Esa escena, tan sencilla y a la vez tan poderosa, es el reflejo de una ciudad que siempre ha sido vivida en la calle, donde la vecindad era más que una casualidad: era un lazo que unía vidas. Otra nos muestra a una mujer haciendo la compra entre las tiendas de barrio. No hay frialdad de supermercados impersonales ni colas silenciosas. Hay nombres conocidos, palabras cruzadas, recomendaciones que van más allá de un código de barras. Ese comercio, el de toda la vida, es el alma de Cádiz, pero lo estamos dejando morir en manos de franquicias sin rostro y fondos de inversión que solo ven cifras, nunca historias. La tercera lámina nos lleva a la Catedral, majestuosa y eterna, testigo de una ciudad que ha sobrevivido a asedios, a tempestades y ahora lucha contra un enemigo silencioso pero letal: la especulación que vacía sus casas y expulsa a sus habitantes. Porque Cádiz no es solo una postal bonita para el turismo, es un hogar. Y si no protegemos sus rincones, si permitimos que desaparezcan tiendas como esta, estaremos borrando poco a poco su identidad. La Tienda de la Vecina es más que un comercio. Es una declaración de amor a Cádiz y un grito de resistencia ante quienes quieren convertirla en un decorado sin vida. Cada compra aquí es un acto de defensa de lo nuestro, de lo que nos hace ser quienes somos. Y en cada una de estas láminas nos llevamos un pedazo de Cádiz, no solo para mirarlo, sino para recordarnos que es nuestra...
Read moreEn nuestra visita a Cádiz teníamos marcada con una estrellita la parada en La Tienda de la Vecina. Como dice un amigo mío: “Huerva está al lao de Cádi, pero hay que dar tanta vuerta que parece que vas a Madrí”. Total, que hacía tiempo que no veníamos, pero llevábamos ya tiempo siguiendo a la vecina por redes, y la visita estaba apuntada en la libreta de pendientes.
Íbamos con el Google Maps calle arriba, calle abajo, entre el empedrao gaditano, pero al final ni falta que hacía: levantas la cabeza y ¡zas! La fachada de la tienda ya te guiña el ojo. Vamos, que no te puedes perder, porque el sitio es toda una declaración de intenciones.
Entrar allí es como viajar a los 90: esas tiras de colores colgando en la puerta que te devuelven a los veranos en el camping con la familia o a la piscina de quitaypon en el pueblo de la abuela y al pucherito que te estaba esperando después. Y ojo, porque una vez dentro la sensación es clara: “madre mía, cuánto trabajo tengo por delante”, porque es infinita la cantidad de detalles, sorpresas y objetos inesperados que te sacan carcajadas hasta de donde ya pensabas que no quedaban.
Todo hecho con un arte y un cariño que conmueve. Salir de allí con las manos vacías es misión imposible, aviso.
El personal… escandalosamente maravilloso. Esa sensación de acogida tan gaditana la viven ellos desde adentro. Pero ojo, que aquí nadie agobia: te atienden con gracia, con cariño, pero sin atosigar. Se agradece infinito.
Y no solo a mí, a mi perro también lo recibieron como a un vecino más. Al irnos nos despidieron a nosotros dándonos las gracias y, por supuesto, también a él: “adiós, Momo”.
Resumiendo: sitio imprescindible en Cádiz. Id, reíd, comprad, disfrutad… y dejaos querer...
Read moreMi puntuación es de 3 estrellas porque no quiero hacer una campaña de hate, pero mi primer impulso sería poner una estrella. Llevo un año siendo clienta de la vecina, lo he recomendado muchísimo en mi barrio y a mis amigos de fuera por si vienen a visitar o para cuando pudieran pedir online. Creía mucho en sus valores sobre lo local, lo artesano, ahora veo que eso era solo una cortina de humo. Escribo esto públicamente porque literalmente no me habéis dejado otra opción, me habéis bloqueado. La gente leyendo esto se preguntará que por qué iban a bloquear a una clienta asidua, la respuesta es fácil, quise iniciar un debate constructivo. Recientemente subisteis a redes una imagen creada con IA, esta era la segunda vez que hacíais algo así y la primera vez elegí pasarlo por alto. Esta segunda vez os di motivos por los que esto era una mala idea, al igual que yo lo hizo otra gente, por supuesto nadie verá los comentarios porque los habéis borrado, que parezca que no hacéis nada mal. No voy a comentar más sobre la IA porque a estas alturas lo veo completamente inútil razonar con ustedes, pero os quería hacer llegar que os habéis pegado un tiro en el pie, conmigo, con mi círculo y con toda esa gente con pensamiento crítico a la que habréis bloqueado y ocultado el comentario. Termino diciendo que ya da igual que pidáis perdón, no volveré a entrar en vuestra tienda, aunque fuerais mi tienda favorita. El trato humano es más importante, se nota que la parte humana no le dais tanta importancia desde...
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